martes, 17 de julio de 2012

Profe: Me / Nos has hecho daño…

Es penoso, y algo más, comprobar que hay alumnos a los que no se les corrigen con frecuencia algunos sencillos, y fáciles de evitar, “vicios” escolares que arrastrarán para los restos si no aparece alguien y lo remedia: la prensión del lápiz al escribir, la adecuada posición de la libreta sobre la mesa, la distancia y posición del cuerpo al leer y escribir, la caligrafía de las letras y números, el debido estado de revista (sin obsesiones) de sus materiales escolares, ropa, calzado y cuerpo, etc.
 
Sin olvidarnos de mantener y consolidar lo ya indicado sobre la forma de entrada y salida del colegio, el comportamiento, el estímulo hacia el eficaz aprendizaje, trato respetuoso entre los alumnos y con el resto del personal escolar, el cuidado y respeto de lo que nos rodea, etc.

Algo de lo anterior podría derivar en algún problemilla muscular, óseo y ocular así como en un deterioro, paulatino y algo generalizado, del desarrollo del alumno como persona en formación.

Y, ¿por qué no entrar?, en sutiles, o no, manifestaciones explícitas y públicas de menosprecio, por parte de su maestro, hacia algún alumno estando éste presente (en el aula, en el patio de recreo…). 

Muchos años después, al encontrarte con alguno de esos alumnos que sufrieron ese trato degradante, humillante, agresivo e injusto, todavía te cuentan con amargura el daño que les causó su maestro.
 
Cuando dichas descalificaciones, y menosprecios, se dirigen a toda la clase o a un grupo de alumnos, privada y públicamente, los daños son imprevisibles y, también, de largo recorrido. A veces se oyen por los pasillos, a través de los tabiques de las aulas, etc.
 
Una vez, hace muuuucho tiempo, se oyó con nitidez atronadora por las plantas, pasillos y aulas de un colegio público grande el grito que un maestro dedicó a uno de sus pequeños alumnos: “¡Burroooooooo!”. Aquello se expandió por todos los rincones y parecía no acabar nunca. Hoy día es impensable que pueda ocurrir.
 
Lo que sí puede ocurrir es que el maestro imponga dentro de su aula una especie de incomunicación con sus alumnos aderezada con un opresivo y temeroso silencio. Si esos alumnos estaban acostumbrados por otro profesor, que lo estaban, a lo que te venimos indicando desde hace ya tiempo, el panorama era algo peor que desolador. Los padres de los alumnos te lo comentaban como si fuera una pesadilla. 

Puede haber algún maestro que no menosprecie a su-s alumno-s…y que tampoco los aprecie. Ya se sabe que el no hacer aprecio es el mayor desprecio.
 
Aunque algunos alumnos te lleguen de sus casas con serias deficiencias de sociabilidad, adaptación, respeto, etc hay que reconocer que muchos hemos cometido errores que han dañado, o podido dañar, a algún que otro alumno: Por excesiva exigencia, por poca flexibilidad pedagógica, por no controlar ciertos estados de ánimo, por no aplicar los recursos educativos adecuados, etc. A veces se ha podido intentar paliar la situación…pero siempre te queda un recuerdo poco grato.
 
Con todo lo indicado en los párrafos anteriores que no nos digan luego que ese curso está desmotivado, que es un desastre, que no sirven ni quieren estudiar, que van a pasar el tiempo, que son delincuentes (sic),…
 
Los que pudimos haber presenciado en ocasiones este tipo de actuaciones de algunos compañeros, y callamos por cobardía o algo así, somos cómplices. Arrepentirse después serviría de poco a menos que conllevase una determinación para, en el futuro, corregir con firmeza, comprensión, nobleza y ánimo constructivo a cualquier compañero que en nuestra presencia cometiese semejantes barbaridades educativas.
 
Puede que se te reduzcan las amistades en el claustro y en la sala de profesores…pero, también, puede que no. Eso sí, no te vayas a creer que tienes que ser un justiciero del que va a depender la corrección en tu colegio de lo que venimos tratando. Serías algo estúpido y el remedio podría ser peor que la enfermedad.
 
¿Exageraciones? No, hijo, no.
 
Es fácil no corregir, o corregir mal, las libretas…luego estarán salpicadas de errores y abundantes faltas de ortografía (incluidas las tildes) tanto en los enunciados de las preguntas (qué manía con lo de copiar lo innecesario) como en las respuestas que califican al alumno… y a su maestro. En colegios públicos y privados. No queremos pensar que se dieran todas estas circunstancias en algunos alumnos que generarán poco lustre al colegio y al maestro por determinados condicionantes. No, eso no se puede ni sospechar. ¿O sí?
 
¿Y por qué tienen que soportar y sufrir los próximos maestros de tus alumnos tu tolerada (corregible y sancionable) ineficacia personal y profesional? Te lo vamos a decir: Porque no es fácil demostrarlo y ya te encargarás tú de no llegar a extremos que te pondrían en evidencia. Incluso puede que ofrezcas una apariencia de simpático, dicharachero, chistoso…pero se te ve el pelaje de la patita bajo la puerta.
 
¿Y por qué recibes el mismo salario y tienes las mismas vacaciones (ahora las estás disfrutando) que otros compañeros dignos de admiración por su compromiso personal y profesionalidad?
 
No queremos que pierdas tu puesto de trabajo pero sí que te corrijas o te corrijan. Debe haber excelentes profesionales esperando acceder a una vacante de maestro. Así que ya sabes…
 
Este panorama no es generalizado, menos mal, en la educación pública. Aunque sea muy minoritario sería mejor que se fuera erradicando con la colaboración y compromiso de todos los que creemos en el progreso educativo. ¿Mejorable? Sin duda.
 
Pero tocaba tratar otras cosillas.
 
Una vez dominado el proceso lecto-esccritor debes, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, iniciar con tus alumnos sencillas técnicas de trabajo y estudio. Ahí van unas que tú, sin duda, ampliarás y mejorarás.

Algo que les entusiasma es identificar las palabras claves de un texto y subrayarlas con o sin regla. 

Algunos serán muy estrictos en considerar claves algunos términos. Les ayudará a la hora de estudiar y resumir.

También les gusta reflejar en sus libretas los cuadros sinópticos de diferentes temas que elaborarán con tu ayuda y que, en principio, copiarán de la pizarra.

Si utilizan colores y algún dibujo “ad hoc”, sin abusar, mejor.
 
La memorización, que ya practicarán con las poesías de las que tratamos, debe extenderse paulatinamente a otros aspectos de las áreas. Sin abusar pero sin olvidarlo.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos

sábado, 7 de julio de 2012

Profe: Lo de la cigüeña…?

Toca continuar, y acabar, con la educación afectivo-sexual.
 
Como a estas edades, seis y siete años, los torrentes hormonales están más bien apaciguados, la información y formación que reciben no están sometidas a vaivenes emocionales poco previsibles. De hecho, en general y según nuestra experiencia, no suele darse en la clase alteración significativa a base de comentarios bajo cuerda, nerviosismo, miradas y risas cómplices y algo pícaras, acaloramientos faciales ni nada por el estilo. Y si se diera alguna de esas circunstancias sería mínima y de muy corto recorrido; no habría que criticarla. Incluso procedería indicarles que si a alguno le entran ganas de reirse que lo haga libre y tranquilamente. O de contar un chiste…el que se ría la clase no estaría garantizado.

Verás que es como esa lluvia fina que cala y fertiliza el terreno poco a poco. Se irán sintiendo seguros, serenos y agradecidos. Y simpáticos, libres y alegres, por supuesto.

Como ya dijimos todos tus alumnos deben estar presentes cuando abordes estos temas. Irás poco a poco, sin calendario ni horario prefijado, la duración de cada sesión no debería llegar a los treinta minutos. 

Admitirás, en cualquier momento del curso, todo tipo de preguntas que te puedan formular y explicarás cualquier término cuyo significado ignoren. Como los textos que utilices traerán dibujos alusivos, con frecuencia muy oportunos y graciosos, procura levantarte de tu mesa (si estabas sentado) y pasarlos entre las mesas para que los vean. Lo mejor es que te sientes cerca de ellos o los sientes en círculo. Casi como en familia.

Les indicarás que, como comprobarán, hablar de estos temas de vez en cuando, y como un aspecto más del currículo (utiliza otro término) escolar, es necesario, lógico, sano, divertido y tranquilizador. Sin olvidar que son sus padres los primeros y principales responsables de su educación y formación.
Vas a irritarte, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, porque te volvemos a indicar, y van ciento, lo imprescindible que resulta la forma en que te dirigirás a ellos desde el inicio de curso. Es una de las claves. Tu calidad y compromiso personal y profesional, junto con la comunicación y colaboración familiar, las otras.

Es conveniente, y convincente, que les expongas con naturalidad la normalidad y simpatía con que en tu propia familia se comentan y viven estos aspectos afectivo-sexuales. Algún comentario anecdótico, sin entrar en más detalles innecesarios, les ayudará a aceptar que lo que les trasladas es algo que tú, maestro, y tu familia vivís con alegre naturalidad.

Es posible que alguno de tus alumnos quiera relatar, sobre este tema, alguna vivencia en su propia familia. No se lo impidas…pero tampoco permitas que, por ser espontáneos y sinceros, pudieran no preservar, inocentemente, la debida intimidad y privacidad de su propia familia.
Hay que aprovechar cualquier circunstancia para inculcarles prudencia y discreción.
Con estos mimbres tus alumnos irán asumiendo con sosiego y antelación los cambios evolutivos (físicos-afectivos-emocionales) que, al igual que a sus padres y a todos los demás nos llegaron, les irán llegando en su momento. Estarán advertidos y protegidos, en lo posible, de influencias que pudieran alterar negativamente su conocimiento y asunción de estos aspectos de su desarrollo personal.

Por cierto, estaría bien que a los padres, en la reunión colectiva de principios de curso, y al advertirles de tu intención de abordar la educación afectivo-sexual, les sugirieras la conveniencia de que los cambios físicos significativos que evidenciarán sus hijos más adelante tuvieran en el ámbito familiar una íntima acogida y celebración. Con algún regalo. Esto mismo, cuando llegues a las páginas del texto que utilices, se lo dirás a tus alumnos en el aula para que puedan referirlo en su casa.
Como la realidad es la que es sí les advertirás que, probablemente, conocerán a algunos niños que no han tenido la oportunidad, ni en su casa ni en el colegio, de que les hablen y formen en estos temas. Y que, es posible, que vivan sus cambios evolutivos con creencias y vivencias algo equivocadas que podrían no ayudarles en su desarrollo personal e, incluso, no tener una relación respetuosa con los demás. Ignorantes, pobrecitos, por culpa de otros: algunos padres y maestros.

Evita que tus alumnos se crean que ellos son superiores a otros niños por conocer estos aspectos. No suele ocurrir.

Todo esto de lo afectivo-sexual que, entre primero y segundo de primaria, abarcará desde el conocimiento del cuerpo hasta el hecho del nacimiento del bebé estará persistentemente arropado con indicaciones de la libre aceptación de la propia sexualidad y del conocimiento y respeto de la otra persona. Del afecto entre la pareja y de su proyecto común para formar una familia; de la alegría, ilusión, responsabilidad y sacrificio ante el nacimiento de los hijos, etc. Todo lo que se diga al respecto, es poco.

No se te escapa que el lenguaje que utilizarás, sin faltar a la verdad y a la exactitud de los términos, será el adecuado a la edad de tus alumnos.

Esta pedagogía, junto con lo expuesto en las treinta y dos colaboraciones anteriores y lo que tú, maestro, aportes por tu parte, facilitará a tus alumnos una calidad educativa y personal destacable y notoria.

A algún que otro maestro le ha llegado, más de una vez, el comentario elogioso de algunos compañeros que percibían en los alumnos algo así como una madurez, nobleza, alegría y comportamiento inhabituales dentro y fuera del aula. Con seis y siete años.

Pues eso, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público. Ánimo.
 
Hasta la próxima, si ha lugar.
 
Saludos.

martes, 19 de junio de 2012

Profe: Tengo fatiguitas


Para hablar sobre la educación afectivo-sexual en primero de primaria, alumnos de seis años, vamos a exponer algunos aspectos de nuestra experiencia que nos han dado resultados muy positivos mientras los alumnos estuvieron bajo nuestra tutoría. Si, con posterioridad, se siguió una línea de actuación adecuada al desarrollo evolutivo los resultados deberían haber seguido siendo muy positivos.

Lo primero es recordar lo que ya dijimos en anterior colaboración (¡con ésta ya van treinta y dos!): A los padres, en la reunión colectiva de principios de curso, se les debe informar  que vamos a abordar, con alguna antelación a lo que se presume que el desarrollo físico-psico-afectivo de sus hijos iría demandando sobre estos temas y vivencias, la información y formación afectivo-sexual como una faceta más en la formación de la personalidad.
 
A los padres se les mostrarán los contenidos de los textos que utilizarás y les indicarás que a sus hijos les dirás que los días que se aborden en clase estas cuestiones deben, al volver a su casa, comentar lo que se haya tratado. Y que los padres, si sus hijos no comentaran nada (cosa rara), deben preguntarles con naturalidad y simpatía pero sin imposiciones.
 
Si tú, maestro novel de un curso de primaria de un colegio público, tuvieras alguna limitación, reparo o dificultad para abordar con tus pequeños alumnos estas cuestiones…pues, no sabemos qué cara poner. Te podría sustituir otro compañero u otra persona aunque no sería lo adecuado ya que, sobre todo en estas cuestiones, la comunicación interpersonal, sinceridad, confianza y complicidad entre el tutor y sus alumnos es lo que canaliza y hace eficaz la asunción de la información y valores que conlleva.
 
Por cierto, si no has visto lo ya comentado desde hace tiempo relativo a la forma de comunicarte con tus alumnos (tono de voz, relajación, empatía, etc) te resultará algo más complicado conseguir que la transmisión de información y valores les llegue a tus alumnos de la forma más adecuada. Lástima.
 
Como ya advertiste a los padres la educación afectivo-sexual que desarrollarás estará al margen de cualquier condicionamiento o influencia de creencias varias. Todas muy respetables.
 
Te recomendamos que estos temas, que espaciarás durante los dos cursos (1º y 2º) que estarán bajo tu tutoría, los abordes siempre que todos tus alumnos estén presentes en el aula. 

Continuará.
 


Alia res:

Un alumno llegó a primero de primaria con no muy buen color de cara, algo compungido y poco estimulado. Y algo flaco.
¿Problemas digestivos, demasiados mimos familiares, aversión a las vivencias que tuviera en infantil,…?

El primer día, y durante muchísimas jornadas más, se dirigió al maestro, nada más sentarse en su mesa, en estos términos y con una expresión de cara que era todo un poema:

-Profe: Tengo fatiguitas.
 
El maestro, el primer día y sin darle demasiada importancia, se acercó a él y se interesó compasiva y sinceramente por su estado de salud. El alumno no manifestó necesidad de acudir a los servicios o de llamar a su madre.

Todos los días siguientes, lo mismo: las dichosas fatiguitas que escuchaban todos los compañeros. 
Eso sí, lo decía solo una vez.

Al segundo día, cuando el maestro (que ya se lo esperaba) escuchó  lo de las fatiguitas volvió a acercarse a su alumno, lo miró con afecto, quizás le puso la mano sobre la cabeza o el hombro, dejó pasar unos segundos en silencio y le respondió con tono de voz relajado y cara candorosa de cierta sorpresa:
 
-Pues yo,… no.

Todos los alumnos oyeron al maestro.
 
Este tira y afloja “Tengo fatiguitas-Pues yo,… no” duró gran parte del curso de primero.
 
El alumno, al comprobar que nadie en el aula le prestaba mayor atención (sin marginarlo ni desatenderlo), fue paulatinamente disminuyendo su más o menos protagonismo encubierto, se fue integrando mejor en el grupo, apreció el valor del aprendizaje y hasta llegaba a las nueve con mejor color y ánimo. Siempre fue un poco flaco.
 
Nadie se contagió de lo de las fatiguitas. Menos mal.
 
Tus comentarios, si lees estas colaboraciones, deberían servir para que tantos y tantos excelentes maestros de la educación pública (incluido tú), de diferentes niveles, aportéis vuestras iniciativas y experiencias. Todos os lo agradeceremos.
 
Las vacaciones caniculares están ahí. A disfrutarlas y recuperarse.
 
Hasta la próxima, si ha lugar. 

Saludos.


      

jueves, 14 de junio de 2012

Luz y taquígrafos


Cuando hayan pasado algunos días desde el comienzo de curso y tus alumnos se conozcan entre ellos lo suficiente (aunque la mayoría ya se conocerán de infantil), y te vayan conociendo a ti, irá siendo hora de plantearte la elección de un delegado de curso y, si lo ves procedente, de un subdelegado. Nosotros contemplamos solo un delegado.

Previamente al proceso electoral explicarás a tus alumnos las funciones de las que será responsable el delegado: colaborar contigo para que la fila entre y salga del colegio como es debido, para que los alumnos mantengan limpios el aula y demás dependencias del colegio, no dañen el mobiliario, intervenga para solucionar conflictos entre compañeros, recoja y reparta libretas, libros, etc., controle el uso del material didáctico, te traslade las sugerencias sobre la actividad escolar que se le ocurra o le lleguen de sus compañeros, borre la pizarra, esté atento para que sus compañeros usen debidamente los distintos espacios del colegio y eviten situaciones de riesgo, lea algunas noticias del periódico en clase, etc., etc.

El delegado de curso no verá mermado su tiempo de recreo ni suplantará las obligaciones del maestro.

Quedará meridianamente claro que, bajo ninguna circunstancia, aceptarás que sea delator de sus compañeros. Ni se arrogará ningún tipo de autoridad que no le corresponda; se comprometerá a tratar a sus compañeros con respeto y a exigirlo para él.

No tendrá trato de favor respecto de sus compañeros. Se trata de servir a los demás a través de la colaboración con el profesor. Tendrá que desempeñar sus funciones con diligencia, ánimo, simpatía y eficacia. Y ser, de alguna manera, ejemplo para los demás. Llegada la ocasión recibirá tu reconocimiento ante su familia, y sus compañeros.

El delegado de curso podrá ser removido de su cargo por causa justificada, previa advertencia. Y usando toda la prudencia y delicadeza necesarias para no originar algún tipo de trauma.

Duración del cargo: el que estimes oportuno. Hay quien lo va rotando cada siete o quince días…Nos inclinamos por un período mucho más largo.

Si al acabar el mandato, ejemplar, del delegado de curso lo crees merecedor de un sencillo regalo escolar pues…lo planteas ante sus compañeros. Con toda seguridad lo aceptarán con entusiasmo, y sin nada de envidia.

Advertirás a toda la clase que cuando llegue el día de la votación cada uno podrá, libremente, votar o no votar. Y que, el que deposite su voto, podrá indicar en la papeleta doblada el nombre de su candidato, o no indicar ninguno. Eso sí, comentarás la conveniencia de participar indicando tu candidato para que tu opinión sea tenida en cuenta.

También comentarás que no sería recomendable, a la hora de elegir candidato, optar por el más amigo, el más listo, el que mejor juega, el más simpático, el que impone su criterio a los demás, etc. Se trata de acertar con el más responsable, integrado y aceptado en el grupo, y comprometido con la tarea escolar.

Nosotros nos inclinamos porque todos los alumnos sean candidatos pero no descartamos que se haga una consulta en la clase sobre la conveniencia de que los candidatos a delegado de curso sean los que voluntariamente presenten su candidatura.

La campaña electoral, ¡?, si la hay, deberá hacerse fuera del aula: en el recreo, en la calle,…y, por supuesto, sin aceptar coacciones o chantajes que serían comunicados al maestro. Todo esto, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, lo advertirás las veces que sea necesario.

Llegado el día de la votación, recordemos que son niños de unos seis años, escribirás en la pizarra el nombre de los candidatos. A cada nombre le adjudicarás un número que escribirás al lado: puede ser que alguno no sepa escribir bien el nombre elegido. Escribiendo el número sería suficiente.

Repartirás un papel a cada uno para que, con absoluta intimidad y secreto, los que vayan a votar indiquen a lápiz su candidato (que pudiera ser él mismo). A continuación, y sin que nadie pueda leer lo escrito, doblarán varias veces la papeleta y la dejarán sobre su mesa. Tú indicarás entonces que, con orden, cada uno lleve su voto doblado y lo deposite sobre tu mesa, a la vista de todos.

Llamarás a dos alumnos para que lleven a cabo el recuento de los votos emitidos. Uno abrirá el voto, lo enseñará despacio a toda la clase leyendo el nombre o número; y tú lo comprobarás. El otro alumno escribirá en la pizarra, junto al nombre indicado en el voto, una marca o señal. El voto leído se dejará, a la vista de todos, en otro lugar de tu mesa o en un recipiente.

Acabado el recuento será designado delegado de curso, o delegada, quien haya recibido más votos. Si todos están conformes se romperán los votos emitidos en trocitos pequeños que irán a la papelera. A continuación, el nuevo delegado podría borrar la pizarra.

Todo el proceso aquí relatado, insistimos en que son niños de seis años, se hará con la seriedad que corresponda a la edad de los votantes a la vez que no se coartará la curiosidad, entusiasmo, simpatía y bullicio infantiles. Y, en lo posible, en un ambiente relajado y sin estridencias.

Les indicarás que, al igual que con cualquier otra actividad escolar, deben contar a su familia la jornada electoral y el resultado de la votación.

¿Ventajas de lo indicado?: De todo tipo, y corto y largo alcance. No necesitas, y
tú lo sabes, que te lo demos todo masticado. Ánimo.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

viernes, 18 de mayo de 2012

Beethoven


Parece que no tiene fácil remedio. Nos referimos al ruido.                       

Ya comentamos en anteriores ocasiones que hay colegios con una acústica que perjudica el normal desarrollo de la actividad escolar o que están ubicados en zonas que soportan más decibelios de lo deseable.

Lo que sí debería tener remedio es el ruido generado por los ocupantes del colegio:

Incluso el sonido de la sirena, o campana, podría atenuarse y no llegar a ser molesto. Sin dejar de ejercer su función.

Alumnos que entran en tropel a voz en grito cuando llegan de sus casas, regresan del recreo, esperan algún cambio de maestro, van por el pasillo por algún motivo, regresan a sus casas…o, simplemente, dominan el ámbito del aula e ignoran los gritos impotentes e inútiles de su tutor.

Lo anterior no es lo generalizado, afortunadamente, en los colegios públicos. Hace tiempo que venimos indicando pautas para evitar esas situaciones.

Sin llegar a casos extremos sí hay maestros que utilizan una ineficaz intensidad de voz que en absoluto favorece un ambiente de aprendizaje. Y que propicia, por contagio, el que sus alumnos vayan imitando lo que escuchan a diario.

Si los alumnos provienen de una familia acostumbrada al grito y al ruido (al expresarse, al poner en funcionamiento aparatos de sonido, etc.) habría, con discreción y delicadeza, hacer ver lo inadecuado y pernicioso de dicho hábito. Incluso a la propia familia en el tiempo de la tutoría.

Siempre te queda el recurso, sin dirigirte a nadie en concreto, de comentar con todos tus alumnos que estas situaciones pueden ocurrir con los perjuicios que conlleva: pérdida de audición, distintos tipos de trastorno, molestias a los demás, etc. Y que es una pena que los protagonistas no pongan remedio para mejorar su calidad de vida y evitar perjudicar la de otros, sobre todo la de los más pequeños.

No dudes, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, que tú sí podrás conseguir que tus alumnos, al menos el tiempo que estén contigo, sí se comuniquen sin decibelios que los perjudiquen y dañen a otros. Recuerda lo que indicamos en otras colaboraciones. Les encantará seguir esas pautas ya que serán ellos los primeros en disfrutarlas.

¿Y la nefasta manía de poner el volumen a toda pastilla?
Sí: en salidas fuera del centro, en las celebraciones escolares que se desarrollan durante el curso en el salón de actos (o lugar habilitado), patio, etc. Con, o sin, presencia de las familias. No hay forma de evitar que se machaquen hasta extremos insufribles los tímpanos y demás órganos de los oídos de los menores, y mayores, asistentes. ¡Incluso de bebés!

Habría que rebelarse e indignarse. Y obligar, a quienes corresponda, que atiendan al sentido común y a la más elemental precaución para no dañar la salud. Así.

¿Y qué decir de algunos comedores escolares ubicados en recintos nada adecuados, o casi? Menudo follón, a diario. Un griterío que impide cualquier acción pedagógica sobre los hábitos alimenticios. ¿Sentará bien la comida?  Así, no hay forma.

Bien es verdad que en las salas de cine así como en otros lugares terminarán de rematar la faena. ¿Un país de sordos algo tocados? Si al menos surgiera un genio…

Si a nuestros alumnos los vamos haciendo objetivamente críticos con la-s realidad-es que nos rodea-n es posible que la sociedad mejore algo.

Saludos.

lunes, 14 de mayo de 2012

Sala de espera


Hay un día y hora a la semana previsto para las tutorías individuales. Ya indicamos la necesidad de que acudan los padres, acompañados por sus hijos, a dichas tutorías cada mes y medio, aproximadamente.

Algunos compañeros, los menos, eluden ese encuentro tan imprescindible alegando que si el alumno no presenta problemática o dificultad destacable es mejor no molestar a la familia para que acuda a la tutoría, que habría poco que comentar... Ni ellos mismos se lo creen aunque es posible que algunas personas, incluso padres, lo acepten como lógico o normal. Así nos va.

Había algún compañero que para llegar al colegio transitaba por unas calles poco frecuentadas por los alumnos y padres. Así evitaba verse con ellos. ¿!

Pero, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, sigamos con lo que nos interesa.

Debes evitar llegar tarde a la hora de iniciar el tiempo de tutoría; sería mal comienzo. Igualmente, si acabado el tiempo previsto hubiera padres e hijos pendientes de que tú los recibieras deberás atenderlos aunque sobrepases la hora establecida. Sé generoso con tus alumnos y familia. Percibirán tu dedicación y entrega.

Es fácil que se reúnan varias personas en el pasillo junto a la puerta de tu aula esperando ser recibidas por ti. Hay que facilitar las cosas: Saca sillas al pasillo para que la espera sea cómoda, Y cierra o entorna la puerta mientras atiendes al que corresponda según orden de llegada.

Situarás dos o tres sillas junto a tu mesa para que las ocupen tu alumno y la-s persona-s que lo acompañe-n.

Agradeces la presencia en el aula a esa hora y pones sobre tu mesa la ficha de seguimiento de tu alumno y sus cuadernos de trabajo (que verán sus padres).

Explicas, y pormenorizas, los logros y dificultades que vienes observando en el aprendizaje de las distintas áreas. Como tus fichas de seguimiento de cada alumno estarán con muchas observaciones y calificaciones no te resultará nada complicado trasladar estos datos y tu valoración a los padres y alumnos. También debes referir la actitud y comportamiento de tu alumno en el aula, con sus compañeros (incluidos los más retrasados en el aprendizaje o con algún tipo de carencia), en el patio, con otros profesores, con el equipamiento del colegio, etc. Y no olvides valorar su actitud ante el aprendizaje y su convencimiento de que no se va al colegio para obtener buenas calificaciones.
Valorarás positivamente ante tu alumno y sus padres las habilidades o iniciativas en las que destaque: liderazgo, deportes, artística, lenguaje, matemáticas, ecologismo, aceptación por parte de sus compañeros, simpatía, originalidad y creatividad, capacidad de intervenir para resolver conflictos entre otros compañeros, etc.

Te interesarás, con discreción y si los padres lo aceptan, por el comportamiento de tu alumno en su casa y con su familia: colaboración en las tareas domésticas, convivencia con sus hermanos y demás familia así como con sus amigos y vecinos, aceptación de las normas establecidas a la hora de comer, irse a dormir, tener su cuarto presentable (cama, ropa, calzado, juguetes,…), etc.

Procurarás, si tuvieras que indicar a los padres alguna circunstancia escolar mejorable de su hijo, hacerlo con cercanía y afecto (incluso con simpatía), con el tono de voz ya indicado muchas veces, sin insistir en la negatividad pero no faltando a la verdad. Insistirás en el ánimo colaborador de tu alumno para mejorar lo mejorable y en tu confianza en que con tu actuación y colaboración familiar superará y mejorará lo que seposible y necesario. 

Esta forma de actuar influirá para que los padres no utilicen, gratuita e irresponsablemente, ciertas expresiones poco adecuadas al referirte aspectos de la personalidad o comportamiento de sus hijos. Llegado el caso no dudes en corregir delicada y respetuosamente, y con afecto, a los progenitores. Ni a ti ni a ellos os asiste el derecho a denigrar o humillar al alumno allí presente. Faltaría más. Son niños de seis años. Y si fueran de más edad…igual.

Agradeces a los padres la colaboración prestada en la casa a su hijo en alguna sencilla tarea o deber escolar: aprender y recitar alguna poesía, usar el diccionario, reforzar sencillas equivalencias y series numéricas, etc. Como si fuera casi como un juego.

Si tuvieras constancia de que tu alumno no recibe en casa ningún tipo de ayuda en sencillos deberes escolares deberás recabar de los padres su colaboración ya que resulta imprescindible para la labor educativa con su hijo. Te comprenderán. Y lo agradecerán.

Debes recabar de los padres cualquier tipo de circunstancia que debas conocer y tener en cuenta sobre tu alumno referente a la salud, dificultad o problemática de cualquier clase, etc.

Te interesarás especialmente por conocer si tu alumno, a diario, cuando vuelve del colegio comunica a sus padres lo que ha hecho en clase, lo que ha aprendido, lo que ocurrió durante el recreo, etc. Y… si tiene más amigos, se lo ha pasado bien y tiene ganas de volver al día siguiente.   

Antes de iniciar las tutorías individuales, siempre con la presencia de tu alumno, advertirás en clase que, a veces, los padres o el profesor pueden necesitar intercambiar información sin que el alumno deba estar presente. Lo aceptarán, respetarán y asumirán como algo lógico y natural.

Llegada esta circunstancia durante la tutoría, indicarás a tu alumno que se retire al pasillo y espere que se le vuelva a llamar. Puede haber circunstancias familiares que debas conocer en privado.
Si practicas, en mayor o menor medida, las indicaciones metodológicas y pedagógicas que hemos venido relatando desde hace ya mucho tiempo, y llevas las visitas de padres de la forma que te hemos indicado, mejorándolas con tus propias aportaciones, te garantizas una elevada calidad educativa, prestigio y el respeto de las familias, alumnos…y de tus propios compañeros. Pero no te creas un “figura”: eres uno más de los maestros de la escuela pública que intentan mejorar la sociedad que nos ha tocado.

Saludos

miércoles, 9 de mayo de 2012

Tranquilo: No te van a comer


Sobre la anterior colaboración y, en concreto, sobre los problemas matemáticos: Facilítales varios caminos para llegar al resultado. Les abre la mente, los hace creativos, relacionan mejor diversos conceptos…y les hace sentirse más seguros en sus capacidades.

Ha habido alumnos que nos han sorprendido, con seis o siete años, al llegar a la solución de sencillos problemas a través de sorprendentes y eficaces procedimientos matemáticos. Y no olvides lo dicho: Manipulación de objetos y ligera representación teatral emocionada para plantear las cuestiones o problemas. Sin prisas.

Y hablando de creatividad: Deja cierto margen de libertad creativa para que tus alumnos, dentro de un orden y sin olvidar la debida buena presencia de las actividades realizadas en las libretas, puedan plasmar en dichas actividades de vez en cuando su impronta a través de dibujos, recortes, pegatinas, colores, distribución de los espacios, tipos de letras, utilización de otros materiales, etc. Les entusiasma, divierte e impulsa en el aprendizaje.

Primera y muy deseada reunión colectiva con los padres de tus alumnos:
Ya dijimos en su momento que los padres, antes de la primera reunión,  ya te conocerán sobradamente por los testimonios que tus alumnos habrán manifestado ante sus familias; y por los contactos que puedas haber tenido con los progenitores.
A esta reunión colectiva no deben acudir los alumnos, solo los padres.
Concederás unos cinco minutos de cortesía para los padres que pudieran retrasarse.

Al comenzar les agradeces su presencia. Tu tono de voz, forma de mirar y dirigirte a ellos, la seguridad e ilusión (no exenta de realismo) que desprenderás al hablar de la educación de sus hijos, la necesidad de contar con su colaboración en todo el proceso educativo, etc. te van a garantizar un apoyo imprescindible y duradero.
Por cierto, que si tu forma de dirigirte a los padres se parece algo a lo que indicamos en relación con la comunicación con tus alumnos, mejor. Sin que resulte artificial o poco sincera. Naturalidad.

Los padres podrían sentarse en las sillas, o alrededores, de donde se sientan sus hijos. Les hace ilusión y visualizan de alguna manera a sus hijos allí situados. Tú podrás estar sentado en tu silla inicialmente aunque lo normal es que te levantes para utilizar la pizarra, te apoyes discretamente en tu mesa…Naturalidad y cercanía.

A los progenitores que vayan acudiendo les preguntarás el nombre de su hijo y anotarás en la ficha de seguimiento del alumno el día de la reunión y si acudieron el padre y la madre, o solo uno de ellos.

Los padres podrán preguntar lo que deseen durante la reunión. Advertirás que deberán ser preguntas de interés colectivo ya que las de carácter particular se formularán en las horas de tutoría. O al acabar la reunión.

Explicitarás el contenido de las fichas de seguimiento donde irás reflejando a diario calificaciones y observaciones que merecen tus alumnos: Explicarás a los padres todo lo que hemos expuesto sobre los objetivos y forma de desarrollar la lectura, expresión oral, vocabulario, poesía, comprensión oral y escrita, dictado, redacciones, cálculo, nociones, problemas, etc. etc. No olvides los aspectos artísticos y deportivos.

Indicarás la necesidad de que duerman las horas necesarias, de que acudan desayunados y, en lo posible, con sus necesidades fisiológicas hechas, de la puntualidad al acudir al colegio, de llegar aseados, de que los bocadillos y bebidas, o frutas, que consuman durante la mañana sean sanos y nutritivos, de que aporten a diario los útiles y  materiales escolares  precisos, etc. También explicarás la forma y frecuencia, ya expuestas con anterioridad en otras colaboraciones, de acudir a los servicios, de “castigar” a los infractores de las normas escolares y morales, etc.                                         

No se te olvide indicarles a los padres que sus hijos (seis años) no van a tu clase a sacar buenas notas: Puede que la sorpresa inicial sea mayúscula e inesperada. Te toca, con el lenguaje y argumentos que ya conoces, convencerles de la conveniencia de asumir tus postulados ya que han dado, y seguirán dando, resultados más que eficaces y, por supuesto, por encima de los niveles exigidos. Y evitando angustias limitantes e inútiles.

Les advertirás que, dentro del proceso escolar, tienes la intención de iniciar, poco a poco, una educación afectivo-sexual algo adelantada a lo que exija su desarrollo psico-afectivo para garantizarles, con naturalidad, un conocimiento y asunción de su sexualidad  que conllevará el respeto a su propio cuerpo y al de los demás. En los colegios hay textos con ilustraciones, incluso algo antiguos, que abordan el tema con una naturalidad y simpatía sorprendentes. Sin mojigaterías ni influencias de creencias varias.

Si algún progenitor tuviera algún reparo en esta cuestión deberás tenerlo en cuenta. A nosotros nunca nos ocurrió algo así. Sería raro.

Además, les indicarás los resultados conseguidos en esta educación afectivo-sexual durante muchos años de docencia por muchos maestros: Alumnos con una madurez, conocimiento, naturalidad, simpatía y responsabilidad evidentes.

Que no se te olvide indicarles que intercalas, en las tareas escolares, canciones o interpretaciones musicales, juegos, adivinanzas, lectura del periódico…con objeto de aliviar el posible cansancio, pasarlo bien y favorecer el aprendizaje.

Les dirás que para ti y tus alumnos es fundamental la comunicación personal. Y que igual que tú les expones experiencias personales de las que extraer consecuencias, ellos también lo hacen. Y que el ambiente en la clase es relajado, respetuoso, alegre, estimulante, proclive al aprendizaje y, por si fuera poco, con un mutuo y sincero afecto. Y que si el niño les traslada algo parecido a una queja o dificultad del tipo que sea, además de escucharles con atención deben, los padres, acudir a ti para conocer tu versión y opinión. Sin caer en una sobreprotección excesiva, desequilibrada y nefasta.

Solicita de los padres de tus alumnos, porque es absolutamente necesario y útil,  su presencia, acompañados del alumno, cada mes y medio, aproximadamente, para la visita de tutoría. Les indicarás que tienes la costumbre de anotar en las fichas de seguimiento de cada alumno las fechas en que se realizarán dichas tutorías. Y que, para una matrícula de poco más de veinte alumnos, es muy fácil alcanzar unas noventa visitas de padres durante el curso.

Y, lo último, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que tú y tus alumnos estáis acostumbrados a dejar las tareas escolares cuando suena la sirena para salir ya que ni estáis deseosos de abandonar el aula ni os sentís agotados. Así pues que los padres se acostumbren a que sus hijos vayan siendo los últimos en llegar a la puerta del colegio. Dicho con naturalidad, cercanía y afecto.

Enriquece lo expuesto con todo lo que se te ocurra para hacer más fructífera este tipo de reuniones colectivas. Te juegas mucho.

Hasta la próxima, si ha lugar. 

Saludos.


martes, 10 de abril de 2012

Run-run

Breve comentario sobre la anterior colaboración: Dijimos que los alumnos no copiarían en sus cuadernos ni los enunciados ni las respuestas de la mayoría de los ejercicios de los textos para que no se cansaran y aburrieran. Habrá ocasiones y ejercicios que sí habrá que reflejar en los cuadernos…pero procurando que sean los imprescindibles. Mantenemos la apuesta por una metodología oral, participativa y colectiva.

Los colegios suelen disponer de materiales que facilitan el aprendizaje matemático, desde la humilde plastilina de colores y ábacos hasta el último grito que haya salido.

Los alumnos deberán tener a la vista durante todo el curso las equivalencias del sistema de numeración, hasta la centena en primero, para poder manipularlas en el aprendizaje. Esto de la manipulación es muy importante y deberías practicarlo a diario. A ellos les divertirá.

A la hora de corregir los ejercicios de cálculo, una vez aprendidos, podrías intercambiar las libretas entre tus alumnos. Se fijarán de la corrección hecha en la pizarra, por ti o por otros alumnos, y anotarán la calificación que corresponda (abreviaturas de bien-mal-regular) junto a cada operación. Exigirás la correcta escritura de las cifras y raya, la verticalidad adecuada, la presencia del signo igual y la limpieza y separación proporcionada de las operaciones.

Si las corrigieras tú, en algún momento del horario, te llevará un tiempo que, conforme venimos exponiendo, necesitarás para desarrollar con tus alumnos otras actividades más interesantes y, quizás, más necesarias. Oye, te queda la opción de corregirlas en casa.

A tus alumnos les recordarás que no pueden alterar por su cuenta (no podrán utilizar la goma) el resultado que su compañero haya puesto ya que no le haríamos ningún favor. Vigilarás durante algunos días…luego ellos habrán interiorizado la honestidad del proceso y no será necesario que estés demasiado pendiente.

A continuación, y siguiendo el orden de las fichas de seguimiento, preguntarás a cada niño qué tipo de calificaciones ha obtenido su compañero. Anotarás en cada ficha lo que corresponda.

Devueltas las libretas a sus dueños (no podrán utilizar la goma ni añadir nada a lápiz) mirarán con lupa si los han corregido bien. Si alguno estuviera disconforme acudirá a tu mesa para la comprobación y rectificación, si procede. No acusará al compañero que se haya equivocado ya que habrá sido sin querer.

Cuando vayan llegando los problemas utilizarás la manipulación de objetos al tiempo que utilizarás una breve y algo emocionada dramatización para que capten la situación planteada a resolver. En lo posible no copiarán el enunciado aunque sí podrían hacer referencia a la página del libro y número del problema. Que no hay que cansarlos…sin necesidad.

Llegado el momento contemplarás la conveniencia de que la corrección se haga de forma algo similar al cálculo. En lo posible.

Cuando se corrijan los problemas en la pizarra, por ti o por los alumnos, también acudirás a la manipulación de objetos y pequeña dramatización. Les entusiasma.

Si alguien conoce estos últimos escritos o colaboraciones, y no ha accedido a casi todos los anteriores, es posible que le llegue una forma de ejercer la docencia bastante parcial, incompleta y no del todo estimulante y eficaz. Todo lo que hemos expuesto, y lo que vendrá, está muy interrelacionado: forma algo así como un todo.


Alia res:

Parece que no hay más remedio que buscar la eficiencia, no solo educativa, en todo el sistema escolar que tenemos o sufrimos. Ya era hora. Roguemos para que con la mayoría de apoyos consensuados posibles, con un cuerpo de maestros deseosos de ser más entusiastas, honestos, comprometidos y eficaces, y con una sociedad consciente de lo que se juegan sus hijos y nos jugamos todos…vayamos olvidando y superando las penosas realidades que nos vienen acompañando desde hace décadas. Se puede. Y no es nada complicado, está al alcance de cualquiera…que se lo proponga.

Hay un run-run sobre la duración y aprovechamiento de los periodos vacacionales, sobre las ratios (en algunos casos llamativas por lo minúsculas), sobre las horas lectivas, sobre la forma de ejercer las clases de apoyo y su control, sobre la seguridad del maestro en su puesto de trabajo, etc. Si cualquier cambio favorece lo expresado repetidas veces, y más con la que está cayendo y viene de camino, habrá que considerar la conveniencia de algunas modificaciones. No se nos pongan airados algunos compañeros.

A veces, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, mientras menos obligaciones asumes menos ganas tienes de trabajar. Es así porque va con nuestra naturaleza, al menos en algunos casos. Habría que tener una moral como la del Alcoyano para no sucumbir a: como son pocos niños, como ya saben casi lo suficiente, como nadie controla mi labor, como hoy he tenido un mal día, como hay otros compañeros que hacen menos que yo…¿Seguimos?

Como siempre hemos reconocido la inmensa mayoría no se ve reflejada en lo que acabamos de exponer.

Va a ser verdad uno de los significados del título de estos comentarios: Es la hora de que todos, maestros y sociedad, estemos comprometidos con la mejora del sistema educativo.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

martes, 3 de abril de 2012

“¡Estamos tan a-gustito!”

Es posible que te asalten serias dudas sobre cómo y cuándo realizar las actividades indicadas en los textos. La comprensión escrita, dictado y redacción, que deben ser semanales, se van a llevar un buen bocado del horario. Y las diarias lectura, comprensión oral, poesía, vocabulario, diccionario, matemáticas, conocimiento del medio, etc. se llevarán lo que vaya quedando del horario lectivo.

Se nos ocurre, después de comprobar sus buenos resultados, lo siguiente:

Aplica una metodología oral, participativa y colectiva para realizar la mayoría de las actividades de los textos. Todos leerán contigo el enunciado de la actividad que corresponda (ordenar palabras, sinónimos y antónimos, relacionar palabras, completar textos, ordenar y completar series numéricas, establecer equivalencias, etc), y aclararás las dudas que puedan surgir.

Por el orden que figure en tus fichas de seguimiento cada alumno irá respondiendo en voz alta a la cuestión que le toque. Si acierta, toda la clase escribirá en el lugar correspondiente del libro (si está permitido) la respuesta correcta que tu alumno, previamente, habrá escrito en la pizarra. Si no lo pudieran hacer en el libro tendrás que inventarte algún sistema que no los aburra ni canse para que se reflejen las actividades. Y tú, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, irás plasmando en las fichas de seguimiento la calificación y observación que corresponda. Así reunirás una gran cantidad de datos escolares de tus alumnos que te facilitarán la evaluación continua y personalizada así como la necesaria información a la familia.

Todo esto te exige el estar muy atento y pendiente de la clase, mantenerles la atención y esa sana tensión por el aprendizaje. No es un juego de niños aunque se disfruta como si lo fuera.

O sea, que no copiarán en sus cuadernos ni los enunciados ni las respuestas. Ya sabes que se trata de no aburrirlos y cansarlos inútilmente. Lo importante, que te garantiza éxito personal, escolar y docente, es lo que indicamos al comienzo de esta colaboración y que ya hemos repetido hasta la hartura.

De esta forma se agiliza el cumplimiento de la mayoría de  las actividades que vienen en los textos, se mantiene la atención y el entusiasmo, y surge una sana emulación entre tus alumnos. Si te parece, prueba.

Oye, lo que sí harán individualmente serán los ejercicios de cálculo, problemas, etc. Ya hablaremos algo de ello en posterior ocasión.

Habrá algunas actividades que se presten a divertidos adelantos y retrocesos en la fila de los niños puestos de pie delante de la pizarra. Ninguno querrá quedar en los últimos puestos. Y… ahí estarás tú para evitar, en lo posible, actitudes de superioridad o humillación.

Y, si nos apuras, sería muy buena ocasión para reconocer y aceptar que cada uno tiene sus capacidades, limitaciones, ambiente familiar y ayuda en las tareas, etc. Pero que lo importante, como hemos indicado en anteriores ocasiones, es que cada uno persiga mejorar desde su punto de partida y condiciones, tanto en la escuela como en la vida. Y que los más capacitados, y los menos, deben sentirse contentos consigo mismos y procurar relacionarse entre ellos con respeto, aceptación, simpatía y colaboración.


Alia res:

Si alguien deduce que es en la escuela pública donde ocurren, casi con exclusividad, las situaciones que hemos venido refiriendo estará, más o menos voluntariamente, queriendo vivir engañado.

Conocemos testimonios y situaciones que se dan en algunos centros de la enseñanza privada, y con determinados alumnos, que…  vaya, vaya.

Sigamos.

Antes de iniciar cualquier tipo de control, examen (previsto o no), etc. es muy necesario que tengas esto en cuenta, si te parece:

Les hablas muy relajadamente y les invitas a que apoyen la cabeza sobre los brazos encima de la mesa y vayan cerrando los ojos. Como si fueran a dormirse.

Tú pasearás entre las filas de mesas y con voz convincente, muy relajada y pausada, les irás diciendo que la actividad que realizarán a continuación no es lo más importante en su vida, que se trata de comprobar si han asimilado y aprendido lo que correspondía, que los que hayan podido estudiar algo en casa, o recibido ayuda, es probable que lo recuerden mejor, que no realizamos la actividad para sacar buenas notas ya que eso no es lo más importante, que los que se equivoquen o no lo recuerden pueden, posteriormente, repasar, solicitar ayuda y aprender, etc. Todo muy relajado.

Para que lo anterior les cale y surta los efectos deseados debes, también, decirles que los brazos y las piernas les pesan cada vez más, que los ojos se les van cerrando, que respiran cada vez más relajadamente, que no sienten preocupación alguna, etc. Y… que no es la hora de dormir. Todo muy relajado y con un tono de voz natural o pelín grave.

Lo dicho en los párrafos anteriores durará, como mucho, unos tres minutos. A continuación les invitarás a que levanten la cabeza, se sienten correctamente y comiencen a realizar la actividad de control que corresponda. Algunos te dirán que se encontraban “tan a-gustito”, que por qué no seguían así un ratito más, que se iban a dormir, que por qué no se relajaban de esa manera en otros momentos del día,…

Es seguro que durante los primeros días algunos alumnos, pocos, intenten llamar algo la atención abriendo los ojos, sonriéndose ligeramente, o cosas así. No le des importancia alguna y verás como paulatinamente no sentirán la necesidad de ese comportamiento; además, la actitud de la mayoría disipará esas iniciativas de “niño chico”.

El resultado de todo esto que venimos relatando desde hace ya muchas fechas lo percibirás y disfrutarás, junto con tus alumnos y sus familias, desde el primer día. Y, no lo dudes, el nivel de aprendizaje de tus alumnos superará fácilmente los objetivos marcados para ese nivel. Merece la pena.

Para no desconectar de la actualidad: ¿Huelga por el funcionamiento y resultados del sistema educativo? No habría que dudarlo mucho… siempre que se contemplara también la huelga a la japonesa. Coreana o finlandesa.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

lunes, 26 de marzo de 2012

Tensión bajo control

Si para la corrección de alguna actividad escrita hecha en la pizarra necesitaras más de un día, adviertes al personal de limpieza para que no la borren. No traslades a tus alumnos, y menos en estas edades, la necesidad de ir con prisas a la hora de corregir, todo debe ser más bien pausado y sin muchos acelerones.

Toca corregir las dos redacciones que están en la pizarra.

Llamarás primero al autor de una de ellas para que te acompañe, de pie, junto a la pizarra. Irás leyendo, despacio, lo escrito. Ante cualquier fallo o equivocación (caligrafía, ortografía, vocabulario, etc) preguntarás al autor si sabe por qué se ha equivocado; si lo sabe, se corrige en la pizarra con tiza de color y si no lo sabe, preguntarás a toda la clase (¿dónde se ha equivocado?, ¿ por qué se ha equivocado?) y también se corrige en la pizarra. Si nadie lo supiera lo indicas tú. Lo indicado es una forma, entre otras, de captar y mantener la atención; procura conseguirlo para cualquier actividad que se preste.

La corrección abarcará desde el título hasta el dibujo alusivo. Anotarás en tu ficha de seguimiento del alumno lo que corresponda. Siempre tendrás algún motivo para valorar positivamente, ante todos los alumnos, lo escrito y dibujado por tu alumno, sin dejar de reconocer los fallos: el esfuerzo que ha hecho, la dificultad de la redacción, la imaginación y creatividad que ha plasmado, el asumir los fallos como algo natural en el aprendizaje ( y en la vida) para poco a poco ir mejorando…y la perseverancia que tu alumno manifiesta para, con tu ayuda y su trabajo, ir logrando una expresión escrita que, al igual que con otras tareas escolares, le reportará satisfacciones de todo tipo.

Junto a la redacción corregida en la pizarra indicarás la calificación (con tiza de color queda más “guay”) que crees se merece. No estaría mal que, antes de indicarla, con ánimo participativo comentaras con el autor y compañeros los motivos de dicha justa calificación. Así todos se involucran más en el aprendizaje y aprenden, antes de corregir o juzgar, a tener en cuenta diversas variables.

Te queda por corregir, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, la otra redacción de la pizarra. Si la pizarra es digital…

Las redacciones hechas en las libretas con renglones de dos rayas las irás corrigiendo poco a poco en presencia del autor, que acudirá a tu mesa. Indicarás con boli los fallos y la calificación que reflejarás en la ficha de seguimiento.

Tendrás en cuenta los fallos ortográficos o de vocabulario de las redacciones para incluir esas palabras, bien escritas, en próximos dictados.

No les limites, de forma imperativa, la extensión de sus escritos en las libretas. Tiene que haber cierto límite de tiempo, faltaría más, pero, ya sabes, que se sientan libres. Y elogia con algo de sincera admiración simpática, ante todos, los logros que vayan obteniendo tus alumnos en cualquier actividad escolar. No se te ocurra fingir o engañar al manifestar tus elogios porque, además de ser inútil,… tus alumnos lo percibirán. Y tú no eres de esos.

Repetimos una vez más: Todas las semanas harás con tus alumnos comprensión escrita, dictado, redacción…amén de las diarias lectura, comprensión oral, poesía, vocabulario, diccionario, matemáticas, etc. No tendrás tiempo de perder tiempo. Los resultados los disfrutarás desde los primeros días…y sin estrés. Prueba.

Alia res:

Ya hemos comentado alguna vez que hay que tener mucho cuidado con una excesiva exigencia (que podría derivar casi sin darnos cuenta hacia determinado tipo de violencia verbal o física) a la hora de obtener, cuanto antes mejor, resultados positivos de los alumnos. Dado que es un proceso y que todos los alumnos no son iguales ni llegan en los mismos niveles de conocimientos y destrezas, es muy importante que te relajes, organices tu clase y actividades…y esperes que vayan llegando los resultados de tu labor. Cada alumno necesitará el tiempo que sus circunstancias demanden.

Tú sigue, diariamente, sembrando la mejor pedagogía de la que seas capaz.

Insistirás, desde el primer día y con frecuencia, en que a tu clase no se va a sacar buenas notas; que si alguno es lo que pretende, influido por terceras personas, sería mejor que cogiera su mochila y se buscase otra clase y otro profesor. Incluso podrías, con un gesto ligeramente teatral pero sincero, abrir la puerta de la clase dando a entender que el que quiera irse… Estas últimas palabras, dichas como ya sabes, los compromete y cautiva, que de eso se trata.  Ya expusimos hace tiempo los objetivos de acudir a tu clase: pasarlo bien, tener amigos, respetar a las personas y a lo que nos rodea, colaborar y ayudar a los demás…y a aprender.

Si lo del párrafo anterior lo dices con convicción, sinceridad, empatía, cercanía y en un ambiente relajado, el mensaje calará y perdurará.

También les advertirás, son criaturas de seis años, de los riesgos de estar obsesionados por las calificaciones. Les dirás que has visto y conocido a muchos alumnos, y familias, que lo pasan muy mal cada vez que hay una entrega de notas: llanto, angustia, disputas familiares, conflictos con el colegio, envidias y enfados entre compañeros, autoestima lesionada, falta de ilusión para proseguir el aprendizaje…y algo más que, aunque ocurra lejos de nosotros y sea esporádico, no debes contarles: la tragedia de algunos alumnos que abandonaron esta vida, fundamentalmente, por esto de lo que estamos comentando.

Maestro, puede que deduzcas, erróneamente, que los alumnos no se esforzarán en sus tareas escolares si se les inculca que las calificaciones no son importantes.

Nuestra experiencia, curso tras curso, evidencia justo lo contrario. Tus alumnos, si practicas algo así como lo que venimos exponiendo durante ya bastante tiempo, se esforzarán en sus obligaciones escolares sin el lastre de un estrés y angustia que los limitarían y perjudicarían sin necesidad. Sí tendrán una sana tensión por el aprendizaje que siempre es necesaria. Los resultados: sorprendentes, eficaces y estimulantes.

La evaluación continua, con la asunción de los logros, limitaciones y dificultades, los protegerá de llevarse un berrinche cada vez que haya entrega del boletín de calificaciones. Es muy probable que sí les acompañe algo de las situaciones negativas indicadas anteriormente, es casi imposible eliminarlas por la presión familiar o escolar, pero ten la seguridad de que sus efectos en tus alumnos serán muy limitados, poco traumatizantes y que no les impedirá proseguir con su proyecto personal y escolar.

¿Las familias lo entenderán y asumirán? Sí. En la primera reunión con los padres, al comienzo del curso, lo explicarás    y responderás a las legítimas dudas que te puedan plantear.

Los padres, antes de la reunión, ya te conocen bastante bien puesto que tus alumnos no habrán dejado de relatarles, asombrados y entusiasmados, diversas circunstancias sobre tu forma de ser y actuar. A diario.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Arrimamos el hombro?

Algunas de las preguntas de la comprensión, oral o escrita, deben estimular la creatividad, originalidad, capacidad de improvisación y reflexión, etc. de los alumnos. Todas las preguntas no deben tener siempre un nivel de exigencia elemental.

Y algo más sobre la lectura: Siempre, en la lectura colectiva o individual, harás observaciones para que se fijen en la ortografía de algunas palabras y signos de puntuación, en la concordancia, en el uso de mayúsculas, en el estilo directo e indirecto a la hora de expresar los diálogos, en la adecuación de algunos adjetivos, etc. Y no olvides, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que estamos en un nivel de primero de primaria.

Sobre la expresión escrita:

Una vez dominado el proceso lecto-escritor de este nivel se deben iniciar, sobre el segundo trimestre, ejercicios de expresión escrita que, gradualmente, irán ganando en extensión y complejidad. En los textos te vendrán indicados diversos enfoques para esta actividad.

Con independencia de los textos te sugerimos esto que puedes modificar, mejorar o no tener en cuenta: Todas las semanas, al igual que con el dictado, saldrá a la pizarra un alumno que, subido en una silla, escribirá una composición o redacción; siempre la acompañará un dibujo alusivo al texto escrito. Si divides la pizarra en dos mitades con una tiza podrán salir dos alumnos al mismo tiempo; les indicarás la conveniencia de que no se fijen en lo que el otro escriba.

¿Sobre qué escribirán? Sobre lo que hayas sugerido y acordado con tus alumnos: inventarse una historia sobre una o dos palabras dadas, cambiar el final de un cuento conocido, sobre un dibujo inventarse un cuento, narrar una historia sobre alguna experiencia o noticia conocida por todos,…las posibilidades son casi infinitas. Siempre incluirán un dibujo alusivo, coloreado o no; y lo situarán donde su imaginación y creatividad les indique.

Muy, muy importante: No te olvides de la motivación antes y durante la actividad. Podrán crear sus propias historias con los personajes que quieran, viajarán con la fantasía a lugares sorprendentes, ocurrirán aventuras increíbles, podrán inventarse palabras nuevas, irán sintiéndose orgullosos de sí mismos al comprobar como, poco a poco, dominarán la expresión escrita, etc.

Habrá motivación estimulante en todas las actividades escolares que desarrolles con tus alumnos. En todas. Aunque tengas que dramatizar algo de forma simpática.

Mientras los dos alumnos de la pizarra, con el respaldo de la silla hacia la pared, escriben sus redacciones, el resto de la clase la escribirá en sus cuadernos de renglones de dos rayas. Tu tono de voz y forma de dirigirte a ellos los convencerá de la inconveniencia e inutilidad de intentar copiarse de la pizarra. Es más positivo equivocarse, aceptarlo, corregirlo y aprender. Todo muy relajado, franco y estimulante.

Les indicarás un tiempo suficiente para el desarrollo de la actividad. Podrán utilizar el diccionario (sabido el orden alfabético y el uso) para evitar faltas de ortografía.

Deben inventarse un título para la redacción, lo deberán escribir con el tipo de mayúsculas que prefieran (pueden consultar textos) y lo podrán colorear o no.

Les recordarás varias veces durante el ejercicio las reglas ortográficas que ya deben ir teniendo en cuenta. Poco a poco irán utilizando el estilo directo e indirecto en sus composiciones para reflejar lo expresado por los personajes de su narración. En los últimos meses de primero de primaria ya deberían ser capaces de plasmar en sus cuadernos, todas las semanas, composiciones de cierta extensión y complejidad.

Si algún alumno te reclamara, durante el ejercicio, para consultarte alguna duda, se la resuelves con el mejor ánimo.

Una vez terminado el ejercicio, los alumnos dejarán sobre tu mesa sus cuadernos. Y los de la pizarra volverán a su sitio. Corregiremos en otra ocasión.

Alia res:

Para lo que hemos comentado en las veintitrés colaboraciones expuestas, incluida ésta, entendemos que no son precisos ni mayores ni menores recursos humanos y materiales. Si el maestro cumple con su obligación y sigue las pautas indicadas para dentro y fuera del aula, u otras pautas eficaces que él practique y prefiera, tendrá garantizada una muy buena calidad educativa en sus alumnos; que se prolongará durante los cursos posteriores a menos que se sea un cafre, o algo así, el maestro que los vaya recibiendo. Que los hay; pocos, pero los hay.

Para los cursos de primaria, sin perder de vista la adecuación a la evolución de los intereses de los alumnos, hacen falta un maestro-tutor en condiciones y los especialistas, y material, necesarios. Todos, comprometidos con la docencia.

Se oye con demasiada frecuencia y muchas veces con demasiado ruido y alboroto que, ahora que el país está en tan lamentable estado económico con el drama del paro y el déficit, bajo ningún concepto se pudiera meter la tijera a la educación pública porque se perdería calidad educativa, porque nos jugamos el futuro…y no sabemos cuantas cosas más. Da lo mismo la creencia o ideología que subyazca.

Si la calidad educativa, en estos niveles de primaria, es lo que hemos venido exponiendo hasta ahora, y que se puede comprobar fehacientemente, no entendemos bien ciertas advertencias y reivindicaciones. Puede que haya otros intereses…

Creemos que, temporalmente y para los tiempos que corren, sí se podrían considerar la continuidad de algunas situaciones establecidas en la educación primaria:

La reducción de horas lectivas de los maestros mayores de cincuenta y cinco años. Con esa edad, y con bastante más, se suele estar en plenas condiciones para ejercer la docencia durante todas las horas lectivas y obtener un  rendimiento notable. Sobre todo si el clima habitual dentro y fuera de clase transcurre dentro de los cauces deseables de trabajo, respeto, orden, entusiasmo, alegría, etc.

Lo de la jubilación a determinada edad…

Siguen existiendo aulas con pocos o muy pocos alumnos y, como es lógico, atendidas por un maestro-tutor y los especialistas. Suena algo a despilfarro. No nos referimos a algunas localidades que dependerían de transporte escolar. Con veinticinco alumnos por aula (o casi), en estos niveles primarios, el trabajo es muy asumible y controlable. Siempre que se consiga lo del clima aludido en el párrafo anterior, se utilice metodología eficaz y se procure no agobiar a los maestros con exceso de burocracia. Hablaremos algo de ello en otra ocasión.

Seguro que se puede optimizar el rendimiento de todos los que intervienen en el proceso escolar desde el personal de limpieza, subalterno, no docente, docente,…  hasta el director, si el pobre lo aguanta. Si, además, todo lo expuesto repercute, a corto o largo plazo, en reducción de algunos costos (no se mermaría la calidad educativa, por supuesto) estaríamos contribuyendo desde nuestro ámbito a la mejoría de este país. Merece la pena considerarlo aunque a algunos puedan darles ganas de perseguirnos con un lazo. No es nuestra intención menoscabar los derechos adquiridos…de nadie.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

sábado, 25 de febrero de 2012

Profe: “¡Tú sí que vales!”

 Seguimos con la comprensión escrita ya comentada la vez anterior.

Notarías que los alumnos no escribían en sus cuadernos la formulación de las preguntas. Se trata, insistimos, de que no se cansen copiando lo que no es preciso ni útil.

Al principio tú corregirás las respuestas, puedes seguir esta pauta: Escribes en la pizarra los números de las preguntas, del uno al diez. A continuación vuelves a leer, despacio, el texto de la comprensión escrita.

Leerás cada pregunta y, con la colaboración de tus alumnos, determinaréis la respuesta correcta. Acuérdate que las respuestas ya las tenías tú en hoja aparte.

La respuesta correcta la escribirás en la pizarra, siempre con la letra de caligrafía enseñada, junto al número correspondiente.

Inicialmente tú corregirás y calificarás los cuadernos de tus alumnos exigiendo la coherencia lógica de las respuestas y la correcta ortografía (mayúsculas, signos de puntuación, caligrafía,…). Cuando a cada uno le vayas devolviendo su cuaderno en tu mesa, le harás observar que comprueben con lo escrito en la pizarra los aciertos y fallos de sus repuestas y la calificación merecida. Esto es un proceso algo entretenido, al menos inicialmente, pero absolutamente necesario si te quieres garantizar una comprensión lectora de lujo. ¿Imaginas la repercusión que tiene en todas las áreas?

Algo más adelante, seguimos en primero de primaria, tus alumnos intercambiarán sus cuadernos a la hora de la corrección. Ellos, comparando con lo escrito por ti en la pizarra, corregirán con objetividad los cuadernos de sus compañeros. La calificación, que reflejarás en la ficha de seguimiento de cada alumno, y supervisión te corresponderán a ti. Poco a poco irán cometiendo menos errores en la corrección de los cuadernos de sus compañeros. Ya lo verás.

Igual procedimiento, con las salvedades que correspondan, harás para la corrección del dictado. Recuerda que siempre será preventivo.

Una vez que estén capacitados, tras dominar lo básico del proceso lecto-escritor, para afrontar las actividades de comprensión escrita, dictado y redacción (la trataremos pronto), debes comprometerte con tus alumnos para que cada semana hagáis estos tres tipos de ejercicios escritos. No te debes saltar, a ser posible, ninguna semana.

Importante: No tengas prisa en el desarrollo, corrección, etc. de estas actividades. Si se necesitaran dos días para ello, pues se utilizan. Todo debe seguir siendo muy relajado, tranquilo y sin presión. Y como ya dijimos hace tiempo, y tus alumnos y familias lo habrán interiorizado, que las notas no importan…

Si este ejercicio de comprensión escrita, al igual que el dictado, redacción, cálculo, problemas, etc. desde el inicio lo planteas como una actividad estimulante que les va a reportar satisfacciones de todo tipo, la sana tensión por el aprendizaje y la calidad educativa estarán garantizadas. Tendrás que recordar lo que ya se dijo sobre la forma de dirigirte, relacionarte y compartir los días con tus alumnos.

Una prueba inequívoca de comprobar que vamos por el camino adecuado la tendrás cuando, al indicar a tus alumnos que ha llegado el momento de realizar la comprensión escrita, el dictado, la redacción, etc., te interrumpan a coro con cara de satisfacción gritando: “¡Bien!”.

Alia res:

Algo debe haber en la personalidad, sobre todo en los alumnos de cinco, seis, siete  y más años, que los hace muy permeables a la adquisición de actitudes, valores y comportamientos casi ejemplares aunque lleguen con un bagaje negativo bien de su  2/2 familia bien de otros maestros. O de otra parte.                                                                                                                          

Aunque han sido casos esporádicos, excepcionales, muy minoritarios y que se han podido remediar algo con el tiempo, hemos visto y padecido clases de primero de primaria, y no digamos de otros cursos, que se desarrollaban con más frecuencia de lo esperado en algo parecido a un permanente alboroto y amotinamiento sin orden ni control dentro y fuera del aula: gritos, carreras, amenazas, agresiones físicas y verbales, tareas escolares por parte del profesor y de algunos alumnos voluntariosos casi imposibles de cumplir, salidas del aula sin permiso, comportamientos en el recreo no sometidos a norma alguna, etc.

Si el maestro, lo reconozca él o no, está incapacitado para la docencia (de forma temporal o permanente) y así se constata durante gran parte del curso, es muy perjudicial y doloroso permitir la continuación de ese caos. No se trata de menoscabar los famosos derechos adquiridos del maestro…ni de menoscabar los derechos de los alumnos, familia y sociedad. Todo el tacto, apoyo, prudencia y dignidad serían pocos  para poner remedio, por quien corresponda, a una situación de efectos predecibles e impredecibles nada prometedores en todos los ámbitos, personales y profesionales, presentes y futuros.

Complicidad, silencio, corporativismo, etc. no ayudan a remediar esta tragedia. Porque es una tragedia.

A veces, sin llegar a la situación extrema descrita, sí hay maestros (los menos, los menos) que se adaptan a no rendir lo que se espera de ellos: racanean  o intentan eludir las clases de apoyo que tienen obligación de dar, las dan con poco compromiso y eficacia, corrigen de la manera que corrigen, no le dan mayor importancia a cumplir con la programación y objetivos, no se esfuerzan por sacar adelante a determinados alumnos. Y…lo que es peor: No tienen reparo alguno a la hora de expresarse con hastío, asco, amargura y desesperanza de la docencia y de los alumnos. Incluso en presencia de éstos aunque utilicen otras formas para que el mensaje subliminal les llegue. Encima.

A estos últimos maestros, los menos, los menos, sí que es difícil  frenarlos y enderezarlos. Dentro del aula cada uno es algo así como un virrey, o más. Si los alumnos salen mal preparados y con pésimo comportamiento, podríamos escuchar alguna de estas lindezas: “A mí me llegaron peor de como los he dejado, he hecho todo lo que he podido, este ganado no da más de sí, yo no tengo la culpa de la situación, que pongan más maestros de apoyo, deben incrementar los recursos materiales, la ratio debe disminuir, más sueldo y mayor reconocimiento social es lo que hace falta,…”. Y hasta puede que alguno, para mejorar la calidad educativa, tenga la ocurrente originalidad de solicitar más días de vacaciones.

Como tú comprenderás, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, así no hay forma. Y así nos va.

Que sí, que ya sabemos que la inmensa mayoría de los maestros se exceden en el cumplimiento de sus obligaciones docentes; pero esa minoría con la profesión equivocada sigue minando y arruinando el presente y futuro de demasiadas generaciones.

Si consigues ser, y no lo dudamos, de la inmensa mayoría de los maestros comprometidos y eficaces da por recibido el aliento de un grito actual televisivo: “Profe: ¡Tú sí que vales!”.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.