viernes, 18 de mayo de 2012

Beethoven


Parece que no tiene fácil remedio. Nos referimos al ruido.                       

Ya comentamos en anteriores ocasiones que hay colegios con una acústica que perjudica el normal desarrollo de la actividad escolar o que están ubicados en zonas que soportan más decibelios de lo deseable.

Lo que sí debería tener remedio es el ruido generado por los ocupantes del colegio:

Incluso el sonido de la sirena, o campana, podría atenuarse y no llegar a ser molesto. Sin dejar de ejercer su función.

Alumnos que entran en tropel a voz en grito cuando llegan de sus casas, regresan del recreo, esperan algún cambio de maestro, van por el pasillo por algún motivo, regresan a sus casas…o, simplemente, dominan el ámbito del aula e ignoran los gritos impotentes e inútiles de su tutor.

Lo anterior no es lo generalizado, afortunadamente, en los colegios públicos. Hace tiempo que venimos indicando pautas para evitar esas situaciones.

Sin llegar a casos extremos sí hay maestros que utilizan una ineficaz intensidad de voz que en absoluto favorece un ambiente de aprendizaje. Y que propicia, por contagio, el que sus alumnos vayan imitando lo que escuchan a diario.

Si los alumnos provienen de una familia acostumbrada al grito y al ruido (al expresarse, al poner en funcionamiento aparatos de sonido, etc.) habría, con discreción y delicadeza, hacer ver lo inadecuado y pernicioso de dicho hábito. Incluso a la propia familia en el tiempo de la tutoría.

Siempre te queda el recurso, sin dirigirte a nadie en concreto, de comentar con todos tus alumnos que estas situaciones pueden ocurrir con los perjuicios que conlleva: pérdida de audición, distintos tipos de trastorno, molestias a los demás, etc. Y que es una pena que los protagonistas no pongan remedio para mejorar su calidad de vida y evitar perjudicar la de otros, sobre todo la de los más pequeños.

No dudes, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, que tú sí podrás conseguir que tus alumnos, al menos el tiempo que estén contigo, sí se comuniquen sin decibelios que los perjudiquen y dañen a otros. Recuerda lo que indicamos en otras colaboraciones. Les encantará seguir esas pautas ya que serán ellos los primeros en disfrutarlas.

¿Y la nefasta manía de poner el volumen a toda pastilla?
Sí: en salidas fuera del centro, en las celebraciones escolares que se desarrollan durante el curso en el salón de actos (o lugar habilitado), patio, etc. Con, o sin, presencia de las familias. No hay forma de evitar que se machaquen hasta extremos insufribles los tímpanos y demás órganos de los oídos de los menores, y mayores, asistentes. ¡Incluso de bebés!

Habría que rebelarse e indignarse. Y obligar, a quienes corresponda, que atiendan al sentido común y a la más elemental precaución para no dañar la salud. Así.

¿Y qué decir de algunos comedores escolares ubicados en recintos nada adecuados, o casi? Menudo follón, a diario. Un griterío que impide cualquier acción pedagógica sobre los hábitos alimenticios. ¿Sentará bien la comida?  Así, no hay forma.

Bien es verdad que en las salas de cine así como en otros lugares terminarán de rematar la faena. ¿Un país de sordos algo tocados? Si al menos surgiera un genio…

Si a nuestros alumnos los vamos haciendo objetivamente críticos con la-s realidad-es que nos rodea-n es posible que la sociedad mejore algo.

Saludos.

lunes, 14 de mayo de 2012

Sala de espera


Hay un día y hora a la semana previsto para las tutorías individuales. Ya indicamos la necesidad de que acudan los padres, acompañados por sus hijos, a dichas tutorías cada mes y medio, aproximadamente.

Algunos compañeros, los menos, eluden ese encuentro tan imprescindible alegando que si el alumno no presenta problemática o dificultad destacable es mejor no molestar a la familia para que acuda a la tutoría, que habría poco que comentar... Ni ellos mismos se lo creen aunque es posible que algunas personas, incluso padres, lo acepten como lógico o normal. Así nos va.

Había algún compañero que para llegar al colegio transitaba por unas calles poco frecuentadas por los alumnos y padres. Así evitaba verse con ellos. ¿!

Pero, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, sigamos con lo que nos interesa.

Debes evitar llegar tarde a la hora de iniciar el tiempo de tutoría; sería mal comienzo. Igualmente, si acabado el tiempo previsto hubiera padres e hijos pendientes de que tú los recibieras deberás atenderlos aunque sobrepases la hora establecida. Sé generoso con tus alumnos y familia. Percibirán tu dedicación y entrega.

Es fácil que se reúnan varias personas en el pasillo junto a la puerta de tu aula esperando ser recibidas por ti. Hay que facilitar las cosas: Saca sillas al pasillo para que la espera sea cómoda, Y cierra o entorna la puerta mientras atiendes al que corresponda según orden de llegada.

Situarás dos o tres sillas junto a tu mesa para que las ocupen tu alumno y la-s persona-s que lo acompañe-n.

Agradeces la presencia en el aula a esa hora y pones sobre tu mesa la ficha de seguimiento de tu alumno y sus cuadernos de trabajo (que verán sus padres).

Explicas, y pormenorizas, los logros y dificultades que vienes observando en el aprendizaje de las distintas áreas. Como tus fichas de seguimiento de cada alumno estarán con muchas observaciones y calificaciones no te resultará nada complicado trasladar estos datos y tu valoración a los padres y alumnos. También debes referir la actitud y comportamiento de tu alumno en el aula, con sus compañeros (incluidos los más retrasados en el aprendizaje o con algún tipo de carencia), en el patio, con otros profesores, con el equipamiento del colegio, etc. Y no olvides valorar su actitud ante el aprendizaje y su convencimiento de que no se va al colegio para obtener buenas calificaciones.
Valorarás positivamente ante tu alumno y sus padres las habilidades o iniciativas en las que destaque: liderazgo, deportes, artística, lenguaje, matemáticas, ecologismo, aceptación por parte de sus compañeros, simpatía, originalidad y creatividad, capacidad de intervenir para resolver conflictos entre otros compañeros, etc.

Te interesarás, con discreción y si los padres lo aceptan, por el comportamiento de tu alumno en su casa y con su familia: colaboración en las tareas domésticas, convivencia con sus hermanos y demás familia así como con sus amigos y vecinos, aceptación de las normas establecidas a la hora de comer, irse a dormir, tener su cuarto presentable (cama, ropa, calzado, juguetes,…), etc.

Procurarás, si tuvieras que indicar a los padres alguna circunstancia escolar mejorable de su hijo, hacerlo con cercanía y afecto (incluso con simpatía), con el tono de voz ya indicado muchas veces, sin insistir en la negatividad pero no faltando a la verdad. Insistirás en el ánimo colaborador de tu alumno para mejorar lo mejorable y en tu confianza en que con tu actuación y colaboración familiar superará y mejorará lo que seposible y necesario. 

Esta forma de actuar influirá para que los padres no utilicen, gratuita e irresponsablemente, ciertas expresiones poco adecuadas al referirte aspectos de la personalidad o comportamiento de sus hijos. Llegado el caso no dudes en corregir delicada y respetuosamente, y con afecto, a los progenitores. Ni a ti ni a ellos os asiste el derecho a denigrar o humillar al alumno allí presente. Faltaría más. Son niños de seis años. Y si fueran de más edad…igual.

Agradeces a los padres la colaboración prestada en la casa a su hijo en alguna sencilla tarea o deber escolar: aprender y recitar alguna poesía, usar el diccionario, reforzar sencillas equivalencias y series numéricas, etc. Como si fuera casi como un juego.

Si tuvieras constancia de que tu alumno no recibe en casa ningún tipo de ayuda en sencillos deberes escolares deberás recabar de los padres su colaboración ya que resulta imprescindible para la labor educativa con su hijo. Te comprenderán. Y lo agradecerán.

Debes recabar de los padres cualquier tipo de circunstancia que debas conocer y tener en cuenta sobre tu alumno referente a la salud, dificultad o problemática de cualquier clase, etc.

Te interesarás especialmente por conocer si tu alumno, a diario, cuando vuelve del colegio comunica a sus padres lo que ha hecho en clase, lo que ha aprendido, lo que ocurrió durante el recreo, etc. Y… si tiene más amigos, se lo ha pasado bien y tiene ganas de volver al día siguiente.   

Antes de iniciar las tutorías individuales, siempre con la presencia de tu alumno, advertirás en clase que, a veces, los padres o el profesor pueden necesitar intercambiar información sin que el alumno deba estar presente. Lo aceptarán, respetarán y asumirán como algo lógico y natural.

Llegada esta circunstancia durante la tutoría, indicarás a tu alumno que se retire al pasillo y espere que se le vuelva a llamar. Puede haber circunstancias familiares que debas conocer en privado.
Si practicas, en mayor o menor medida, las indicaciones metodológicas y pedagógicas que hemos venido relatando desde hace ya mucho tiempo, y llevas las visitas de padres de la forma que te hemos indicado, mejorándolas con tus propias aportaciones, te garantizas una elevada calidad educativa, prestigio y el respeto de las familias, alumnos…y de tus propios compañeros. Pero no te creas un “figura”: eres uno más de los maestros de la escuela pública que intentan mejorar la sociedad que nos ha tocado.

Saludos

miércoles, 9 de mayo de 2012

Tranquilo: No te van a comer


Sobre la anterior colaboración y, en concreto, sobre los problemas matemáticos: Facilítales varios caminos para llegar al resultado. Les abre la mente, los hace creativos, relacionan mejor diversos conceptos…y les hace sentirse más seguros en sus capacidades.

Ha habido alumnos que nos han sorprendido, con seis o siete años, al llegar a la solución de sencillos problemas a través de sorprendentes y eficaces procedimientos matemáticos. Y no olvides lo dicho: Manipulación de objetos y ligera representación teatral emocionada para plantear las cuestiones o problemas. Sin prisas.

Y hablando de creatividad: Deja cierto margen de libertad creativa para que tus alumnos, dentro de un orden y sin olvidar la debida buena presencia de las actividades realizadas en las libretas, puedan plasmar en dichas actividades de vez en cuando su impronta a través de dibujos, recortes, pegatinas, colores, distribución de los espacios, tipos de letras, utilización de otros materiales, etc. Les entusiasma, divierte e impulsa en el aprendizaje.

Primera y muy deseada reunión colectiva con los padres de tus alumnos:
Ya dijimos en su momento que los padres, antes de la primera reunión,  ya te conocerán sobradamente por los testimonios que tus alumnos habrán manifestado ante sus familias; y por los contactos que puedas haber tenido con los progenitores.
A esta reunión colectiva no deben acudir los alumnos, solo los padres.
Concederás unos cinco minutos de cortesía para los padres que pudieran retrasarse.

Al comenzar les agradeces su presencia. Tu tono de voz, forma de mirar y dirigirte a ellos, la seguridad e ilusión (no exenta de realismo) que desprenderás al hablar de la educación de sus hijos, la necesidad de contar con su colaboración en todo el proceso educativo, etc. te van a garantizar un apoyo imprescindible y duradero.
Por cierto, que si tu forma de dirigirte a los padres se parece algo a lo que indicamos en relación con la comunicación con tus alumnos, mejor. Sin que resulte artificial o poco sincera. Naturalidad.

Los padres podrían sentarse en las sillas, o alrededores, de donde se sientan sus hijos. Les hace ilusión y visualizan de alguna manera a sus hijos allí situados. Tú podrás estar sentado en tu silla inicialmente aunque lo normal es que te levantes para utilizar la pizarra, te apoyes discretamente en tu mesa…Naturalidad y cercanía.

A los progenitores que vayan acudiendo les preguntarás el nombre de su hijo y anotarás en la ficha de seguimiento del alumno el día de la reunión y si acudieron el padre y la madre, o solo uno de ellos.

Los padres podrán preguntar lo que deseen durante la reunión. Advertirás que deberán ser preguntas de interés colectivo ya que las de carácter particular se formularán en las horas de tutoría. O al acabar la reunión.

Explicitarás el contenido de las fichas de seguimiento donde irás reflejando a diario calificaciones y observaciones que merecen tus alumnos: Explicarás a los padres todo lo que hemos expuesto sobre los objetivos y forma de desarrollar la lectura, expresión oral, vocabulario, poesía, comprensión oral y escrita, dictado, redacciones, cálculo, nociones, problemas, etc. etc. No olvides los aspectos artísticos y deportivos.

Indicarás la necesidad de que duerman las horas necesarias, de que acudan desayunados y, en lo posible, con sus necesidades fisiológicas hechas, de la puntualidad al acudir al colegio, de llegar aseados, de que los bocadillos y bebidas, o frutas, que consuman durante la mañana sean sanos y nutritivos, de que aporten a diario los útiles y  materiales escolares  precisos, etc. También explicarás la forma y frecuencia, ya expuestas con anterioridad en otras colaboraciones, de acudir a los servicios, de “castigar” a los infractores de las normas escolares y morales, etc.                                         

No se te olvide indicarles a los padres que sus hijos (seis años) no van a tu clase a sacar buenas notas: Puede que la sorpresa inicial sea mayúscula e inesperada. Te toca, con el lenguaje y argumentos que ya conoces, convencerles de la conveniencia de asumir tus postulados ya que han dado, y seguirán dando, resultados más que eficaces y, por supuesto, por encima de los niveles exigidos. Y evitando angustias limitantes e inútiles.

Les advertirás que, dentro del proceso escolar, tienes la intención de iniciar, poco a poco, una educación afectivo-sexual algo adelantada a lo que exija su desarrollo psico-afectivo para garantizarles, con naturalidad, un conocimiento y asunción de su sexualidad  que conllevará el respeto a su propio cuerpo y al de los demás. En los colegios hay textos con ilustraciones, incluso algo antiguos, que abordan el tema con una naturalidad y simpatía sorprendentes. Sin mojigaterías ni influencias de creencias varias.

Si algún progenitor tuviera algún reparo en esta cuestión deberás tenerlo en cuenta. A nosotros nunca nos ocurrió algo así. Sería raro.

Además, les indicarás los resultados conseguidos en esta educación afectivo-sexual durante muchos años de docencia por muchos maestros: Alumnos con una madurez, conocimiento, naturalidad, simpatía y responsabilidad evidentes.

Que no se te olvide indicarles que intercalas, en las tareas escolares, canciones o interpretaciones musicales, juegos, adivinanzas, lectura del periódico…con objeto de aliviar el posible cansancio, pasarlo bien y favorecer el aprendizaje.

Les dirás que para ti y tus alumnos es fundamental la comunicación personal. Y que igual que tú les expones experiencias personales de las que extraer consecuencias, ellos también lo hacen. Y que el ambiente en la clase es relajado, respetuoso, alegre, estimulante, proclive al aprendizaje y, por si fuera poco, con un mutuo y sincero afecto. Y que si el niño les traslada algo parecido a una queja o dificultad del tipo que sea, además de escucharles con atención deben, los padres, acudir a ti para conocer tu versión y opinión. Sin caer en una sobreprotección excesiva, desequilibrada y nefasta.

Solicita de los padres de tus alumnos, porque es absolutamente necesario y útil,  su presencia, acompañados del alumno, cada mes y medio, aproximadamente, para la visita de tutoría. Les indicarás que tienes la costumbre de anotar en las fichas de seguimiento de cada alumno las fechas en que se realizarán dichas tutorías. Y que, para una matrícula de poco más de veinte alumnos, es muy fácil alcanzar unas noventa visitas de padres durante el curso.

Y, lo último, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que tú y tus alumnos estáis acostumbrados a dejar las tareas escolares cuando suena la sirena para salir ya que ni estáis deseosos de abandonar el aula ni os sentís agotados. Así pues que los padres se acostumbren a que sus hijos vayan siendo los últimos en llegar a la puerta del colegio. Dicho con naturalidad, cercanía y afecto.

Enriquece lo expuesto con todo lo que se te ocurra para hacer más fructífera este tipo de reuniones colectivas. Te juegas mucho.

Hasta la próxima, si ha lugar. 

Saludos.


martes, 10 de abril de 2012

Run-run

Breve comentario sobre la anterior colaboración: Dijimos que los alumnos no copiarían en sus cuadernos ni los enunciados ni las respuestas de la mayoría de los ejercicios de los textos para que no se cansaran y aburrieran. Habrá ocasiones y ejercicios que sí habrá que reflejar en los cuadernos…pero procurando que sean los imprescindibles. Mantenemos la apuesta por una metodología oral, participativa y colectiva.

Los colegios suelen disponer de materiales que facilitan el aprendizaje matemático, desde la humilde plastilina de colores y ábacos hasta el último grito que haya salido.

Los alumnos deberán tener a la vista durante todo el curso las equivalencias del sistema de numeración, hasta la centena en primero, para poder manipularlas en el aprendizaje. Esto de la manipulación es muy importante y deberías practicarlo a diario. A ellos les divertirá.

A la hora de corregir los ejercicios de cálculo, una vez aprendidos, podrías intercambiar las libretas entre tus alumnos. Se fijarán de la corrección hecha en la pizarra, por ti o por otros alumnos, y anotarán la calificación que corresponda (abreviaturas de bien-mal-regular) junto a cada operación. Exigirás la correcta escritura de las cifras y raya, la verticalidad adecuada, la presencia del signo igual y la limpieza y separación proporcionada de las operaciones.

Si las corrigieras tú, en algún momento del horario, te llevará un tiempo que, conforme venimos exponiendo, necesitarás para desarrollar con tus alumnos otras actividades más interesantes y, quizás, más necesarias. Oye, te queda la opción de corregirlas en casa.

A tus alumnos les recordarás que no pueden alterar por su cuenta (no podrán utilizar la goma) el resultado que su compañero haya puesto ya que no le haríamos ningún favor. Vigilarás durante algunos días…luego ellos habrán interiorizado la honestidad del proceso y no será necesario que estés demasiado pendiente.

A continuación, y siguiendo el orden de las fichas de seguimiento, preguntarás a cada niño qué tipo de calificaciones ha obtenido su compañero. Anotarás en cada ficha lo que corresponda.

Devueltas las libretas a sus dueños (no podrán utilizar la goma ni añadir nada a lápiz) mirarán con lupa si los han corregido bien. Si alguno estuviera disconforme acudirá a tu mesa para la comprobación y rectificación, si procede. No acusará al compañero que se haya equivocado ya que habrá sido sin querer.

Cuando vayan llegando los problemas utilizarás la manipulación de objetos al tiempo que utilizarás una breve y algo emocionada dramatización para que capten la situación planteada a resolver. En lo posible no copiarán el enunciado aunque sí podrían hacer referencia a la página del libro y número del problema. Que no hay que cansarlos…sin necesidad.

Llegado el momento contemplarás la conveniencia de que la corrección se haga de forma algo similar al cálculo. En lo posible.

Cuando se corrijan los problemas en la pizarra, por ti o por los alumnos, también acudirás a la manipulación de objetos y pequeña dramatización. Les entusiasma.

Si alguien conoce estos últimos escritos o colaboraciones, y no ha accedido a casi todos los anteriores, es posible que le llegue una forma de ejercer la docencia bastante parcial, incompleta y no del todo estimulante y eficaz. Todo lo que hemos expuesto, y lo que vendrá, está muy interrelacionado: forma algo así como un todo.


Alia res:

Parece que no hay más remedio que buscar la eficiencia, no solo educativa, en todo el sistema escolar que tenemos o sufrimos. Ya era hora. Roguemos para que con la mayoría de apoyos consensuados posibles, con un cuerpo de maestros deseosos de ser más entusiastas, honestos, comprometidos y eficaces, y con una sociedad consciente de lo que se juegan sus hijos y nos jugamos todos…vayamos olvidando y superando las penosas realidades que nos vienen acompañando desde hace décadas. Se puede. Y no es nada complicado, está al alcance de cualquiera…que se lo proponga.

Hay un run-run sobre la duración y aprovechamiento de los periodos vacacionales, sobre las ratios (en algunos casos llamativas por lo minúsculas), sobre las horas lectivas, sobre la forma de ejercer las clases de apoyo y su control, sobre la seguridad del maestro en su puesto de trabajo, etc. Si cualquier cambio favorece lo expresado repetidas veces, y más con la que está cayendo y viene de camino, habrá que considerar la conveniencia de algunas modificaciones. No se nos pongan airados algunos compañeros.

A veces, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, mientras menos obligaciones asumes menos ganas tienes de trabajar. Es así porque va con nuestra naturaleza, al menos en algunos casos. Habría que tener una moral como la del Alcoyano para no sucumbir a: como son pocos niños, como ya saben casi lo suficiente, como nadie controla mi labor, como hoy he tenido un mal día, como hay otros compañeros que hacen menos que yo…¿Seguimos?

Como siempre hemos reconocido la inmensa mayoría no se ve reflejada en lo que acabamos de exponer.

Va a ser verdad uno de los significados del título de estos comentarios: Es la hora de que todos, maestros y sociedad, estemos comprometidos con la mejora del sistema educativo.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

martes, 3 de abril de 2012

“¡Estamos tan a-gustito!”

Es posible que te asalten serias dudas sobre cómo y cuándo realizar las actividades indicadas en los textos. La comprensión escrita, dictado y redacción, que deben ser semanales, se van a llevar un buen bocado del horario. Y las diarias lectura, comprensión oral, poesía, vocabulario, diccionario, matemáticas, conocimiento del medio, etc. se llevarán lo que vaya quedando del horario lectivo.

Se nos ocurre, después de comprobar sus buenos resultados, lo siguiente:

Aplica una metodología oral, participativa y colectiva para realizar la mayoría de las actividades de los textos. Todos leerán contigo el enunciado de la actividad que corresponda (ordenar palabras, sinónimos y antónimos, relacionar palabras, completar textos, ordenar y completar series numéricas, establecer equivalencias, etc), y aclararás las dudas que puedan surgir.

Por el orden que figure en tus fichas de seguimiento cada alumno irá respondiendo en voz alta a la cuestión que le toque. Si acierta, toda la clase escribirá en el lugar correspondiente del libro (si está permitido) la respuesta correcta que tu alumno, previamente, habrá escrito en la pizarra. Si no lo pudieran hacer en el libro tendrás que inventarte algún sistema que no los aburra ni canse para que se reflejen las actividades. Y tú, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, irás plasmando en las fichas de seguimiento la calificación y observación que corresponda. Así reunirás una gran cantidad de datos escolares de tus alumnos que te facilitarán la evaluación continua y personalizada así como la necesaria información a la familia.

Todo esto te exige el estar muy atento y pendiente de la clase, mantenerles la atención y esa sana tensión por el aprendizaje. No es un juego de niños aunque se disfruta como si lo fuera.

O sea, que no copiarán en sus cuadernos ni los enunciados ni las respuestas. Ya sabes que se trata de no aburrirlos y cansarlos inútilmente. Lo importante, que te garantiza éxito personal, escolar y docente, es lo que indicamos al comienzo de esta colaboración y que ya hemos repetido hasta la hartura.

De esta forma se agiliza el cumplimiento de la mayoría de  las actividades que vienen en los textos, se mantiene la atención y el entusiasmo, y surge una sana emulación entre tus alumnos. Si te parece, prueba.

Oye, lo que sí harán individualmente serán los ejercicios de cálculo, problemas, etc. Ya hablaremos algo de ello en posterior ocasión.

Habrá algunas actividades que se presten a divertidos adelantos y retrocesos en la fila de los niños puestos de pie delante de la pizarra. Ninguno querrá quedar en los últimos puestos. Y… ahí estarás tú para evitar, en lo posible, actitudes de superioridad o humillación.

Y, si nos apuras, sería muy buena ocasión para reconocer y aceptar que cada uno tiene sus capacidades, limitaciones, ambiente familiar y ayuda en las tareas, etc. Pero que lo importante, como hemos indicado en anteriores ocasiones, es que cada uno persiga mejorar desde su punto de partida y condiciones, tanto en la escuela como en la vida. Y que los más capacitados, y los menos, deben sentirse contentos consigo mismos y procurar relacionarse entre ellos con respeto, aceptación, simpatía y colaboración.


Alia res:

Si alguien deduce que es en la escuela pública donde ocurren, casi con exclusividad, las situaciones que hemos venido refiriendo estará, más o menos voluntariamente, queriendo vivir engañado.

Conocemos testimonios y situaciones que se dan en algunos centros de la enseñanza privada, y con determinados alumnos, que…  vaya, vaya.

Sigamos.

Antes de iniciar cualquier tipo de control, examen (previsto o no), etc. es muy necesario que tengas esto en cuenta, si te parece:

Les hablas muy relajadamente y les invitas a que apoyen la cabeza sobre los brazos encima de la mesa y vayan cerrando los ojos. Como si fueran a dormirse.

Tú pasearás entre las filas de mesas y con voz convincente, muy relajada y pausada, les irás diciendo que la actividad que realizarán a continuación no es lo más importante en su vida, que se trata de comprobar si han asimilado y aprendido lo que correspondía, que los que hayan podido estudiar algo en casa, o recibido ayuda, es probable que lo recuerden mejor, que no realizamos la actividad para sacar buenas notas ya que eso no es lo más importante, que los que se equivoquen o no lo recuerden pueden, posteriormente, repasar, solicitar ayuda y aprender, etc. Todo muy relajado.

Para que lo anterior les cale y surta los efectos deseados debes, también, decirles que los brazos y las piernas les pesan cada vez más, que los ojos se les van cerrando, que respiran cada vez más relajadamente, que no sienten preocupación alguna, etc. Y… que no es la hora de dormir. Todo muy relajado y con un tono de voz natural o pelín grave.

Lo dicho en los párrafos anteriores durará, como mucho, unos tres minutos. A continuación les invitarás a que levanten la cabeza, se sienten correctamente y comiencen a realizar la actividad de control que corresponda. Algunos te dirán que se encontraban “tan a-gustito”, que por qué no seguían así un ratito más, que se iban a dormir, que por qué no se relajaban de esa manera en otros momentos del día,…

Es seguro que durante los primeros días algunos alumnos, pocos, intenten llamar algo la atención abriendo los ojos, sonriéndose ligeramente, o cosas así. No le des importancia alguna y verás como paulatinamente no sentirán la necesidad de ese comportamiento; además, la actitud de la mayoría disipará esas iniciativas de “niño chico”.

El resultado de todo esto que venimos relatando desde hace ya muchas fechas lo percibirás y disfrutarás, junto con tus alumnos y sus familias, desde el primer día. Y, no lo dudes, el nivel de aprendizaje de tus alumnos superará fácilmente los objetivos marcados para ese nivel. Merece la pena.

Para no desconectar de la actualidad: ¿Huelga por el funcionamiento y resultados del sistema educativo? No habría que dudarlo mucho… siempre que se contemplara también la huelga a la japonesa. Coreana o finlandesa.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

lunes, 26 de marzo de 2012

Tensión bajo control

Si para la corrección de alguna actividad escrita hecha en la pizarra necesitaras más de un día, adviertes al personal de limpieza para que no la borren. No traslades a tus alumnos, y menos en estas edades, la necesidad de ir con prisas a la hora de corregir, todo debe ser más bien pausado y sin muchos acelerones.

Toca corregir las dos redacciones que están en la pizarra.

Llamarás primero al autor de una de ellas para que te acompañe, de pie, junto a la pizarra. Irás leyendo, despacio, lo escrito. Ante cualquier fallo o equivocación (caligrafía, ortografía, vocabulario, etc) preguntarás al autor si sabe por qué se ha equivocado; si lo sabe, se corrige en la pizarra con tiza de color y si no lo sabe, preguntarás a toda la clase (¿dónde se ha equivocado?, ¿ por qué se ha equivocado?) y también se corrige en la pizarra. Si nadie lo supiera lo indicas tú. Lo indicado es una forma, entre otras, de captar y mantener la atención; procura conseguirlo para cualquier actividad que se preste.

La corrección abarcará desde el título hasta el dibujo alusivo. Anotarás en tu ficha de seguimiento del alumno lo que corresponda. Siempre tendrás algún motivo para valorar positivamente, ante todos los alumnos, lo escrito y dibujado por tu alumno, sin dejar de reconocer los fallos: el esfuerzo que ha hecho, la dificultad de la redacción, la imaginación y creatividad que ha plasmado, el asumir los fallos como algo natural en el aprendizaje ( y en la vida) para poco a poco ir mejorando…y la perseverancia que tu alumno manifiesta para, con tu ayuda y su trabajo, ir logrando una expresión escrita que, al igual que con otras tareas escolares, le reportará satisfacciones de todo tipo.

Junto a la redacción corregida en la pizarra indicarás la calificación (con tiza de color queda más “guay”) que crees se merece. No estaría mal que, antes de indicarla, con ánimo participativo comentaras con el autor y compañeros los motivos de dicha justa calificación. Así todos se involucran más en el aprendizaje y aprenden, antes de corregir o juzgar, a tener en cuenta diversas variables.

Te queda por corregir, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, la otra redacción de la pizarra. Si la pizarra es digital…

Las redacciones hechas en las libretas con renglones de dos rayas las irás corrigiendo poco a poco en presencia del autor, que acudirá a tu mesa. Indicarás con boli los fallos y la calificación que reflejarás en la ficha de seguimiento.

Tendrás en cuenta los fallos ortográficos o de vocabulario de las redacciones para incluir esas palabras, bien escritas, en próximos dictados.

No les limites, de forma imperativa, la extensión de sus escritos en las libretas. Tiene que haber cierto límite de tiempo, faltaría más, pero, ya sabes, que se sientan libres. Y elogia con algo de sincera admiración simpática, ante todos, los logros que vayan obteniendo tus alumnos en cualquier actividad escolar. No se te ocurra fingir o engañar al manifestar tus elogios porque, además de ser inútil,… tus alumnos lo percibirán. Y tú no eres de esos.

Repetimos una vez más: Todas las semanas harás con tus alumnos comprensión escrita, dictado, redacción…amén de las diarias lectura, comprensión oral, poesía, vocabulario, diccionario, matemáticas, etc. No tendrás tiempo de perder tiempo. Los resultados los disfrutarás desde los primeros días…y sin estrés. Prueba.

Alia res:

Ya hemos comentado alguna vez que hay que tener mucho cuidado con una excesiva exigencia (que podría derivar casi sin darnos cuenta hacia determinado tipo de violencia verbal o física) a la hora de obtener, cuanto antes mejor, resultados positivos de los alumnos. Dado que es un proceso y que todos los alumnos no son iguales ni llegan en los mismos niveles de conocimientos y destrezas, es muy importante que te relajes, organices tu clase y actividades…y esperes que vayan llegando los resultados de tu labor. Cada alumno necesitará el tiempo que sus circunstancias demanden.

Tú sigue, diariamente, sembrando la mejor pedagogía de la que seas capaz.

Insistirás, desde el primer día y con frecuencia, en que a tu clase no se va a sacar buenas notas; que si alguno es lo que pretende, influido por terceras personas, sería mejor que cogiera su mochila y se buscase otra clase y otro profesor. Incluso podrías, con un gesto ligeramente teatral pero sincero, abrir la puerta de la clase dando a entender que el que quiera irse… Estas últimas palabras, dichas como ya sabes, los compromete y cautiva, que de eso se trata.  Ya expusimos hace tiempo los objetivos de acudir a tu clase: pasarlo bien, tener amigos, respetar a las personas y a lo que nos rodea, colaborar y ayudar a los demás…y a aprender.

Si lo del párrafo anterior lo dices con convicción, sinceridad, empatía, cercanía y en un ambiente relajado, el mensaje calará y perdurará.

También les advertirás, son criaturas de seis años, de los riesgos de estar obsesionados por las calificaciones. Les dirás que has visto y conocido a muchos alumnos, y familias, que lo pasan muy mal cada vez que hay una entrega de notas: llanto, angustia, disputas familiares, conflictos con el colegio, envidias y enfados entre compañeros, autoestima lesionada, falta de ilusión para proseguir el aprendizaje…y algo más que, aunque ocurra lejos de nosotros y sea esporádico, no debes contarles: la tragedia de algunos alumnos que abandonaron esta vida, fundamentalmente, por esto de lo que estamos comentando.

Maestro, puede que deduzcas, erróneamente, que los alumnos no se esforzarán en sus tareas escolares si se les inculca que las calificaciones no son importantes.

Nuestra experiencia, curso tras curso, evidencia justo lo contrario. Tus alumnos, si practicas algo así como lo que venimos exponiendo durante ya bastante tiempo, se esforzarán en sus obligaciones escolares sin el lastre de un estrés y angustia que los limitarían y perjudicarían sin necesidad. Sí tendrán una sana tensión por el aprendizaje que siempre es necesaria. Los resultados: sorprendentes, eficaces y estimulantes.

La evaluación continua, con la asunción de los logros, limitaciones y dificultades, los protegerá de llevarse un berrinche cada vez que haya entrega del boletín de calificaciones. Es muy probable que sí les acompañe algo de las situaciones negativas indicadas anteriormente, es casi imposible eliminarlas por la presión familiar o escolar, pero ten la seguridad de que sus efectos en tus alumnos serán muy limitados, poco traumatizantes y que no les impedirá proseguir con su proyecto personal y escolar.

¿Las familias lo entenderán y asumirán? Sí. En la primera reunión con los padres, al comienzo del curso, lo explicarás    y responderás a las legítimas dudas que te puedan plantear.

Los padres, antes de la reunión, ya te conocen bastante bien puesto que tus alumnos no habrán dejado de relatarles, asombrados y entusiasmados, diversas circunstancias sobre tu forma de ser y actuar. A diario.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Arrimamos el hombro?

Algunas de las preguntas de la comprensión, oral o escrita, deben estimular la creatividad, originalidad, capacidad de improvisación y reflexión, etc. de los alumnos. Todas las preguntas no deben tener siempre un nivel de exigencia elemental.

Y algo más sobre la lectura: Siempre, en la lectura colectiva o individual, harás observaciones para que se fijen en la ortografía de algunas palabras y signos de puntuación, en la concordancia, en el uso de mayúsculas, en el estilo directo e indirecto a la hora de expresar los diálogos, en la adecuación de algunos adjetivos, etc. Y no olvides, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que estamos en un nivel de primero de primaria.

Sobre la expresión escrita:

Una vez dominado el proceso lecto-escritor de este nivel se deben iniciar, sobre el segundo trimestre, ejercicios de expresión escrita que, gradualmente, irán ganando en extensión y complejidad. En los textos te vendrán indicados diversos enfoques para esta actividad.

Con independencia de los textos te sugerimos esto que puedes modificar, mejorar o no tener en cuenta: Todas las semanas, al igual que con el dictado, saldrá a la pizarra un alumno que, subido en una silla, escribirá una composición o redacción; siempre la acompañará un dibujo alusivo al texto escrito. Si divides la pizarra en dos mitades con una tiza podrán salir dos alumnos al mismo tiempo; les indicarás la conveniencia de que no se fijen en lo que el otro escriba.

¿Sobre qué escribirán? Sobre lo que hayas sugerido y acordado con tus alumnos: inventarse una historia sobre una o dos palabras dadas, cambiar el final de un cuento conocido, sobre un dibujo inventarse un cuento, narrar una historia sobre alguna experiencia o noticia conocida por todos,…las posibilidades son casi infinitas. Siempre incluirán un dibujo alusivo, coloreado o no; y lo situarán donde su imaginación y creatividad les indique.

Muy, muy importante: No te olvides de la motivación antes y durante la actividad. Podrán crear sus propias historias con los personajes que quieran, viajarán con la fantasía a lugares sorprendentes, ocurrirán aventuras increíbles, podrán inventarse palabras nuevas, irán sintiéndose orgullosos de sí mismos al comprobar como, poco a poco, dominarán la expresión escrita, etc.

Habrá motivación estimulante en todas las actividades escolares que desarrolles con tus alumnos. En todas. Aunque tengas que dramatizar algo de forma simpática.

Mientras los dos alumnos de la pizarra, con el respaldo de la silla hacia la pared, escriben sus redacciones, el resto de la clase la escribirá en sus cuadernos de renglones de dos rayas. Tu tono de voz y forma de dirigirte a ellos los convencerá de la inconveniencia e inutilidad de intentar copiarse de la pizarra. Es más positivo equivocarse, aceptarlo, corregirlo y aprender. Todo muy relajado, franco y estimulante.

Les indicarás un tiempo suficiente para el desarrollo de la actividad. Podrán utilizar el diccionario (sabido el orden alfabético y el uso) para evitar faltas de ortografía.

Deben inventarse un título para la redacción, lo deberán escribir con el tipo de mayúsculas que prefieran (pueden consultar textos) y lo podrán colorear o no.

Les recordarás varias veces durante el ejercicio las reglas ortográficas que ya deben ir teniendo en cuenta. Poco a poco irán utilizando el estilo directo e indirecto en sus composiciones para reflejar lo expresado por los personajes de su narración. En los últimos meses de primero de primaria ya deberían ser capaces de plasmar en sus cuadernos, todas las semanas, composiciones de cierta extensión y complejidad.

Si algún alumno te reclamara, durante el ejercicio, para consultarte alguna duda, se la resuelves con el mejor ánimo.

Una vez terminado el ejercicio, los alumnos dejarán sobre tu mesa sus cuadernos. Y los de la pizarra volverán a su sitio. Corregiremos en otra ocasión.

Alia res:

Para lo que hemos comentado en las veintitrés colaboraciones expuestas, incluida ésta, entendemos que no son precisos ni mayores ni menores recursos humanos y materiales. Si el maestro cumple con su obligación y sigue las pautas indicadas para dentro y fuera del aula, u otras pautas eficaces que él practique y prefiera, tendrá garantizada una muy buena calidad educativa en sus alumnos; que se prolongará durante los cursos posteriores a menos que se sea un cafre, o algo así, el maestro que los vaya recibiendo. Que los hay; pocos, pero los hay.

Para los cursos de primaria, sin perder de vista la adecuación a la evolución de los intereses de los alumnos, hacen falta un maestro-tutor en condiciones y los especialistas, y material, necesarios. Todos, comprometidos con la docencia.

Se oye con demasiada frecuencia y muchas veces con demasiado ruido y alboroto que, ahora que el país está en tan lamentable estado económico con el drama del paro y el déficit, bajo ningún concepto se pudiera meter la tijera a la educación pública porque se perdería calidad educativa, porque nos jugamos el futuro…y no sabemos cuantas cosas más. Da lo mismo la creencia o ideología que subyazca.

Si la calidad educativa, en estos niveles de primaria, es lo que hemos venido exponiendo hasta ahora, y que se puede comprobar fehacientemente, no entendemos bien ciertas advertencias y reivindicaciones. Puede que haya otros intereses…

Creemos que, temporalmente y para los tiempos que corren, sí se podrían considerar la continuidad de algunas situaciones establecidas en la educación primaria:

La reducción de horas lectivas de los maestros mayores de cincuenta y cinco años. Con esa edad, y con bastante más, se suele estar en plenas condiciones para ejercer la docencia durante todas las horas lectivas y obtener un  rendimiento notable. Sobre todo si el clima habitual dentro y fuera de clase transcurre dentro de los cauces deseables de trabajo, respeto, orden, entusiasmo, alegría, etc.

Lo de la jubilación a determinada edad…

Siguen existiendo aulas con pocos o muy pocos alumnos y, como es lógico, atendidas por un maestro-tutor y los especialistas. Suena algo a despilfarro. No nos referimos a algunas localidades que dependerían de transporte escolar. Con veinticinco alumnos por aula (o casi), en estos niveles primarios, el trabajo es muy asumible y controlable. Siempre que se consiga lo del clima aludido en el párrafo anterior, se utilice metodología eficaz y se procure no agobiar a los maestros con exceso de burocracia. Hablaremos algo de ello en otra ocasión.

Seguro que se puede optimizar el rendimiento de todos los que intervienen en el proceso escolar desde el personal de limpieza, subalterno, no docente, docente,…  hasta el director, si el pobre lo aguanta. Si, además, todo lo expuesto repercute, a corto o largo plazo, en reducción de algunos costos (no se mermaría la calidad educativa, por supuesto) estaríamos contribuyendo desde nuestro ámbito a la mejoría de este país. Merece la pena considerarlo aunque a algunos puedan darles ganas de perseguirnos con un lazo. No es nuestra intención menoscabar los derechos adquiridos…de nadie.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

sábado, 25 de febrero de 2012

Profe: “¡Tú sí que vales!”

 Seguimos con la comprensión escrita ya comentada la vez anterior.

Notarías que los alumnos no escribían en sus cuadernos la formulación de las preguntas. Se trata, insistimos, de que no se cansen copiando lo que no es preciso ni útil.

Al principio tú corregirás las respuestas, puedes seguir esta pauta: Escribes en la pizarra los números de las preguntas, del uno al diez. A continuación vuelves a leer, despacio, el texto de la comprensión escrita.

Leerás cada pregunta y, con la colaboración de tus alumnos, determinaréis la respuesta correcta. Acuérdate que las respuestas ya las tenías tú en hoja aparte.

La respuesta correcta la escribirás en la pizarra, siempre con la letra de caligrafía enseñada, junto al número correspondiente.

Inicialmente tú corregirás y calificarás los cuadernos de tus alumnos exigiendo la coherencia lógica de las respuestas y la correcta ortografía (mayúsculas, signos de puntuación, caligrafía,…). Cuando a cada uno le vayas devolviendo su cuaderno en tu mesa, le harás observar que comprueben con lo escrito en la pizarra los aciertos y fallos de sus repuestas y la calificación merecida. Esto es un proceso algo entretenido, al menos inicialmente, pero absolutamente necesario si te quieres garantizar una comprensión lectora de lujo. ¿Imaginas la repercusión que tiene en todas las áreas?

Algo más adelante, seguimos en primero de primaria, tus alumnos intercambiarán sus cuadernos a la hora de la corrección. Ellos, comparando con lo escrito por ti en la pizarra, corregirán con objetividad los cuadernos de sus compañeros. La calificación, que reflejarás en la ficha de seguimiento de cada alumno, y supervisión te corresponderán a ti. Poco a poco irán cometiendo menos errores en la corrección de los cuadernos de sus compañeros. Ya lo verás.

Igual procedimiento, con las salvedades que correspondan, harás para la corrección del dictado. Recuerda que siempre será preventivo.

Una vez que estén capacitados, tras dominar lo básico del proceso lecto-escritor, para afrontar las actividades de comprensión escrita, dictado y redacción (la trataremos pronto), debes comprometerte con tus alumnos para que cada semana hagáis estos tres tipos de ejercicios escritos. No te debes saltar, a ser posible, ninguna semana.

Importante: No tengas prisa en el desarrollo, corrección, etc. de estas actividades. Si se necesitaran dos días para ello, pues se utilizan. Todo debe seguir siendo muy relajado, tranquilo y sin presión. Y como ya dijimos hace tiempo, y tus alumnos y familias lo habrán interiorizado, que las notas no importan…

Si este ejercicio de comprensión escrita, al igual que el dictado, redacción, cálculo, problemas, etc. desde el inicio lo planteas como una actividad estimulante que les va a reportar satisfacciones de todo tipo, la sana tensión por el aprendizaje y la calidad educativa estarán garantizadas. Tendrás que recordar lo que ya se dijo sobre la forma de dirigirte, relacionarte y compartir los días con tus alumnos.

Una prueba inequívoca de comprobar que vamos por el camino adecuado la tendrás cuando, al indicar a tus alumnos que ha llegado el momento de realizar la comprensión escrita, el dictado, la redacción, etc., te interrumpan a coro con cara de satisfacción gritando: “¡Bien!”.

Alia res:

Algo debe haber en la personalidad, sobre todo en los alumnos de cinco, seis, siete  y más años, que los hace muy permeables a la adquisición de actitudes, valores y comportamientos casi ejemplares aunque lleguen con un bagaje negativo bien de su  2/2 familia bien de otros maestros. O de otra parte.                                                                                                                          

Aunque han sido casos esporádicos, excepcionales, muy minoritarios y que se han podido remediar algo con el tiempo, hemos visto y padecido clases de primero de primaria, y no digamos de otros cursos, que se desarrollaban con más frecuencia de lo esperado en algo parecido a un permanente alboroto y amotinamiento sin orden ni control dentro y fuera del aula: gritos, carreras, amenazas, agresiones físicas y verbales, tareas escolares por parte del profesor y de algunos alumnos voluntariosos casi imposibles de cumplir, salidas del aula sin permiso, comportamientos en el recreo no sometidos a norma alguna, etc.

Si el maestro, lo reconozca él o no, está incapacitado para la docencia (de forma temporal o permanente) y así se constata durante gran parte del curso, es muy perjudicial y doloroso permitir la continuación de ese caos. No se trata de menoscabar los famosos derechos adquiridos del maestro…ni de menoscabar los derechos de los alumnos, familia y sociedad. Todo el tacto, apoyo, prudencia y dignidad serían pocos  para poner remedio, por quien corresponda, a una situación de efectos predecibles e impredecibles nada prometedores en todos los ámbitos, personales y profesionales, presentes y futuros.

Complicidad, silencio, corporativismo, etc. no ayudan a remediar esta tragedia. Porque es una tragedia.

A veces, sin llegar a la situación extrema descrita, sí hay maestros (los menos, los menos) que se adaptan a no rendir lo que se espera de ellos: racanean  o intentan eludir las clases de apoyo que tienen obligación de dar, las dan con poco compromiso y eficacia, corrigen de la manera que corrigen, no le dan mayor importancia a cumplir con la programación y objetivos, no se esfuerzan por sacar adelante a determinados alumnos. Y…lo que es peor: No tienen reparo alguno a la hora de expresarse con hastío, asco, amargura y desesperanza de la docencia y de los alumnos. Incluso en presencia de éstos aunque utilicen otras formas para que el mensaje subliminal les llegue. Encima.

A estos últimos maestros, los menos, los menos, sí que es difícil  frenarlos y enderezarlos. Dentro del aula cada uno es algo así como un virrey, o más. Si los alumnos salen mal preparados y con pésimo comportamiento, podríamos escuchar alguna de estas lindezas: “A mí me llegaron peor de como los he dejado, he hecho todo lo que he podido, este ganado no da más de sí, yo no tengo la culpa de la situación, que pongan más maestros de apoyo, deben incrementar los recursos materiales, la ratio debe disminuir, más sueldo y mayor reconocimiento social es lo que hace falta,…”. Y hasta puede que alguno, para mejorar la calidad educativa, tenga la ocurrente originalidad de solicitar más días de vacaciones.

Como tú comprenderás, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, así no hay forma. Y así nos va.

Que sí, que ya sabemos que la inmensa mayoría de los maestros se exceden en el cumplimiento de sus obligaciones docentes; pero esa minoría con la profesión equivocada sigue minando y arruinando el presente y futuro de demasiadas generaciones.

Si consigues ser, y no lo dudamos, de la inmensa mayoría de los maestros comprometidos y eficaces da por recibido el aliento de un grito actual televisivo: “Profe: ¡Tú sí que vales!”.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

domingo, 19 de febrero de 2012

La madre del maestro era una santa

Sobre la comprensión oral: Siempre que se practique la lectura u otro tipo de expresión oral podrías aprovechar, empezando cuanto antes mejor, para iniciar la comprensión oral de lo leído o escuchado mediante sencillas preguntas que tus alumnos responderán oralmente. Más adelante, la complejidad de las preguntas irá aumentando para que vayan desarrollando su capacidad de memoria, atención, reflexión e inventiva.

Si te parecen pocas las preguntas de comprensión oral que vengan en algunos textos tendrás que ampliarlas tú mismo.

Es muy conveniente que, si el colegio recibe algún periódico, pudieras disponer de él en algún momento de la mañana para leerles a tus alumnos, brevemente, algunas noticias interesantes, curiosas, advertirles de alguna errata que se haya deslizado en el texto, etc. Evitarás noticias poco convenientes para la edad de tus alumnos o, al menos, las situarás en un contexto adecuado que les ayude en la formación de un criterio lógico, comprensivo y crítico.

La lectura de la prensa diaria, que te llevará poco tiempo, también te debe servir para realizar ejercicios de comprensión oral.

Todo lo de la comprensión oral lo reflejarás a diario, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, en las fichas de seguimiento de tus alumnos indicando las observaciones que correspondan.

No se te debe pasar ni un día en practicar alguno de los ejercicios de comprensión oral. Es esencial para evitar fracasos en lenguaje y en todas las demás áreas.

La comprensión escrita se debe iniciar en cuanto tengan algo dominado el proceso lecto-escritor.

Si las preguntas de comprensión que vengan en los textos te resultan escasas las ampliarás con otras formuladas por ti. Con diez preguntas, incluido un dibujo sobre algún aspecto del texto, creemos que hay bastante para los primeros cursos.

Además de en los libros de texto podrás encontrar otros pequeños textos para comprensión oral y escrita que ya vienen graduados por la extensión y dificultad. Y que aportan las preguntas en hoja aparte y también, solo para el maestro, las respuestas para facilitar la corrección. Búscalos.

El proceso podría ser:

Tus alumnos, con cierto orden, se acercan a tu mesa y retiran de un montoncito una hoja con el texto. Todos, incluido tú, leéis el texto en voz alta una vez. A continuación les dejas unos minutos para que cada uno lo lea, en silencio, en su mesa. Una vez finalizado ese tiempo (sé algo flexible) cada alumno se acercará a tu mesa, dejará la hoja con el texto en el lugar correspondiente y se llevará otra hoja, que será reutilizable, con las diez preguntas numeradas.

Cada alumno, en su libreta con renglones algo anchos de dos rayas, escribirá en columna del uno al diez. Al lado de cada cifra escribirá la respuesta que crea conveniente, empezando con mayúsculas, salvo que se trate de completar una frase incompleta con palabra minúscula, y acabando en punto. Al acabar en sus libretas, debe señalarse un flexible tiempo determinado, se acercarán a tu mesa y devolverán la hoja de las diez preguntas en el lugar correspondiente.

Insistimos en lo de recoger y devolver las hojas que estarán en tu mesa sobre un lugar determinado para que afiancen poco a poco el orden y el cuidado en sus obligaciones escolares. Lo harán con toda naturalidad. Parece una tontería; no lo es.

En próxima ocasión seguiremos con la comprensión escrita y su corrección.  

Alia res.

No hace tantos años se podía ver en algún colegio a algún que otro maestro (los menos, los menos) que formaba la fila en el patio unos diez minutos antes de que sonara la sirena para salir. Quiere decir que, al menos, se ocuparon otros cinco minutos previos dentro del aula para levantarse, recoger y salir hasta el patio. En total, unos quince minutos hurtados a la docencia.

Como la caradura y desfachatez era evidente y pública, y debió de haber alguna observación al respecto, cambiaron (los menos, los menos) el sistema: los formaban en los pasillos del colegio junto a su aula esperando que sonara la sirena. Siguen siendo unos quince minutos.

A veces, cuando empieza a sonar la sirena para salir al recreo o a la casa hay alumnos que, antes de que termine de sonar, ya están casi por la puerta de salida. Quiere decir que varios minutos antes de la señal de salida esos alumnos ya estaban de pie en sus aulas (¿o en el pasillo?) con sus mochilas a la espalda. Aunque la puerta de su aula pudiera estar muy cerca de la salida.

Los retrasos y corrillos de algunos maestros, los menos, en el patio o en las puertas de sus aulas en lugar de estar ya con sus alumnos también suponen reducir el tiempo de docencia.

Si alguien del equipo directivo tiene conocimiento de esos hechos puede que intervenga o que no. El ser designado a la fuerza para un cargo, cierto corporativismo nefasto, el no querer meterse en problemas, etc. pueden afectar a que la corrección sea inexistente o no del todo eficaz. Así nos va. A veces ocurre todo lo contrario. Bien.

Se nos antoja que de los maestros, los menos, que practiquen habitualmente algunos de los comportamientos anteriores difícilmente se podrá esperar que lleven a cabo una medianamente eficaz labor educativa y formativa.

Todo lo anterior, de persistir y aunque sean una minoría, está haciendo un flaco favor a la calidad educativa. Además es muy contagioso, da mal ejemplo a los alumnos y, como decíamos ayer (expresión que tomamos prestada), no ayudará a tener un tejido productivo en este país que lo saque adelante.

Ni Pisa, ni recursos humanos o materiales sobreabundantes, ni bajar la ratio, ni la dignificación del profesorado, ni ná de ná, nos van a servir de mucho para corregir comportamientos muy minoritarios. Ya lo dijimos: No sería mala idea el que los teóricos y responsables educativos elaboraran algunas directrices, empezando por las escuelas de formación del profesorado y terminando en el tajo del colegio, a fin de elevar y garantizar el compromiso moral y profesional de algunos maestros. Menos mal que son una minoría. 

Se dio el caso de un maestro (algo que hacen la inmensa mayoría) que interrumpía las tareas escolares cuando sonaba la sirena para salir. Mientras los alumnos recogían sus cosas, el delegado de curso supervisaba una vez más que el suelo del aula seguía limpio, se recogían o entregaban los libros o cuadernos que correspondiesen…y se formaba la fila para salir, podían haber pasado unos cinco minutos. Y cuando, maestro y alumnos (ya sin fila), llegaban hasta la puerta de salida del colegio, algunas veces podían haber pasado ceca de diez minutos.

A una alumna (6 años) la recogía su abuelo. Más de una vez el maestro pudo oir que el abuelo se expresaba castizamente, farfullando en voz no muy alta y con un tono mezcla de resignación y orgullo, así: “Este hijo…siempre sale el último”. Pues eso.

Saludos y hasta la próxima, si ha lugar.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Docentes y decentes

Otros aspectos de la expresión oral que deberás practicar a diario, alternándolos, con tus alumnos también les resultarán muy interesantes. Deberán realizarlos de pie ante sus compañeros pudiendo dramatizar algo si lo creen oportuno:

Contar, tú ya lo habrás hecho ante ellos en muchas ocasiones, alguna experiencia personal (familia, amigos, vecinos, noticias que les haya llamado la atención, deseos, sueños, programas de televisión, etc.).

Describir alguna ilustración del libro indicando colores, formas, tamaños, personajes u objetos, lugares, acciones, etc.

Simular un encuentro amistoso entre dos alumnos, del mismo o distinto sexo, que se encuentran por la calle, se saludan, entablan un diálogo y se despiden. Habrá que respetar el posible reparo y pudor que, a estas edades, puedan tener algunos niños al expresar sentimientos y manifestar expresiones infantiles de afecto.

Inventarse y narrar una historia a partir de una experiencia, ilustración, etc.

Sin duda, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, se te ocurrirán otras prácticas de expresión oral además de las que vengan en el libro de lectura o lenguaje.

Tanto al recitar poesías como en otras actividades de expresión oral es posible que ocurran situaciones algo cómicas que generen risas irreprimibles que todos compartiremos alegremente. Bienvenidas sean.

Otra cosa es que algunos compañeros, aprovechando esa circunstancia, pretendan prolongar innecesariamente y por propio protagonismo una situación con tufillo a burla y humillación del compañero, incluso fuera del aula. Ya sabes, tendrás que advertir con tacto a tus alumnos de esa posibilidad e indicar, sin señalar a nadie, que puede haber niños que pretendan llamar la atención sin darse cuenta de que pueden estar ofendiendo a otros. Y que, desde luego, estás seguro que eso nunca ocurrirá entre vosotros (tú también te incluyes) ya que habéis apostado por pasarlo bien respetando, queriendo y ayudando a los compañeros.

Y hablando de las poesías, ya comentadas en otra ocasión: El formar pareados les entusiasma y divierte. Favorece esta actividad en la que tú también participarás. Más adelante nos podríamos sorprender con algún poeta o poetisa en ciernes.

No sería necesario el que copiaran las poesías en su cuaderno ya que las van a tener en el libro. Como ya dijimos: Copiados, pocos. Reservaremos la escritura para ejercicios más estimulantes y creativos. No hay que aburrirlos.

Las actividades de expresión oral te servirán para corregir defectos de pronunciación, vocabulario, concordancia, etc.

En las fichas de seguimiento de cada alumno reflejarás a diario tus observaciones y calificación. Incluso podrás incorporar palabras mal pronunciadas o utilizadas con significado erróneo a los dictados que se harán en otro momento para que afiancen la corrección.

Como ves, esta profesión es muy entretenida. Y queda más.

Alia res:

No nos va la exageración ni el alarmismo. Ni siquiera la inquina contra algunos compañeros, los menos. Pero tampoco podemos ser cómplices mudos de algunos comportamientos, los menos, dignos de corrección. Por el bien de todos, en primer lugar del propio maestro y sus alumnos. Y después, de la familia del maestro y alumnos, de otros compañeros que padecerán para encauzar nefastos comportamientos escolares y sociales adquiridos previamente por sus alumnos en el colegio, de otros alumnos que podrán sufrir las consecuencias de una mala educación de algunos compañeros, de todo el colegio y de toda la sociedad.

Una regeneración moral y profesional en algunos maestros, los menos, se hace imperativa. ¿Que exageramos? Veamos, poco a poco, algunas cosillas, sin señalar.

Maestros de educación física, los menos, que dedican todo el tiempo asignado, o casi, a tener a los alumnos en el patio jugando a su aire con balones, aros o cualquier otro material deportivo. Vamos, como si fuera más tiempo de recreo.

Podríamos pensar que, a lo mejor, el maestro está esos días enfermo y que es meritorio el que acuda al colegio en lugar se quedarse merecidamente en su casa para recuperar la salud. Puede que algunas veces sea eso lo que ocurra.

Pero a lo que nos estamos refiriendo es a compañeros de educación física, los menos, que, gozando de buena salud constatada, se limitan a estar un día tras otro (o casi) en el patio mientras pasa el tiempo y sus alumnos se aburren aunque a ratos estén jugando a cualquier cosa.

Esos alumnos también están aprendiendo, qué pena, que se puede incumplir impunemente la obligación de trabajar y que se les está hurtando su derecho a formarse debidamente. Lo están viendo y comprobando. ¿Tendremos derecho dentro de unos años a quejarnos de los fraudes y falta de honestidad en el mercado laboral?

Algunos de los maestros de educación física aludidos, que son los menos, cuando se acercan las fechas de las evaluaciones sí desarrollan en el patio algunas actividades programadas con el fin de reflejar las calificaciones correspondientes. Menos mal, algo es algo.

Lo que sí es estimulante y prometedor es comprobar como la inmensa mayoría de los profesores de educación física salen al patio con sus alumnos, desarrollan la programación prevista, anotan las observaciones en sus fichas de seguimiento e inculcan entusiasmo, deportividad e ilusión a sus alumnos. Si el maestro les concede unos minutos al final de la clase para juego libre, vigilado por él, miel sobre hojuelas. Todos contentos.

Procuraremos en próximos comentarios tener este apartado “Alia res” para exponer algunas conductas poco docentes y decentes. Sería conveniente que se indicaran actitudes mejorables en los colegios. Invitamos a que se expongan con ánimo constructivo, sin señalar a personas. No está el país para complicidades y falta de compromisos ante actitudes que nos están llevando a todos a un presente y futuro nada prometedor. Amén.

Saludos y hasta la próxima, si ha lugar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Candidatos, con seis años, al Parnaso

No somos un libro de texto, ni lo podemos pretender. Así pues, no esperes en estos comentarios y sugerencias un catálogo de ejercicios concretos. Solo tangencialmente podríamos acercarnos a algunos de ellos.

Acordábamos la vez anterior la importancia y prioridad de la lectura colectiva, incluida tu participación. Insistimos.

En relación a la expresión oral, y en cuanto hayan aprendido a leer, deberán asumir el aprendizaje y memorización en casa de pequeñas poesías del libro de lenguaje o de otro del que dispongan todos los alumnos y que en los días sucesivos deberán recitar, uno a uno, ante todos sus compañeros. Se acompañarán de algunos gestos y entonación acordes con el texto.

Previamente, tú habrás manifestado tu admiración y entusiasmo por el lenguaje poético y habrás recitado ante todos tus alumnos varias veces la poesía que corresponda acompañada de gestos. Tu manera de expresarte y tu ejemplo los impulsará sin temor hacia el aprendizaje. A continuación la leerán-recitarán contigo en voz alta acompañada de gestos.

Les indicarás, como tarea agradable para casa, que se la aprendan con ayuda de su familia y reciten ante ella. Es algo que encantará a tus alumnos y a sus familias. No lo dudes.

Cuando cada uno la recite ante sus compañeros, y la des por bien recitada elogiando al “poeta”, anotarás en su ficha de seguimiento las observaciones y calificación que corresponda. Llevarás un control riguroso de toda la clase en este aspecto, así como en otros.

Sería raro que alguno se opusiera o no pudiera aprendérsela en casa. Prudencia, pedagogía, paciencia y no forzarlo.

Esta actividad les servirá para memorizar, ampliar vocabulario, disfrutar de la belleza que pueda encerrar la poesía, etc. Y, no lo olvides, para expresarse en público con naturalidad y seguridad.

Puedes descubrir alumnos con extraordinaria capacidad para expresarse con lenguaje poético.

Paulatinamente el número de versos será mayor y la poesía irá adquiriendo cierta extensión y complejidad. Desde primero de primaria se debe iniciar esta actividad.

Puedes conseguir que todos tus alumnos lleguen a aprenderse unas veinte poesías durante el curso. En primero, quizás, un poco menos. Ya lo verás.

Seguiremos, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, en otra ocasión, si ha lugar.

Saludos.

lunes, 16 de enero de 2012

Profe: ¡No tengo “sardo” en “er” “móvi”!

En segundo curso de primaria, siete años, el proceso lecto-escritor debe consolidar lo aprendido anteriormente y tener preferencia sobre otros contenidos. Que, además, van a depender de dicho proceso.

Lectura: Antes de nada, favorecer a diario el entusiasmo y curiosidad por lo que pueden descubrir mediante la lectura tanto en el colegio como en su casa. Tu ejemplo convincente al respecto, aunque pudieras exagerar algo, es esencial. Recuerda lo dicho sobre la forma de comunicación con tus alumnos.

Mínimo, una hora diaria; cada alumno, con su libro. Nos gusta, especialmente, la lectura colectiva, con tu participación, maestro novel de primero de primaria de un colegio público. Se utilizarán los libros de lectura que aportarán desde el inicio de curso.

Como es muy posible (es seguro) que dé tiempo a darle dos o más repasos a todo el libro, y para evitar que se aburran leyendo siempre lo mismo, es conveniente acudir a la biblioteca del colegio para retirar un lote de libros de lectura de distinta editorial y que podrían permanecer en el aula mientras son utilizados. Se ha dado el penoso caso de que la biblioteca escolar carecía de un lote suficiente de libros de lectura alternativo para ese nivel. ¿!

La lectura colectiva no excluye el necesario control de la lectura individual diaria. Siguiendo el orden de tus alumnos en las fichas de seguimiento individual que utilizarás a diario, hemos dicho a diario, y donde plasmarás tus valoraciones de las distintas áreas, indicarás a cada alumno, interrumpiendo la lectura colectiva, que lea en voz alta. Eso sí, no lo hagas nunca como método fiscalizador y punitivo para comprobar que todos tus alumnos están atentos a la lectura colectiva y no distraídos en otros menesteres.

Si recuerdas todo lo expuesto para conseguir con tus alumnos ese clima especial de comunicación, complicidad y afecto, dentro y fuera del aula, y lo pones en práctica, no tendrás que acudir a sistemas represivos con tan menores, o mayores, criaturas. Si no logras esa relación genuina con ellos toda tu labor docente, e incluso parte de tu vida, se te hará poco cómoda y nada gratificante. Y para más inri… ¡es tan fácil, saludable y eficaz conseguirlo!

Esto que estamos diciendo sobre la lectura se debe iniciar desde primero de primaria, sobre todo una vez dominado el mecanismo lector de todo el abecedario.

Durante las lecturas individuales diarias corregirás los fallos de pronunciación, pausas, entonación, etc. Y anotarás lo relevante en las fichas de seguimiento de cada uno.

Por supuesto, siempre facilitarás el significado, o significados, de palabras de la lectura, o de su hablar habitual, que desconozcan o utilicen de manera incorrecta. Así ampliarán su vocabulario a la vez que les servirán para utilizarlas en diversos ejercicios orales y escritos. Es muy estimulante y entretenido, ya lo verás.

Si notas que el tiempo para la lectura, o cualquier otra actividad escolar, se les hace algo largo puedes interrumpirlo, interviniendo tú o algunos alumnos, con algún sencillo y breve juego o canción que los ponga de pie o mueva por el aula, adivinanza, chiste, interpretación musical o juego malabar, breve exposición y comentario ad hoc de alguna vivencia personal (oyes por la calle o en el patio de recreo algo así como “no tengo “sardo” en “er” “móvi”, presencias actitudes incívicas, insolidarias…), etc. Si están un ratito corto de pie por aquello de reactivar la circulación de la sangre, mejor. Luego proseguirá el tiempo de lectura necesario.

En el ejemplo del anterior renglón no se trataría, en absoluto, de menospreciar el legítimo y digno de respeto habla de una determinada región o comarca. Lo que sí se pretendería es señalar el peligro de trasladar al lenguaje escrito dichas “incorrecciones” orales. Quede claro.

Seguiremos, si ha lugar, en próxima ocasión con ocurrencias sobre otros aspectos de la expresión oral, comprensión lectora, etc. Y más.

Saludos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Profe: ¡Se está copiando!

El aprendizaje de las letras lo iniciaremos con las minúsculas porque   entendemos que sus trazos tienen menor dificultad que las mayúsculas. Primero, las vocales.

La mayoría de las letras se pueden hacer sin interrumpir el trazo del lápiz sobre el papel (hacia delante y hacia detrás, hacia arriba y hacia abajo,…). Como te hemos dicho, todas las letras quedan enlazadas, verticales y con trazos redondeados.

Es evidente que los “palitos y/o barriguitas” de la parte superior (b-d-f-h-k-l-t) o inferior (f-g-j-p-q-y) de las letras sobresaldrán del renglón de dos rayas, bien por arriba bien por abajo. Las letras quedarán muy proporcionadas y verticales. La caligrafía resultante tiene poco que ver con la que se refleja en este escrito.

Una vez hayan aprendido este tipo de caligrafía, que no es único ni excluyente, cada alumno irá plasmando su singularidad caligráfica en el transcurso de los años. Y que habrá que respetar al tiempo que se seguirá exigiendo la debida corrección.

Todas las letras que enseñes estarán acompañadas por gestos y algún estribillo adecuado que facilite el trazo. Investiga porque nosotros no debemos entrar en el detalle de cada letra.

Ya sabes que el dictado se inicia desde que hayan aprendido la segunda letra y utilizando gestos y estribillos. Algunos de tus alumnos es muy posible que, en sus mesas, repitan los gestos y estribillos antes de escribir lo que les dictes. Déjalos.

Antes de que algún alumno pudiera tener la tendencia a copiarse de otro deberás prevenir a todos indicando que nuestro trabajo escolar es personal y honesto. Y el hecho de  tener faltas es “bueno” para poder corregirlas, afianzar el aprendizaje y conseguir que el alumno con más dificultades se sienta orgulloso de su esfuerzo. Y como las notas no importan…

Todos los dictados que hagas con tus alumnos, en primero y segundo de primaria, serán preventivos: Primero lo escribes en la pizarra, lo lees con tus alumnos, les adviertes, con sincero énfasis, para que se fijen en las posibles dificultades que pueden encontrarse y que tú les indicarás (incluso preguntando “dónde nos podemos equivocar”), se vuelve a leer…y se borra de la pizarra. Cuando tus alumnos adquieran la suficiente soltura lecto-escritora lo dicho anteriormente lo hará el alumno, uno diferente cada día, designado por ti. Como no alcanzarán con su mano al renglón para señalar se podrían ayudar con una regla.

En estos inicios del aprendizaje de la lecto-escritura los dictados, lógicamente, serán cortos: sílabas con las vocales y consonantes que vayan aprendiendo, palabras con las letras aprendidas, etc. Cuando lleguen las mayúsculas, pues igual. Tus alumnos, maestro novel de un primer curso de primaria de un colegio público, irán desprendiéndose poco a poco de la ayuda que suponen los gestos y estribillos aprendidos. Incluso llegarán a decirte muchos de ellos que, una vez aprendido todo el abecedario (minúsculas y mayúsculas), no los hagas tú por innecesarios. Siempre que algún alumno manifieste que necesita esa ayuda se facilitarán los gestos y estribillo que correspondan.

Si alguien os observara en el tiempo de lecto-escritura se quedará sorprendido al verte a ti y a toda la clase moviendo los brazos haciendo gestos y coreando algún estribill o. A tus alumnos les divertirá. De eso se trata, de que aprendan casi jugando.

Como te hemos dicho, los dictados hay que corregirlos una vez hechos:      

Te vas a la pizarra y, dentro de los consabidos renglones anchos de dos rayas, escribes el dictado realizado (con gestos y estribillos). Ellos tendrán abiertos sus cuadernos para comprobar si tienen faltas; no podrán utilizar ni el lápiz ni la goma. Es  mejor que tú, por ahora, los corrijas para ir apreciando las dificultades de cada uno y así plasmarlo en cada ficha de seguimiento. A diario.                                                       

Las faltas del dictado se corregirán bien dos veces. Lo comprobarás.

Al principio el tiempo que dediques a la lecto-escritura irá adecuándose a las circunstancias que se te presenten. Poco a poco te fijarás como meta un mínimo de una hora diaria.

Ya trataremos, si ha lugar, lo de la lecto-escritura cuando ya dominen estos inicios.

Saludos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Profe: ¿Está bien la “o”?

En la pizarra trazarás renglones, bastante anchos, de dos rayas. Tus alumnos deben tener sobre sus mesas libretas de ese tipo. No admitas cuadernos con renglones de dos rayas muy juntas. Sería una tortura ineficaz.

Al margen de los renglones trazados, en otra parte de la pizarra, escribirás grandes “o” enlazadas sin olvidarte, conjuntamente con tus alumnos, del estribillo y gestos indicados en escrito anterior.

Llega el momento de colocar la “o” dentro de los renglones de la pizarra.

A propósito escribirás algunas “o” que se salgan del espacio del renglón y les indicarás que así no está bien, que queda feo y que es mejor rectificar. Borrarás la “o” que esté mal y la volverás a escribir correctamente.

Invitarás a algunos niños a que salgan a la pizarra y escriban la “o” dentro del renglón (algo ancho). Siempre con el acompañamiento de todos en los gestos y estribillo. Si alguno se sale del espacio de las dos rayas del renglón, se rectifica y se le anima a que lo haga bien. Todos los que salgan merecerán elogios y aplausos.

Si alguno tuviera especial dificultad en el dominio del trazo, “provocarás” que sus compañeros (en éste y en todos los supuestos que se te puedan presentar en tu labor docente), libre y espontáneamente, manifiesten su comprensión, cercanía y ayuda para la superación del problemilla. Aparte de tu actuación profesional.

Luego podrías preguntar: ¿Fácil o difícil? La contestación colectiva, y tu forma de actuar, los impulsará en el aprendizaje con optimismo, seguridad y de forma relajada.

A continuación les indicarás que escriban en sus libretas solo la mitad de un renglón con “o” enlazadas y procurando no salirse de los márgenes.

¿Por qué solo la mitad del renglón? Les indicarás que a tu clase no se va a perder el tiempo y a cansar, inútilmente, la mano y los dedos. Si se hace bien y se domina el trazo con medio renglón sobra el otro medio. Y, de verdad, que sobra.

Te adelantamos, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que tus alumnos harán poquísimos copiados, solo los necesarios, ya que ese tiempo deberán dedicarlo a otras actividades muchísimo más necesarias y gratas: vocabulario, comprensión lectora, dictado, composiciones, poesías, etc.

No te recomendamos que acudas a copiados y coloreados como táctica para ocupar el tiempo. No.

Eso sí, tienes que corregir todo lo que escriban. A los alumnos que se equivoquen les ayudarás en tu mesa, si es preciso, cogiéndoles la mano para que afiancen el trazo con el lápiz. Luego, ellos volverán a hacer solos cinco o seis “o” (no más) y te lo enseñarán.

El aprendizaje diario de una letra, con los gestos y estribillo que corresponda, irá necesariamente unido a su escritura. Fácil como hacer la “o” con un canuto.

No fomentes ni permitas nunca que tus alumnos interioricen una excesiva exigencia y perfeccionismo al cumplir sus obligaciones. Las cosas hay que hacerlas bien pero sin caer en obsesiones y actitudes neuróticas que los pueden hacer sufrir en la vida.

No te asustes con estas responsabilidades. Conforme lo vayas haciendo verás que no agobia, que facilita tu labor y que los excelentes resultados (modestia incluida o excluida) te integrarán a ti, a tus alumnos y familia, en el proyecto educativo común que nos ocupa.

Saludos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¡Por fin!

Te habíamos prometido en anteriores ocasiones comentar algo sobre la lecto-escritura. No deberíamos haberlo hecho. Antes de continuar ya estamos más que arrepentidos del ofrecimiento. Verás.

Es una auténtica ridiculez lo que viene a continuación. Tratamos de trasladarte, ¡por escrito!, lo que se podría hacer el primer día de inicio de la lecto-escritura. Además de prolijo puede ser casi una inutilidad.

Nos vamos a limitar solo a una letra. No esperes más.

Lo primero es trasladarles (relajación, tono de voz…no lo olvides) que todos ellos conseguirán con suma facilidad dominar la lecto-escritura, que estarán merecidamente orgullosos de ello y que se les abrirán nuevos horizontes insospechados.

Como en casi todo hay diversos métodos de reconocida eficacia. Comentamos uno muy conocido que, quizás, pudiera complementarse con la aplicación simultánea de otro.

Empezamos, y terminamos, por la “o”.

Delante de tus alumnos emitirás el sonido “o” al tiempo que con los dedos pulgar e índice de tu mano formas una “o” sobre tus labios abiertos. Todos tus alumnos te imitarán, sin gritar, y el sonido de la “o” llenará el aula varias veces. Si quieres que utilicen tu misma mano tendrás que darles la espalda y volver algo el cuello para comprobar que todos lo hacen correctamente.

Puesto delante de ellos los invitarás a que realicen con la misma mano que tú (la derecha) un amplio movimiento circular en el aire que se asemeje a la “o”. Vigila, girándote algo, que lo hagan todos correctamente.

Este movimiento tiene dos detalles: Se inicia hacia la parte superior del círculo y retrocede al llegar a lo alto, baja formando el círculo y sube por la derecha buscando el inicio del trazo. Al encontrarlo hace un pequeño lazo cuyo extremo queda libre para iniciar seguidamente otra “o”. Todas las “o” quedan enlazadas y muy redondas (en el aire por ahora).

Lo podrías acompañar con una muletilla, por ejemplo: “Hacia delante, hacia detrás, hacia arriba y da la vuelta” (con un rabito). En algún momento del trazo lo podrías adornar con un sonido como de tren, “pi,pi,pi”. Tus alumnos, al mismo tiempo, repetirán contigo lo que digas y hagas (despacio y relajadamente).

Nos da casi vergüenza facilitar esto que has leído. El próximo escrito, si ha lugar, se iniciará con la escritura de la “o”.

Maestro novel de un primero de primaria de un colegio público, esto que nos atrevemos a escribir da unos resultados comprobados muy eficaces en lectura, escritura y dictado. Y a ellos hasta les resulta simpático.

Saludos.