lunes, 26 de marzo de 2012

Tensión bajo control

Si para la corrección de alguna actividad escrita hecha en la pizarra necesitaras más de un día, adviertes al personal de limpieza para que no la borren. No traslades a tus alumnos, y menos en estas edades, la necesidad de ir con prisas a la hora de corregir, todo debe ser más bien pausado y sin muchos acelerones.

Toca corregir las dos redacciones que están en la pizarra.

Llamarás primero al autor de una de ellas para que te acompañe, de pie, junto a la pizarra. Irás leyendo, despacio, lo escrito. Ante cualquier fallo o equivocación (caligrafía, ortografía, vocabulario, etc) preguntarás al autor si sabe por qué se ha equivocado; si lo sabe, se corrige en la pizarra con tiza de color y si no lo sabe, preguntarás a toda la clase (¿dónde se ha equivocado?, ¿ por qué se ha equivocado?) y también se corrige en la pizarra. Si nadie lo supiera lo indicas tú. Lo indicado es una forma, entre otras, de captar y mantener la atención; procura conseguirlo para cualquier actividad que se preste.

La corrección abarcará desde el título hasta el dibujo alusivo. Anotarás en tu ficha de seguimiento del alumno lo que corresponda. Siempre tendrás algún motivo para valorar positivamente, ante todos los alumnos, lo escrito y dibujado por tu alumno, sin dejar de reconocer los fallos: el esfuerzo que ha hecho, la dificultad de la redacción, la imaginación y creatividad que ha plasmado, el asumir los fallos como algo natural en el aprendizaje ( y en la vida) para poco a poco ir mejorando…y la perseverancia que tu alumno manifiesta para, con tu ayuda y su trabajo, ir logrando una expresión escrita que, al igual que con otras tareas escolares, le reportará satisfacciones de todo tipo.

Junto a la redacción corregida en la pizarra indicarás la calificación (con tiza de color queda más “guay”) que crees se merece. No estaría mal que, antes de indicarla, con ánimo participativo comentaras con el autor y compañeros los motivos de dicha justa calificación. Así todos se involucran más en el aprendizaje y aprenden, antes de corregir o juzgar, a tener en cuenta diversas variables.

Te queda por corregir, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, la otra redacción de la pizarra. Si la pizarra es digital…

Las redacciones hechas en las libretas con renglones de dos rayas las irás corrigiendo poco a poco en presencia del autor, que acudirá a tu mesa. Indicarás con boli los fallos y la calificación que reflejarás en la ficha de seguimiento.

Tendrás en cuenta los fallos ortográficos o de vocabulario de las redacciones para incluir esas palabras, bien escritas, en próximos dictados.

No les limites, de forma imperativa, la extensión de sus escritos en las libretas. Tiene que haber cierto límite de tiempo, faltaría más, pero, ya sabes, que se sientan libres. Y elogia con algo de sincera admiración simpática, ante todos, los logros que vayan obteniendo tus alumnos en cualquier actividad escolar. No se te ocurra fingir o engañar al manifestar tus elogios porque, además de ser inútil,… tus alumnos lo percibirán. Y tú no eres de esos.

Repetimos una vez más: Todas las semanas harás con tus alumnos comprensión escrita, dictado, redacción…amén de las diarias lectura, comprensión oral, poesía, vocabulario, diccionario, matemáticas, etc. No tendrás tiempo de perder tiempo. Los resultados los disfrutarás desde los primeros días…y sin estrés. Prueba.

Alia res:

Ya hemos comentado alguna vez que hay que tener mucho cuidado con una excesiva exigencia (que podría derivar casi sin darnos cuenta hacia determinado tipo de violencia verbal o física) a la hora de obtener, cuanto antes mejor, resultados positivos de los alumnos. Dado que es un proceso y que todos los alumnos no son iguales ni llegan en los mismos niveles de conocimientos y destrezas, es muy importante que te relajes, organices tu clase y actividades…y esperes que vayan llegando los resultados de tu labor. Cada alumno necesitará el tiempo que sus circunstancias demanden.

Tú sigue, diariamente, sembrando la mejor pedagogía de la que seas capaz.

Insistirás, desde el primer día y con frecuencia, en que a tu clase no se va a sacar buenas notas; que si alguno es lo que pretende, influido por terceras personas, sería mejor que cogiera su mochila y se buscase otra clase y otro profesor. Incluso podrías, con un gesto ligeramente teatral pero sincero, abrir la puerta de la clase dando a entender que el que quiera irse… Estas últimas palabras, dichas como ya sabes, los compromete y cautiva, que de eso se trata.  Ya expusimos hace tiempo los objetivos de acudir a tu clase: pasarlo bien, tener amigos, respetar a las personas y a lo que nos rodea, colaborar y ayudar a los demás…y a aprender.

Si lo del párrafo anterior lo dices con convicción, sinceridad, empatía, cercanía y en un ambiente relajado, el mensaje calará y perdurará.

También les advertirás, son criaturas de seis años, de los riesgos de estar obsesionados por las calificaciones. Les dirás que has visto y conocido a muchos alumnos, y familias, que lo pasan muy mal cada vez que hay una entrega de notas: llanto, angustia, disputas familiares, conflictos con el colegio, envidias y enfados entre compañeros, autoestima lesionada, falta de ilusión para proseguir el aprendizaje…y algo más que, aunque ocurra lejos de nosotros y sea esporádico, no debes contarles: la tragedia de algunos alumnos que abandonaron esta vida, fundamentalmente, por esto de lo que estamos comentando.

Maestro, puede que deduzcas, erróneamente, que los alumnos no se esforzarán en sus tareas escolares si se les inculca que las calificaciones no son importantes.

Nuestra experiencia, curso tras curso, evidencia justo lo contrario. Tus alumnos, si practicas algo así como lo que venimos exponiendo durante ya bastante tiempo, se esforzarán en sus obligaciones escolares sin el lastre de un estrés y angustia que los limitarían y perjudicarían sin necesidad. Sí tendrán una sana tensión por el aprendizaje que siempre es necesaria. Los resultados: sorprendentes, eficaces y estimulantes.

La evaluación continua, con la asunción de los logros, limitaciones y dificultades, los protegerá de llevarse un berrinche cada vez que haya entrega del boletín de calificaciones. Es muy probable que sí les acompañe algo de las situaciones negativas indicadas anteriormente, es casi imposible eliminarlas por la presión familiar o escolar, pero ten la seguridad de que sus efectos en tus alumnos serán muy limitados, poco traumatizantes y que no les impedirá proseguir con su proyecto personal y escolar.

¿Las familias lo entenderán y asumirán? Sí. En la primera reunión con los padres, al comienzo del curso, lo explicarás    y responderás a las legítimas dudas que te puedan plantear.

Los padres, antes de la reunión, ya te conocen bastante bien puesto que tus alumnos no habrán dejado de relatarles, asombrados y entusiasmados, diversas circunstancias sobre tu forma de ser y actuar. A diario.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Arrimamos el hombro?

Algunas de las preguntas de la comprensión, oral o escrita, deben estimular la creatividad, originalidad, capacidad de improvisación y reflexión, etc. de los alumnos. Todas las preguntas no deben tener siempre un nivel de exigencia elemental.

Y algo más sobre la lectura: Siempre, en la lectura colectiva o individual, harás observaciones para que se fijen en la ortografía de algunas palabras y signos de puntuación, en la concordancia, en el uso de mayúsculas, en el estilo directo e indirecto a la hora de expresar los diálogos, en la adecuación de algunos adjetivos, etc. Y no olvides, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que estamos en un nivel de primero de primaria.

Sobre la expresión escrita:

Una vez dominado el proceso lecto-escritor de este nivel se deben iniciar, sobre el segundo trimestre, ejercicios de expresión escrita que, gradualmente, irán ganando en extensión y complejidad. En los textos te vendrán indicados diversos enfoques para esta actividad.

Con independencia de los textos te sugerimos esto que puedes modificar, mejorar o no tener en cuenta: Todas las semanas, al igual que con el dictado, saldrá a la pizarra un alumno que, subido en una silla, escribirá una composición o redacción; siempre la acompañará un dibujo alusivo al texto escrito. Si divides la pizarra en dos mitades con una tiza podrán salir dos alumnos al mismo tiempo; les indicarás la conveniencia de que no se fijen en lo que el otro escriba.

¿Sobre qué escribirán? Sobre lo que hayas sugerido y acordado con tus alumnos: inventarse una historia sobre una o dos palabras dadas, cambiar el final de un cuento conocido, sobre un dibujo inventarse un cuento, narrar una historia sobre alguna experiencia o noticia conocida por todos,…las posibilidades son casi infinitas. Siempre incluirán un dibujo alusivo, coloreado o no; y lo situarán donde su imaginación y creatividad les indique.

Muy, muy importante: No te olvides de la motivación antes y durante la actividad. Podrán crear sus propias historias con los personajes que quieran, viajarán con la fantasía a lugares sorprendentes, ocurrirán aventuras increíbles, podrán inventarse palabras nuevas, irán sintiéndose orgullosos de sí mismos al comprobar como, poco a poco, dominarán la expresión escrita, etc.

Habrá motivación estimulante en todas las actividades escolares que desarrolles con tus alumnos. En todas. Aunque tengas que dramatizar algo de forma simpática.

Mientras los dos alumnos de la pizarra, con el respaldo de la silla hacia la pared, escriben sus redacciones, el resto de la clase la escribirá en sus cuadernos de renglones de dos rayas. Tu tono de voz y forma de dirigirte a ellos los convencerá de la inconveniencia e inutilidad de intentar copiarse de la pizarra. Es más positivo equivocarse, aceptarlo, corregirlo y aprender. Todo muy relajado, franco y estimulante.

Les indicarás un tiempo suficiente para el desarrollo de la actividad. Podrán utilizar el diccionario (sabido el orden alfabético y el uso) para evitar faltas de ortografía.

Deben inventarse un título para la redacción, lo deberán escribir con el tipo de mayúsculas que prefieran (pueden consultar textos) y lo podrán colorear o no.

Les recordarás varias veces durante el ejercicio las reglas ortográficas que ya deben ir teniendo en cuenta. Poco a poco irán utilizando el estilo directo e indirecto en sus composiciones para reflejar lo expresado por los personajes de su narración. En los últimos meses de primero de primaria ya deberían ser capaces de plasmar en sus cuadernos, todas las semanas, composiciones de cierta extensión y complejidad.

Si algún alumno te reclamara, durante el ejercicio, para consultarte alguna duda, se la resuelves con el mejor ánimo.

Una vez terminado el ejercicio, los alumnos dejarán sobre tu mesa sus cuadernos. Y los de la pizarra volverán a su sitio. Corregiremos en otra ocasión.

Alia res:

Para lo que hemos comentado en las veintitrés colaboraciones expuestas, incluida ésta, entendemos que no son precisos ni mayores ni menores recursos humanos y materiales. Si el maestro cumple con su obligación y sigue las pautas indicadas para dentro y fuera del aula, u otras pautas eficaces que él practique y prefiera, tendrá garantizada una muy buena calidad educativa en sus alumnos; que se prolongará durante los cursos posteriores a menos que se sea un cafre, o algo así, el maestro que los vaya recibiendo. Que los hay; pocos, pero los hay.

Para los cursos de primaria, sin perder de vista la adecuación a la evolución de los intereses de los alumnos, hacen falta un maestro-tutor en condiciones y los especialistas, y material, necesarios. Todos, comprometidos con la docencia.

Se oye con demasiada frecuencia y muchas veces con demasiado ruido y alboroto que, ahora que el país está en tan lamentable estado económico con el drama del paro y el déficit, bajo ningún concepto se pudiera meter la tijera a la educación pública porque se perdería calidad educativa, porque nos jugamos el futuro…y no sabemos cuantas cosas más. Da lo mismo la creencia o ideología que subyazca.

Si la calidad educativa, en estos niveles de primaria, es lo que hemos venido exponiendo hasta ahora, y que se puede comprobar fehacientemente, no entendemos bien ciertas advertencias y reivindicaciones. Puede que haya otros intereses…

Creemos que, temporalmente y para los tiempos que corren, sí se podrían considerar la continuidad de algunas situaciones establecidas en la educación primaria:

La reducción de horas lectivas de los maestros mayores de cincuenta y cinco años. Con esa edad, y con bastante más, se suele estar en plenas condiciones para ejercer la docencia durante todas las horas lectivas y obtener un  rendimiento notable. Sobre todo si el clima habitual dentro y fuera de clase transcurre dentro de los cauces deseables de trabajo, respeto, orden, entusiasmo, alegría, etc.

Lo de la jubilación a determinada edad…

Siguen existiendo aulas con pocos o muy pocos alumnos y, como es lógico, atendidas por un maestro-tutor y los especialistas. Suena algo a despilfarro. No nos referimos a algunas localidades que dependerían de transporte escolar. Con veinticinco alumnos por aula (o casi), en estos niveles primarios, el trabajo es muy asumible y controlable. Siempre que se consiga lo del clima aludido en el párrafo anterior, se utilice metodología eficaz y se procure no agobiar a los maestros con exceso de burocracia. Hablaremos algo de ello en otra ocasión.

Seguro que se puede optimizar el rendimiento de todos los que intervienen en el proceso escolar desde el personal de limpieza, subalterno, no docente, docente,…  hasta el director, si el pobre lo aguanta. Si, además, todo lo expuesto repercute, a corto o largo plazo, en reducción de algunos costos (no se mermaría la calidad educativa, por supuesto) estaríamos contribuyendo desde nuestro ámbito a la mejoría de este país. Merece la pena considerarlo aunque a algunos puedan darles ganas de perseguirnos con un lazo. No es nuestra intención menoscabar los derechos adquiridos…de nadie.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

sábado, 25 de febrero de 2012

Profe: “¡Tú sí que vales!”

 Seguimos con la comprensión escrita ya comentada la vez anterior.

Notarías que los alumnos no escribían en sus cuadernos la formulación de las preguntas. Se trata, insistimos, de que no se cansen copiando lo que no es preciso ni útil.

Al principio tú corregirás las respuestas, puedes seguir esta pauta: Escribes en la pizarra los números de las preguntas, del uno al diez. A continuación vuelves a leer, despacio, el texto de la comprensión escrita.

Leerás cada pregunta y, con la colaboración de tus alumnos, determinaréis la respuesta correcta. Acuérdate que las respuestas ya las tenías tú en hoja aparte.

La respuesta correcta la escribirás en la pizarra, siempre con la letra de caligrafía enseñada, junto al número correspondiente.

Inicialmente tú corregirás y calificarás los cuadernos de tus alumnos exigiendo la coherencia lógica de las respuestas y la correcta ortografía (mayúsculas, signos de puntuación, caligrafía,…). Cuando a cada uno le vayas devolviendo su cuaderno en tu mesa, le harás observar que comprueben con lo escrito en la pizarra los aciertos y fallos de sus repuestas y la calificación merecida. Esto es un proceso algo entretenido, al menos inicialmente, pero absolutamente necesario si te quieres garantizar una comprensión lectora de lujo. ¿Imaginas la repercusión que tiene en todas las áreas?

Algo más adelante, seguimos en primero de primaria, tus alumnos intercambiarán sus cuadernos a la hora de la corrección. Ellos, comparando con lo escrito por ti en la pizarra, corregirán con objetividad los cuadernos de sus compañeros. La calificación, que reflejarás en la ficha de seguimiento de cada alumno, y supervisión te corresponderán a ti. Poco a poco irán cometiendo menos errores en la corrección de los cuadernos de sus compañeros. Ya lo verás.

Igual procedimiento, con las salvedades que correspondan, harás para la corrección del dictado. Recuerda que siempre será preventivo.

Una vez que estén capacitados, tras dominar lo básico del proceso lecto-escritor, para afrontar las actividades de comprensión escrita, dictado y redacción (la trataremos pronto), debes comprometerte con tus alumnos para que cada semana hagáis estos tres tipos de ejercicios escritos. No te debes saltar, a ser posible, ninguna semana.

Importante: No tengas prisa en el desarrollo, corrección, etc. de estas actividades. Si se necesitaran dos días para ello, pues se utilizan. Todo debe seguir siendo muy relajado, tranquilo y sin presión. Y como ya dijimos hace tiempo, y tus alumnos y familias lo habrán interiorizado, que las notas no importan…

Si este ejercicio de comprensión escrita, al igual que el dictado, redacción, cálculo, problemas, etc. desde el inicio lo planteas como una actividad estimulante que les va a reportar satisfacciones de todo tipo, la sana tensión por el aprendizaje y la calidad educativa estarán garantizadas. Tendrás que recordar lo que ya se dijo sobre la forma de dirigirte, relacionarte y compartir los días con tus alumnos.

Una prueba inequívoca de comprobar que vamos por el camino adecuado la tendrás cuando, al indicar a tus alumnos que ha llegado el momento de realizar la comprensión escrita, el dictado, la redacción, etc., te interrumpan a coro con cara de satisfacción gritando: “¡Bien!”.

Alia res:

Algo debe haber en la personalidad, sobre todo en los alumnos de cinco, seis, siete  y más años, que los hace muy permeables a la adquisición de actitudes, valores y comportamientos casi ejemplares aunque lleguen con un bagaje negativo bien de su  2/2 familia bien de otros maestros. O de otra parte.                                                                                                                          

Aunque han sido casos esporádicos, excepcionales, muy minoritarios y que se han podido remediar algo con el tiempo, hemos visto y padecido clases de primero de primaria, y no digamos de otros cursos, que se desarrollaban con más frecuencia de lo esperado en algo parecido a un permanente alboroto y amotinamiento sin orden ni control dentro y fuera del aula: gritos, carreras, amenazas, agresiones físicas y verbales, tareas escolares por parte del profesor y de algunos alumnos voluntariosos casi imposibles de cumplir, salidas del aula sin permiso, comportamientos en el recreo no sometidos a norma alguna, etc.

Si el maestro, lo reconozca él o no, está incapacitado para la docencia (de forma temporal o permanente) y así se constata durante gran parte del curso, es muy perjudicial y doloroso permitir la continuación de ese caos. No se trata de menoscabar los famosos derechos adquiridos del maestro…ni de menoscabar los derechos de los alumnos, familia y sociedad. Todo el tacto, apoyo, prudencia y dignidad serían pocos  para poner remedio, por quien corresponda, a una situación de efectos predecibles e impredecibles nada prometedores en todos los ámbitos, personales y profesionales, presentes y futuros.

Complicidad, silencio, corporativismo, etc. no ayudan a remediar esta tragedia. Porque es una tragedia.

A veces, sin llegar a la situación extrema descrita, sí hay maestros (los menos, los menos) que se adaptan a no rendir lo que se espera de ellos: racanean  o intentan eludir las clases de apoyo que tienen obligación de dar, las dan con poco compromiso y eficacia, corrigen de la manera que corrigen, no le dan mayor importancia a cumplir con la programación y objetivos, no se esfuerzan por sacar adelante a determinados alumnos. Y…lo que es peor: No tienen reparo alguno a la hora de expresarse con hastío, asco, amargura y desesperanza de la docencia y de los alumnos. Incluso en presencia de éstos aunque utilicen otras formas para que el mensaje subliminal les llegue. Encima.

A estos últimos maestros, los menos, los menos, sí que es difícil  frenarlos y enderezarlos. Dentro del aula cada uno es algo así como un virrey, o más. Si los alumnos salen mal preparados y con pésimo comportamiento, podríamos escuchar alguna de estas lindezas: “A mí me llegaron peor de como los he dejado, he hecho todo lo que he podido, este ganado no da más de sí, yo no tengo la culpa de la situación, que pongan más maestros de apoyo, deben incrementar los recursos materiales, la ratio debe disminuir, más sueldo y mayor reconocimiento social es lo que hace falta,…”. Y hasta puede que alguno, para mejorar la calidad educativa, tenga la ocurrente originalidad de solicitar más días de vacaciones.

Como tú comprenderás, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, así no hay forma. Y así nos va.

Que sí, que ya sabemos que la inmensa mayoría de los maestros se exceden en el cumplimiento de sus obligaciones docentes; pero esa minoría con la profesión equivocada sigue minando y arruinando el presente y futuro de demasiadas generaciones.

Si consigues ser, y no lo dudamos, de la inmensa mayoría de los maestros comprometidos y eficaces da por recibido el aliento de un grito actual televisivo: “Profe: ¡Tú sí que vales!”.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

domingo, 19 de febrero de 2012

La madre del maestro era una santa

Sobre la comprensión oral: Siempre que se practique la lectura u otro tipo de expresión oral podrías aprovechar, empezando cuanto antes mejor, para iniciar la comprensión oral de lo leído o escuchado mediante sencillas preguntas que tus alumnos responderán oralmente. Más adelante, la complejidad de las preguntas irá aumentando para que vayan desarrollando su capacidad de memoria, atención, reflexión e inventiva.

Si te parecen pocas las preguntas de comprensión oral que vengan en algunos textos tendrás que ampliarlas tú mismo.

Es muy conveniente que, si el colegio recibe algún periódico, pudieras disponer de él en algún momento de la mañana para leerles a tus alumnos, brevemente, algunas noticias interesantes, curiosas, advertirles de alguna errata que se haya deslizado en el texto, etc. Evitarás noticias poco convenientes para la edad de tus alumnos o, al menos, las situarás en un contexto adecuado que les ayude en la formación de un criterio lógico, comprensivo y crítico.

La lectura de la prensa diaria, que te llevará poco tiempo, también te debe servir para realizar ejercicios de comprensión oral.

Todo lo de la comprensión oral lo reflejarás a diario, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, en las fichas de seguimiento de tus alumnos indicando las observaciones que correspondan.

No se te debe pasar ni un día en practicar alguno de los ejercicios de comprensión oral. Es esencial para evitar fracasos en lenguaje y en todas las demás áreas.

La comprensión escrita se debe iniciar en cuanto tengan algo dominado el proceso lecto-escritor.

Si las preguntas de comprensión que vengan en los textos te resultan escasas las ampliarás con otras formuladas por ti. Con diez preguntas, incluido un dibujo sobre algún aspecto del texto, creemos que hay bastante para los primeros cursos.

Además de en los libros de texto podrás encontrar otros pequeños textos para comprensión oral y escrita que ya vienen graduados por la extensión y dificultad. Y que aportan las preguntas en hoja aparte y también, solo para el maestro, las respuestas para facilitar la corrección. Búscalos.

El proceso podría ser:

Tus alumnos, con cierto orden, se acercan a tu mesa y retiran de un montoncito una hoja con el texto. Todos, incluido tú, leéis el texto en voz alta una vez. A continuación les dejas unos minutos para que cada uno lo lea, en silencio, en su mesa. Una vez finalizado ese tiempo (sé algo flexible) cada alumno se acercará a tu mesa, dejará la hoja con el texto en el lugar correspondiente y se llevará otra hoja, que será reutilizable, con las diez preguntas numeradas.

Cada alumno, en su libreta con renglones algo anchos de dos rayas, escribirá en columna del uno al diez. Al lado de cada cifra escribirá la respuesta que crea conveniente, empezando con mayúsculas, salvo que se trate de completar una frase incompleta con palabra minúscula, y acabando en punto. Al acabar en sus libretas, debe señalarse un flexible tiempo determinado, se acercarán a tu mesa y devolverán la hoja de las diez preguntas en el lugar correspondiente.

Insistimos en lo de recoger y devolver las hojas que estarán en tu mesa sobre un lugar determinado para que afiancen poco a poco el orden y el cuidado en sus obligaciones escolares. Lo harán con toda naturalidad. Parece una tontería; no lo es.

En próxima ocasión seguiremos con la comprensión escrita y su corrección.  

Alia res.

No hace tantos años se podía ver en algún colegio a algún que otro maestro (los menos, los menos) que formaba la fila en el patio unos diez minutos antes de que sonara la sirena para salir. Quiere decir que, al menos, se ocuparon otros cinco minutos previos dentro del aula para levantarse, recoger y salir hasta el patio. En total, unos quince minutos hurtados a la docencia.

Como la caradura y desfachatez era evidente y pública, y debió de haber alguna observación al respecto, cambiaron (los menos, los menos) el sistema: los formaban en los pasillos del colegio junto a su aula esperando que sonara la sirena. Siguen siendo unos quince minutos.

A veces, cuando empieza a sonar la sirena para salir al recreo o a la casa hay alumnos que, antes de que termine de sonar, ya están casi por la puerta de salida. Quiere decir que varios minutos antes de la señal de salida esos alumnos ya estaban de pie en sus aulas (¿o en el pasillo?) con sus mochilas a la espalda. Aunque la puerta de su aula pudiera estar muy cerca de la salida.

Los retrasos y corrillos de algunos maestros, los menos, en el patio o en las puertas de sus aulas en lugar de estar ya con sus alumnos también suponen reducir el tiempo de docencia.

Si alguien del equipo directivo tiene conocimiento de esos hechos puede que intervenga o que no. El ser designado a la fuerza para un cargo, cierto corporativismo nefasto, el no querer meterse en problemas, etc. pueden afectar a que la corrección sea inexistente o no del todo eficaz. Así nos va. A veces ocurre todo lo contrario. Bien.

Se nos antoja que de los maestros, los menos, que practiquen habitualmente algunos de los comportamientos anteriores difícilmente se podrá esperar que lleven a cabo una medianamente eficaz labor educativa y formativa.

Todo lo anterior, de persistir y aunque sean una minoría, está haciendo un flaco favor a la calidad educativa. Además es muy contagioso, da mal ejemplo a los alumnos y, como decíamos ayer (expresión que tomamos prestada), no ayudará a tener un tejido productivo en este país que lo saque adelante.

Ni Pisa, ni recursos humanos o materiales sobreabundantes, ni bajar la ratio, ni la dignificación del profesorado, ni ná de ná, nos van a servir de mucho para corregir comportamientos muy minoritarios. Ya lo dijimos: No sería mala idea el que los teóricos y responsables educativos elaboraran algunas directrices, empezando por las escuelas de formación del profesorado y terminando en el tajo del colegio, a fin de elevar y garantizar el compromiso moral y profesional de algunos maestros. Menos mal que son una minoría. 

Se dio el caso de un maestro (algo que hacen la inmensa mayoría) que interrumpía las tareas escolares cuando sonaba la sirena para salir. Mientras los alumnos recogían sus cosas, el delegado de curso supervisaba una vez más que el suelo del aula seguía limpio, se recogían o entregaban los libros o cuadernos que correspondiesen…y se formaba la fila para salir, podían haber pasado unos cinco minutos. Y cuando, maestro y alumnos (ya sin fila), llegaban hasta la puerta de salida del colegio, algunas veces podían haber pasado ceca de diez minutos.

A una alumna (6 años) la recogía su abuelo. Más de una vez el maestro pudo oir que el abuelo se expresaba castizamente, farfullando en voz no muy alta y con un tono mezcla de resignación y orgullo, así: “Este hijo…siempre sale el último”. Pues eso.

Saludos y hasta la próxima, si ha lugar.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Docentes y decentes

Otros aspectos de la expresión oral que deberás practicar a diario, alternándolos, con tus alumnos también les resultarán muy interesantes. Deberán realizarlos de pie ante sus compañeros pudiendo dramatizar algo si lo creen oportuno:

Contar, tú ya lo habrás hecho ante ellos en muchas ocasiones, alguna experiencia personal (familia, amigos, vecinos, noticias que les haya llamado la atención, deseos, sueños, programas de televisión, etc.).

Describir alguna ilustración del libro indicando colores, formas, tamaños, personajes u objetos, lugares, acciones, etc.

Simular un encuentro amistoso entre dos alumnos, del mismo o distinto sexo, que se encuentran por la calle, se saludan, entablan un diálogo y se despiden. Habrá que respetar el posible reparo y pudor que, a estas edades, puedan tener algunos niños al expresar sentimientos y manifestar expresiones infantiles de afecto.

Inventarse y narrar una historia a partir de una experiencia, ilustración, etc.

Sin duda, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, se te ocurrirán otras prácticas de expresión oral además de las que vengan en el libro de lectura o lenguaje.

Tanto al recitar poesías como en otras actividades de expresión oral es posible que ocurran situaciones algo cómicas que generen risas irreprimibles que todos compartiremos alegremente. Bienvenidas sean.

Otra cosa es que algunos compañeros, aprovechando esa circunstancia, pretendan prolongar innecesariamente y por propio protagonismo una situación con tufillo a burla y humillación del compañero, incluso fuera del aula. Ya sabes, tendrás que advertir con tacto a tus alumnos de esa posibilidad e indicar, sin señalar a nadie, que puede haber niños que pretendan llamar la atención sin darse cuenta de que pueden estar ofendiendo a otros. Y que, desde luego, estás seguro que eso nunca ocurrirá entre vosotros (tú también te incluyes) ya que habéis apostado por pasarlo bien respetando, queriendo y ayudando a los compañeros.

Y hablando de las poesías, ya comentadas en otra ocasión: El formar pareados les entusiasma y divierte. Favorece esta actividad en la que tú también participarás. Más adelante nos podríamos sorprender con algún poeta o poetisa en ciernes.

No sería necesario el que copiaran las poesías en su cuaderno ya que las van a tener en el libro. Como ya dijimos: Copiados, pocos. Reservaremos la escritura para ejercicios más estimulantes y creativos. No hay que aburrirlos.

Las actividades de expresión oral te servirán para corregir defectos de pronunciación, vocabulario, concordancia, etc.

En las fichas de seguimiento de cada alumno reflejarás a diario tus observaciones y calificación. Incluso podrás incorporar palabras mal pronunciadas o utilizadas con significado erróneo a los dictados que se harán en otro momento para que afiancen la corrección.

Como ves, esta profesión es muy entretenida. Y queda más.

Alia res:

No nos va la exageración ni el alarmismo. Ni siquiera la inquina contra algunos compañeros, los menos. Pero tampoco podemos ser cómplices mudos de algunos comportamientos, los menos, dignos de corrección. Por el bien de todos, en primer lugar del propio maestro y sus alumnos. Y después, de la familia del maestro y alumnos, de otros compañeros que padecerán para encauzar nefastos comportamientos escolares y sociales adquiridos previamente por sus alumnos en el colegio, de otros alumnos que podrán sufrir las consecuencias de una mala educación de algunos compañeros, de todo el colegio y de toda la sociedad.

Una regeneración moral y profesional en algunos maestros, los menos, se hace imperativa. ¿Que exageramos? Veamos, poco a poco, algunas cosillas, sin señalar.

Maestros de educación física, los menos, que dedican todo el tiempo asignado, o casi, a tener a los alumnos en el patio jugando a su aire con balones, aros o cualquier otro material deportivo. Vamos, como si fuera más tiempo de recreo.

Podríamos pensar que, a lo mejor, el maestro está esos días enfermo y que es meritorio el que acuda al colegio en lugar se quedarse merecidamente en su casa para recuperar la salud. Puede que algunas veces sea eso lo que ocurra.

Pero a lo que nos estamos refiriendo es a compañeros de educación física, los menos, que, gozando de buena salud constatada, se limitan a estar un día tras otro (o casi) en el patio mientras pasa el tiempo y sus alumnos se aburren aunque a ratos estén jugando a cualquier cosa.

Esos alumnos también están aprendiendo, qué pena, que se puede incumplir impunemente la obligación de trabajar y que se les está hurtando su derecho a formarse debidamente. Lo están viendo y comprobando. ¿Tendremos derecho dentro de unos años a quejarnos de los fraudes y falta de honestidad en el mercado laboral?

Algunos de los maestros de educación física aludidos, que son los menos, cuando se acercan las fechas de las evaluaciones sí desarrollan en el patio algunas actividades programadas con el fin de reflejar las calificaciones correspondientes. Menos mal, algo es algo.

Lo que sí es estimulante y prometedor es comprobar como la inmensa mayoría de los profesores de educación física salen al patio con sus alumnos, desarrollan la programación prevista, anotan las observaciones en sus fichas de seguimiento e inculcan entusiasmo, deportividad e ilusión a sus alumnos. Si el maestro les concede unos minutos al final de la clase para juego libre, vigilado por él, miel sobre hojuelas. Todos contentos.

Procuraremos en próximos comentarios tener este apartado “Alia res” para exponer algunas conductas poco docentes y decentes. Sería conveniente que se indicaran actitudes mejorables en los colegios. Invitamos a que se expongan con ánimo constructivo, sin señalar a personas. No está el país para complicidades y falta de compromisos ante actitudes que nos están llevando a todos a un presente y futuro nada prometedor. Amén.

Saludos y hasta la próxima, si ha lugar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Candidatos, con seis años, al Parnaso

No somos un libro de texto, ni lo podemos pretender. Así pues, no esperes en estos comentarios y sugerencias un catálogo de ejercicios concretos. Solo tangencialmente podríamos acercarnos a algunos de ellos.

Acordábamos la vez anterior la importancia y prioridad de la lectura colectiva, incluida tu participación. Insistimos.

En relación a la expresión oral, y en cuanto hayan aprendido a leer, deberán asumir el aprendizaje y memorización en casa de pequeñas poesías del libro de lenguaje o de otro del que dispongan todos los alumnos y que en los días sucesivos deberán recitar, uno a uno, ante todos sus compañeros. Se acompañarán de algunos gestos y entonación acordes con el texto.

Previamente, tú habrás manifestado tu admiración y entusiasmo por el lenguaje poético y habrás recitado ante todos tus alumnos varias veces la poesía que corresponda acompañada de gestos. Tu manera de expresarte y tu ejemplo los impulsará sin temor hacia el aprendizaje. A continuación la leerán-recitarán contigo en voz alta acompañada de gestos.

Les indicarás, como tarea agradable para casa, que se la aprendan con ayuda de su familia y reciten ante ella. Es algo que encantará a tus alumnos y a sus familias. No lo dudes.

Cuando cada uno la recite ante sus compañeros, y la des por bien recitada elogiando al “poeta”, anotarás en su ficha de seguimiento las observaciones y calificación que corresponda. Llevarás un control riguroso de toda la clase en este aspecto, así como en otros.

Sería raro que alguno se opusiera o no pudiera aprendérsela en casa. Prudencia, pedagogía, paciencia y no forzarlo.

Esta actividad les servirá para memorizar, ampliar vocabulario, disfrutar de la belleza que pueda encerrar la poesía, etc. Y, no lo olvides, para expresarse en público con naturalidad y seguridad.

Puedes descubrir alumnos con extraordinaria capacidad para expresarse con lenguaje poético.

Paulatinamente el número de versos será mayor y la poesía irá adquiriendo cierta extensión y complejidad. Desde primero de primaria se debe iniciar esta actividad.

Puedes conseguir que todos tus alumnos lleguen a aprenderse unas veinte poesías durante el curso. En primero, quizás, un poco menos. Ya lo verás.

Seguiremos, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, en otra ocasión, si ha lugar.

Saludos.

lunes, 16 de enero de 2012

Profe: ¡No tengo “sardo” en “er” “móvi”!

En segundo curso de primaria, siete años, el proceso lecto-escritor debe consolidar lo aprendido anteriormente y tener preferencia sobre otros contenidos. Que, además, van a depender de dicho proceso.

Lectura: Antes de nada, favorecer a diario el entusiasmo y curiosidad por lo que pueden descubrir mediante la lectura tanto en el colegio como en su casa. Tu ejemplo convincente al respecto, aunque pudieras exagerar algo, es esencial. Recuerda lo dicho sobre la forma de comunicación con tus alumnos.

Mínimo, una hora diaria; cada alumno, con su libro. Nos gusta, especialmente, la lectura colectiva, con tu participación, maestro novel de primero de primaria de un colegio público. Se utilizarán los libros de lectura que aportarán desde el inicio de curso.

Como es muy posible (es seguro) que dé tiempo a darle dos o más repasos a todo el libro, y para evitar que se aburran leyendo siempre lo mismo, es conveniente acudir a la biblioteca del colegio para retirar un lote de libros de lectura de distinta editorial y que podrían permanecer en el aula mientras son utilizados. Se ha dado el penoso caso de que la biblioteca escolar carecía de un lote suficiente de libros de lectura alternativo para ese nivel. ¿!

La lectura colectiva no excluye el necesario control de la lectura individual diaria. Siguiendo el orden de tus alumnos en las fichas de seguimiento individual que utilizarás a diario, hemos dicho a diario, y donde plasmarás tus valoraciones de las distintas áreas, indicarás a cada alumno, interrumpiendo la lectura colectiva, que lea en voz alta. Eso sí, no lo hagas nunca como método fiscalizador y punitivo para comprobar que todos tus alumnos están atentos a la lectura colectiva y no distraídos en otros menesteres.

Si recuerdas todo lo expuesto para conseguir con tus alumnos ese clima especial de comunicación, complicidad y afecto, dentro y fuera del aula, y lo pones en práctica, no tendrás que acudir a sistemas represivos con tan menores, o mayores, criaturas. Si no logras esa relación genuina con ellos toda tu labor docente, e incluso parte de tu vida, se te hará poco cómoda y nada gratificante. Y para más inri… ¡es tan fácil, saludable y eficaz conseguirlo!

Esto que estamos diciendo sobre la lectura se debe iniciar desde primero de primaria, sobre todo una vez dominado el mecanismo lector de todo el abecedario.

Durante las lecturas individuales diarias corregirás los fallos de pronunciación, pausas, entonación, etc. Y anotarás lo relevante en las fichas de seguimiento de cada uno.

Por supuesto, siempre facilitarás el significado, o significados, de palabras de la lectura, o de su hablar habitual, que desconozcan o utilicen de manera incorrecta. Así ampliarán su vocabulario a la vez que les servirán para utilizarlas en diversos ejercicios orales y escritos. Es muy estimulante y entretenido, ya lo verás.

Si notas que el tiempo para la lectura, o cualquier otra actividad escolar, se les hace algo largo puedes interrumpirlo, interviniendo tú o algunos alumnos, con algún sencillo y breve juego o canción que los ponga de pie o mueva por el aula, adivinanza, chiste, interpretación musical o juego malabar, breve exposición y comentario ad hoc de alguna vivencia personal (oyes por la calle o en el patio de recreo algo así como “no tengo “sardo” en “er” “móvi”, presencias actitudes incívicas, insolidarias…), etc. Si están un ratito corto de pie por aquello de reactivar la circulación de la sangre, mejor. Luego proseguirá el tiempo de lectura necesario.

En el ejemplo del anterior renglón no se trataría, en absoluto, de menospreciar el legítimo y digno de respeto habla de una determinada región o comarca. Lo que sí se pretendería es señalar el peligro de trasladar al lenguaje escrito dichas “incorrecciones” orales. Quede claro.

Seguiremos, si ha lugar, en próxima ocasión con ocurrencias sobre otros aspectos de la expresión oral, comprensión lectora, etc. Y más.

Saludos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Profe: ¡Se está copiando!

El aprendizaje de las letras lo iniciaremos con las minúsculas porque   entendemos que sus trazos tienen menor dificultad que las mayúsculas. Primero, las vocales.

La mayoría de las letras se pueden hacer sin interrumpir el trazo del lápiz sobre el papel (hacia delante y hacia detrás, hacia arriba y hacia abajo,…). Como te hemos dicho, todas las letras quedan enlazadas, verticales y con trazos redondeados.

Es evidente que los “palitos y/o barriguitas” de la parte superior (b-d-f-h-k-l-t) o inferior (f-g-j-p-q-y) de las letras sobresaldrán del renglón de dos rayas, bien por arriba bien por abajo. Las letras quedarán muy proporcionadas y verticales. La caligrafía resultante tiene poco que ver con la que se refleja en este escrito.

Una vez hayan aprendido este tipo de caligrafía, que no es único ni excluyente, cada alumno irá plasmando su singularidad caligráfica en el transcurso de los años. Y que habrá que respetar al tiempo que se seguirá exigiendo la debida corrección.

Todas las letras que enseñes estarán acompañadas por gestos y algún estribillo adecuado que facilite el trazo. Investiga porque nosotros no debemos entrar en el detalle de cada letra.

Ya sabes que el dictado se inicia desde que hayan aprendido la segunda letra y utilizando gestos y estribillos. Algunos de tus alumnos es muy posible que, en sus mesas, repitan los gestos y estribillos antes de escribir lo que les dictes. Déjalos.

Antes de que algún alumno pudiera tener la tendencia a copiarse de otro deberás prevenir a todos indicando que nuestro trabajo escolar es personal y honesto. Y el hecho de  tener faltas es “bueno” para poder corregirlas, afianzar el aprendizaje y conseguir que el alumno con más dificultades se sienta orgulloso de su esfuerzo. Y como las notas no importan…

Todos los dictados que hagas con tus alumnos, en primero y segundo de primaria, serán preventivos: Primero lo escribes en la pizarra, lo lees con tus alumnos, les adviertes, con sincero énfasis, para que se fijen en las posibles dificultades que pueden encontrarse y que tú les indicarás (incluso preguntando “dónde nos podemos equivocar”), se vuelve a leer…y se borra de la pizarra. Cuando tus alumnos adquieran la suficiente soltura lecto-escritora lo dicho anteriormente lo hará el alumno, uno diferente cada día, designado por ti. Como no alcanzarán con su mano al renglón para señalar se podrían ayudar con una regla.

En estos inicios del aprendizaje de la lecto-escritura los dictados, lógicamente, serán cortos: sílabas con las vocales y consonantes que vayan aprendiendo, palabras con las letras aprendidas, etc. Cuando lleguen las mayúsculas, pues igual. Tus alumnos, maestro novel de un primer curso de primaria de un colegio público, irán desprendiéndose poco a poco de la ayuda que suponen los gestos y estribillos aprendidos. Incluso llegarán a decirte muchos de ellos que, una vez aprendido todo el abecedario (minúsculas y mayúsculas), no los hagas tú por innecesarios. Siempre que algún alumno manifieste que necesita esa ayuda se facilitarán los gestos y estribillo que correspondan.

Si alguien os observara en el tiempo de lecto-escritura se quedará sorprendido al verte a ti y a toda la clase moviendo los brazos haciendo gestos y coreando algún estribill o. A tus alumnos les divertirá. De eso se trata, de que aprendan casi jugando.

Como te hemos dicho, los dictados hay que corregirlos una vez hechos:      

Te vas a la pizarra y, dentro de los consabidos renglones anchos de dos rayas, escribes el dictado realizado (con gestos y estribillos). Ellos tendrán abiertos sus cuadernos para comprobar si tienen faltas; no podrán utilizar ni el lápiz ni la goma. Es  mejor que tú, por ahora, los corrijas para ir apreciando las dificultades de cada uno y así plasmarlo en cada ficha de seguimiento. A diario.                                                       

Las faltas del dictado se corregirán bien dos veces. Lo comprobarás.

Al principio el tiempo que dediques a la lecto-escritura irá adecuándose a las circunstancias que se te presenten. Poco a poco te fijarás como meta un mínimo de una hora diaria.

Ya trataremos, si ha lugar, lo de la lecto-escritura cuando ya dominen estos inicios.

Saludos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Profe: ¿Está bien la “o”?

En la pizarra trazarás renglones, bastante anchos, de dos rayas. Tus alumnos deben tener sobre sus mesas libretas de ese tipo. No admitas cuadernos con renglones de dos rayas muy juntas. Sería una tortura ineficaz.

Al margen de los renglones trazados, en otra parte de la pizarra, escribirás grandes “o” enlazadas sin olvidarte, conjuntamente con tus alumnos, del estribillo y gestos indicados en escrito anterior.

Llega el momento de colocar la “o” dentro de los renglones de la pizarra.

A propósito escribirás algunas “o” que se salgan del espacio del renglón y les indicarás que así no está bien, que queda feo y que es mejor rectificar. Borrarás la “o” que esté mal y la volverás a escribir correctamente.

Invitarás a algunos niños a que salgan a la pizarra y escriban la “o” dentro del renglón (algo ancho). Siempre con el acompañamiento de todos en los gestos y estribillo. Si alguno se sale del espacio de las dos rayas del renglón, se rectifica y se le anima a que lo haga bien. Todos los que salgan merecerán elogios y aplausos.

Si alguno tuviera especial dificultad en el dominio del trazo, “provocarás” que sus compañeros (en éste y en todos los supuestos que se te puedan presentar en tu labor docente), libre y espontáneamente, manifiesten su comprensión, cercanía y ayuda para la superación del problemilla. Aparte de tu actuación profesional.

Luego podrías preguntar: ¿Fácil o difícil? La contestación colectiva, y tu forma de actuar, los impulsará en el aprendizaje con optimismo, seguridad y de forma relajada.

A continuación les indicarás que escriban en sus libretas solo la mitad de un renglón con “o” enlazadas y procurando no salirse de los márgenes.

¿Por qué solo la mitad del renglón? Les indicarás que a tu clase no se va a perder el tiempo y a cansar, inútilmente, la mano y los dedos. Si se hace bien y se domina el trazo con medio renglón sobra el otro medio. Y, de verdad, que sobra.

Te adelantamos, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que tus alumnos harán poquísimos copiados, solo los necesarios, ya que ese tiempo deberán dedicarlo a otras actividades muchísimo más necesarias y gratas: vocabulario, comprensión lectora, dictado, composiciones, poesías, etc.

No te recomendamos que acudas a copiados y coloreados como táctica para ocupar el tiempo. No.

Eso sí, tienes que corregir todo lo que escriban. A los alumnos que se equivoquen les ayudarás en tu mesa, si es preciso, cogiéndoles la mano para que afiancen el trazo con el lápiz. Luego, ellos volverán a hacer solos cinco o seis “o” (no más) y te lo enseñarán.

El aprendizaje diario de una letra, con los gestos y estribillo que corresponda, irá necesariamente unido a su escritura. Fácil como hacer la “o” con un canuto.

No fomentes ni permitas nunca que tus alumnos interioricen una excesiva exigencia y perfeccionismo al cumplir sus obligaciones. Las cosas hay que hacerlas bien pero sin caer en obsesiones y actitudes neuróticas que los pueden hacer sufrir en la vida.

No te asustes con estas responsabilidades. Conforme lo vayas haciendo verás que no agobia, que facilita tu labor y que los excelentes resultados (modestia incluida o excluida) te integrarán a ti, a tus alumnos y familia, en el proyecto educativo común que nos ocupa.

Saludos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¡Por fin!

Te habíamos prometido en anteriores ocasiones comentar algo sobre la lecto-escritura. No deberíamos haberlo hecho. Antes de continuar ya estamos más que arrepentidos del ofrecimiento. Verás.

Es una auténtica ridiculez lo que viene a continuación. Tratamos de trasladarte, ¡por escrito!, lo que se podría hacer el primer día de inicio de la lecto-escritura. Además de prolijo puede ser casi una inutilidad.

Nos vamos a limitar solo a una letra. No esperes más.

Lo primero es trasladarles (relajación, tono de voz…no lo olvides) que todos ellos conseguirán con suma facilidad dominar la lecto-escritura, que estarán merecidamente orgullosos de ello y que se les abrirán nuevos horizontes insospechados.

Como en casi todo hay diversos métodos de reconocida eficacia. Comentamos uno muy conocido que, quizás, pudiera complementarse con la aplicación simultánea de otro.

Empezamos, y terminamos, por la “o”.

Delante de tus alumnos emitirás el sonido “o” al tiempo que con los dedos pulgar e índice de tu mano formas una “o” sobre tus labios abiertos. Todos tus alumnos te imitarán, sin gritar, y el sonido de la “o” llenará el aula varias veces. Si quieres que utilicen tu misma mano tendrás que darles la espalda y volver algo el cuello para comprobar que todos lo hacen correctamente.

Puesto delante de ellos los invitarás a que realicen con la misma mano que tú (la derecha) un amplio movimiento circular en el aire que se asemeje a la “o”. Vigila, girándote algo, que lo hagan todos correctamente.

Este movimiento tiene dos detalles: Se inicia hacia la parte superior del círculo y retrocede al llegar a lo alto, baja formando el círculo y sube por la derecha buscando el inicio del trazo. Al encontrarlo hace un pequeño lazo cuyo extremo queda libre para iniciar seguidamente otra “o”. Todas las “o” quedan enlazadas y muy redondas (en el aire por ahora).

Lo podrías acompañar con una muletilla, por ejemplo: “Hacia delante, hacia detrás, hacia arriba y da la vuelta” (con un rabito). En algún momento del trazo lo podrías adornar con un sonido como de tren, “pi,pi,pi”. Tus alumnos, al mismo tiempo, repetirán contigo lo que digas y hagas (despacio y relajadamente).

Nos da casi vergüenza facilitar esto que has leído. El próximo escrito, si ha lugar, se iniciará con la escritura de la “o”.

Maestro novel de un primero de primaria de un colegio público, esto que nos atrevemos a escribir da unos resultados comprobados muy eficaces en lectura, escritura y dictado. Y a ellos hasta les resulta simpático.

Saludos.

lunes, 5 de diciembre de 2011

¡Profe, qué guay! ¡Me he puesto como una sopa!

Continuamos con algunas situaciones que pueden darse durante el tiempo del recreo y que creemos que sería mejor evitarlas.

Distraerse con otros compañeros o salir al patio con retraso, una vez haya sonado la sirena para entrar del recreo, mientras sus alumnos (y otros que pudiera haber por allí) diversifican sus actividades: unos entran solos al interior del colegio, otros medio forman la fila, algunos revolotean por allí empujando y persiguiéndose, otros siguen jugando por el patio con una pelota y a pecho descubierto…

Y tiempo hubo en el que, si nadie lo impedía, se prolongaba el tiempo de recreo más de la cuenta o, incluso, se tenían dos tiempos de recreo cuando lo preceptivo era uno. Esto ya no suele ocurrir.

Mientras ocurren algunas de las situaciones que hemos expuesto en el patio de recreo es posible que algunos alumnos, sin vigilancia alguna, trepen a las ventanas o a la valla, entren solos al interior del colegio,  se pongan cabeza abajo aferrándose a los mástiles de las banderas, suban (o lo intenten) hasta las canastas de baloncesto o travesaño de las porterías, etc. Si ocurriese algún percance… ¿qué cara ponemos?, ¿decimos que estábamos en el patio?

Estamos de acuerdo en que el patio de recreo y el colegio no forman parte de una cárcel ni los alumnos son peligrosísimos delincuentes. Pero, dadas las circunstancias de la infancia, nos parece que toda precaución es poca. Han ocurrido desgracias…

Cuando suena la sirena para entrar del recreo se puede dar esta peligrosa circunstancia: Muchos alumnos acuden, al galope tendido, a sus lugares asignados del patio para formar la fila (o no). En esa desenfrenada carrera  pueden ser arrollados alumnos pequeños por otros de cierta envergadura y peso. Puede que lo dicho no tenga fácil solución. 

Empieza a chispear.

A muchos alumnos les encanta seguir en el patio mientras se van empapando, algunos hasta se ufanan de estarlo más que otros. Son así.

A veces, no es frecuente, algún maestro no reacciona con prontitud y, sin considerarlo mucho, permite, mientras cae un diluvio o escampa, que los alumnos que quieran sigan por el patio jugando bajo la lluvia. Hay dos alternativas: recogerlos en el aula el tiempo que falte de recreo o dejarlos varios minutos más remojándose…Luego es posible que en los días posteriores pudiera tener en la clase algún que otro alumno de menos debido a los enfriamientos.

No pretendemos, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, ir de modelo en esta apasionante y sorprendente profesión. Lo que aportamos es con la intención de evitar, en lo posible y si lo consideras, el posible  fracaso docente. De nada.

Saludos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Recreo: ¿Para todos?

Creemos que no se trata de “estar” en el patio de recreo. Así, cualquiera.

En el compromiso contigo mismo y con el proceso madurativo de los alumnos (los de tu tutoría y los demás) se podría contemplar que en el tiempo de recreo el maestro debe estar en el patio, casi sin que se note, observando comportamientos, interviniendo si las situaciones así lo exigieran, a disposición de los alumnos (de tu clase o no) que lo precisaran, etc.

Si te supusiera un compromiso poco acorde a tus circunstancias y que pudiera afectar a tus necesarias relaciones con los compañeros, a tener un tiempo para poderte tomar un café, a disponer de algunos momentos para lo que el cuerpo te pida, flexibiliza la sugerencia. Que solo es eso, una sugerencia.

Antes de salir el primer alumno al patio, o al mismo tiempo, debería haber, al menos, un maestro en el patio.

Y, puestos a estar, y para que se reactive la circulación de la sangre, mejor estar dando vueltas por el perímetro del patio asignado. Sin querer, a veces se han oído conversaciones de alumnos que podían acelerarte el pulso.

Algunas situaciones que se pueden dar en el patio de recreo, entre otras, que reflejamos a continuación y que son muy minoritarias (o deberían serlo), no parecen muy acordes con la retribuida profesión que ejercemos:

Nos llamó la atención alguna vez que algún que otro alumno de magisterio en prácticas permaneciera, día tras día, sin moverse de la superficie de una baldosa junto a la puerta y sin implicarse en absoluto; algún maestro que solo tenía ojos para el periódico, ya que lo estaba leyendo; uso abusivo del móvil con la lógica desconexión de lo que ocurre en el patio (aparte del gasto); estar más pendiente de que no se arrugue o manche la ropa que lleva que de otra cosa; integrarse con otro u otros compañeros formando un corrillo porque tendrán noticias muy importantes e ineludibles que comunicarse, totalmente ajenos a lo que ocurre a su alrededor en el patio (y puede ocurrir cualquier cosa); quedarse casi inmóvil cerca de la puerta de entrada al interior del colegio no pudiendo observar algunos ángulos o zonas del patio; ausentarse del patio unos minutos siendo el único responsable de su vigilancia en ese momento, etc.

Interrumpimos aquí otras situaciones que se pueden dar para que puedas respirar y tomar aliento. Pero seguiremos.

Sí, ya sabemos que no hemos empezado a leer, escribir, calcular, etc. No te inquietes, maestro de primero de primaria de un colegio público, porque lo que hemos venido exponiendo hasta ahora, aunque te pudiera sorprender, va a repercutir muy favorablemente en el aprendizaje de tus alumnos. Que sí, que está comprobado. Ten fe.

Si acompañan las circunstancias, y ha lugar, proseguiremos próximamente.

Saludos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

¡Profe, yo quiero seguir castigado!

Falta un pequeño detalle para el primer día de clase.

Hay que dejar claro, con el conocimiento y acuerdo de todos tus alumnos, que algunos comportamientos voluntariamente muy inadecuados en relación con sus obligaciones personales y escolares conllevarán una consecuencia que pudiera no agradar a algunos.

-¿Qué tipo de castigo nos podrá caer encima?- pensarán estas criaturas de seis años, algo mosqueados.

Se lo tendrás que decir de la forma ya indicada repetidas veces.

Te vamos a indicar un tipo de consecuencia de probada eficacia, sin excluir otras muchas que se te ocurrirán o conocerás por terceros.

Y, como siempre te decimos, con la flexibilidad y adaptación que corresponda. En absoluto pretendemos que te sientas obligado y atado de manera que pudieran serte poco soportables algunas actuaciones pedagógicas. El que otros sí lo puedan llevar a cabo, incluso de manera estimulante, grata y sin agobios, no te puede obligar a comportarte de igual manera.

Ahí va: Quedarse sin recreo, pero…

Los merecedores del “castigo” te acompañarán durante el recreo mientras das vueltas por el patio y, de alguna manera, vigilas lo que por allí ocurre. Irán libremente a tu alrededor  (andando, corriendo, brincando, jugando, hablando contigo…) sin alejarse demasiado y sin que tú les pierdas de vista. Es el momento de que cada uno se coma su bocadillo; tú, también.

Unos diez minutos antes de finalizar el recreo los reúnes en un lugar del patio (siempre el mismo) y con algún gesto que se te ocurra les indicarás que están todos perdonados. Alguno, o algunos, te dirán alguna que otra vez que prefieren seguir “castigados” para poder seguir a tu alrededor recorriendo el patio. Creemos que es mejor que rechaces, simpática y entrañablemente, esa peculiar forma de demostrarte aprecio. Son así…porque tú también eres así.

Muy importante: Con motivo de algún acontecimiento que lo merezca indultarás a todos los que tengan “castigos” por cumplir. Se lo explicarás. Y disfrutarás con las consecuencias de tu magnanimidad.

Recordarás, maestro novel de un primer curso de primaria de un colegio público, que en el escrito número seis te solicitamos un compromiso. Y añadimos: Siempre que de forma flexible se acomode a tu personalidad y circunstancias.

Que estuvieras (haya alumnos “castigados” o no) todos los días del curso, no solo los que te sean asignados por turno, en el patio durante el tiempo de recreo. Te supondrá, entre otras renuncias, no poderte quedar en tu aula, no acudir a la sala de profesores, etc. Los beneficios son tan evidentes que nos dan ganas de no pormenorizarlos. Pues no, no nos dan ganas.

Si el trabajo y otras necesidades a las que atender nos lo permiten seguiremos en otro momento, si ha lugar.

Saludos.

martes, 22 de noviembre de 2011

Vivencias compartidas

No hay más remedio que seguir con el primer día de clase.

Un niño acompañado por su madre arroja a la acera un envase de zumo o envoltorio de chuches sin que su progenitora lo impida, rectifique o recrimine; otro, acompañado por su padre, que ni se inmuta, arranca plantas y flores de jardineras públicas o parques; un alumno de otra clase entra en la nuestra, sin pedir permiso e interrumpiendo, para cualquier recado; alumnos que jalean en el patio peleas entre otros niños; marrullerías y agresiones que se ven, sobre todo, en el fútbol…¿Seguimos?

Hay que aprovechar cualquier sucedido criticable y contrario a la integridad, igualdad y respeto a las personas, a la compasión y solidaridad, a la generosidad y ayuda a los demás, al cuidado y respeto a su casa y colegio. Y, en general, a todo lo que nos rodea incluido el trato debido a los animales.

Muestras de lo anterior no te van a faltar a diario por la calle, en el propio colegio, a través de los medios de comunicación, hablando con la gente, en tu propia familia quizás, etc.

Por otra parte también vas a aprovechar justo lo contrario de lo dicho: Sucedidos positivos, ejemplares y encomiables.

¿Y qué vamos a hacer con todo lo indicado? Ya lo habrás adivinado.

En cualquier momento que te parezca oportuno (en mitad de la hora de lectura para que no se les haga muy larga…) interrumpirás la actividad lectiva y compartirás con tus alumnos, algo brevemente, lo que corresponda.

Siempre sacarás, con la intervención de todos los que quieran opinar, una enseñanza positiva en unos casos y reprobable en otros.

Invitarás a tus alumnos a que expresen, voluntaria y brevemente, sus propias vivencias positivas y negativas. Y sacaréis consecuencias.

Si procediera formular la pregunta de “¿Bien o mal?”, u otra que se te ocurra, para inculcar y fortalecer las actitudes y valores que correspondan, pues la formulas para que toda la clase, al contestar al unísono, se cohesione aún más.

Habrá que advertir a los alumnos que no es muy procedente, al relatar alguna vivencia negativa, identificar a la persona en cuestión que podría ser conocida por los demás. No se trata de acusar con el dedo a alguien concreto.

Ya sabemos que habrá casos y situaciones que deberá conocer el colegio y la familia.

Todos los días, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, podrías hacer algo de lo que aquí se indica. Ya irás comprobando y disfrutando de los resultados.

Eso sí, como olvides lo que te hemos sugerido muchas veces acerca de la forma de hablar y comportarte ante tus alumnos es posible que los resultados pudieran no ser los esperados. Pena, penita, pena.

Saludos

domingo, 13 de noviembre de 2011

¡Profe, que no aguanto más…!

No hay que dar lugar a llegar a esta extrema situación.

El primer día de clase conviene establecer la forma de acudir a los servicios.

Los que llevamos algunos años en esto tenemos conocimiento, por propia experiencia o por terceros, de algunos riesgos que pueden ocurrir al dejar, habitualmente, a los alumnos ir solos a los servicios. Algunos ejemplos:

Juegan con el agua de los lavabos, incluso mojándose la ropa e inundando el suelo; se suben a los sanitarios con riesgo de romperlos y romperse la crisma; dan portazos y gritos, etc. Y, esperemos, que no llenen globos con agua para luego arrojarlos de forma sorpresiva. Más vale no dar ideas.

Una vez un maestro que iba por el pasillo observó que un alumno de unos nueve años, parado ante la puerta entreabierta de un aula, se bajó los pantalones para exhibir sus “atributos” ante los atónitos alumnos que lo podían ver. Puro exhibicionismo infantil. Se adoptaron algunas medidas.

A veces se han podido conocer cierto tipo de relaciones poco convenientes entre niños que se escondían en los servicios. Y sigue ocurriendo.

Una pronta y adecuada formación afectivo-sexual, familiar y escolar, ayudará a la mayoría de los alumnos en su proceso de maduración personal y los protegerá de ciertos abusos y vivencias traumáticas. Ya hablaremos de esto, si ha lugar. Es algo muy sencillo, natural y eficaz.

Sin dramatizar ni obsesionarse por lo expuesto, ya que son situaciones no generalizadas en la escuela española, sí conviene adoptar un criterio que en lo posible garantice un uso de los servicios sin sobresaltos.

Se nos ocurre:

Establecer, con el consenso de tus alumnos de primero de primaria, tres visitas a los servicios durante la mañana. Tú, maestro novel, tendrás que ofrecer el horario más conveniente.

Todos los alumnos de tu clase, tengan o no necesidad fisiológica, irán en fila al servicio acompañados por ti. Niños y niñas irán entrando en sus respectivos aseos en grupos de cuatro o cinco. Puede ser efectivo que un niño y una niña, designados de forma rotativa cada semana, controlen y ayuden en el correcto uso de los aseos mientras sus compañeros los utilizan. Tú permanecerás por allí cerca formando la fila con los alumnos que vayan saliendo de los servicios.

Bajo ningún concepto permitirás que los alumnos “controladores” en los servicios se crean que deben ser delatores o chivatos de sus compañeros. Se lo tendrás que explicar y justificar, previamente, a toda la clase.

El primer día de clase, antes de ir a los servicios, comentarás con tus alumnos, siempre relajada y tranquilamente, que algunos niños “pequeños” de infantil suelen tener la costumbre de pedir ir al servicio con mucha frecuencia, incluso aunque no tengan ganas o puedan esperar, sin agobios, algún tiempo más. Y que ellos, tus alumnos que ya no son tan “pequeños” como los de infantil, sí pueden adaptarse a las tres salidas establecidas a los servicios.

Si, además, les hablas incluyéndote tú como si fueras uno de ellos, mucho mejor: “Nosotros, los de primero iremos a los servicios…”

Recuerda siempre lo dicho en otras ocasiones acerca de la forma en que te dirigirás a ellos. Es fundamental.

También les dirás que si alguno, por cualquier motivo, tuviera que ir al servicio antes de la siguiente salida lo podrá hacer sin que nadie piense que es un “niño pequeño de infantil”. Es muy motivador.

No suele darse el caso de que algún listillo aproveche esa excepción casi todos los días. La atmósfera de sinceridad, cercanía y complicidad con tus alumnos, lo evitará.

En el caso de que algún alumno necesite ir al servicio por alguna urgencia: ¿Debe ir acompañado por otro compañero que esperará por el pasillo hasta que regresen al aula? Piénsalo.

Las familias de tus alumnos sí te deberían indicar si el niño, por alguna circunstancia sanitaria, no debe estar sujeto al horario establecido para ir al servicio. Sería raro, raro, pero posible.

Lamentablemente, puede haber algún maestro que facilite la salida libre al servicio para apartar unos minutos de la clase a algún alumno conflictivo y molesto. ¿¡ ¡? Luego puede pasar lo que puede pasar.

Si se diera el caso improbable de que algún alumno se hiciera encima alguna necesidad fisiológica: Comprensión y afecto de todos, quitarle importancia ya que ha sido inevitable, que no es motivo ni de vergüenza ni de nada y además puede pasarle a cualquiera. Más comprensión y afecto, y comunicar con alguien del equipo directivo y con la familia.

Y que para eso están el jabón y la lavadora.

Y tú, maestro novel de un primero de primaria de un colegio público, ¿cuándo podrás acudir al servicio para cumplir con tus necesidades fisiológicas? Dejando a tus alumnos atendidos por un adulto responsable, en cualquier momento.

Como ya te hemos dicho en alguna otra ocasión todo lo que exponemos puede y debe tener un margen de flexibilidad e ir adaptándose a las características evolutivas de tus alumnos.

¿Que cuándo van a empezar a leer, escribir y lo demás? No hay prisas, todo llegará y muy probablemente alcanzarán, la mayoría, un nivel superior a lo exigido.

Saludos.