viernes, 2 de noviembre de 2012
¡MAMÁAAAAAaaaaaaaaaaaaaaaa!
Formamos un gremio en el que, algunos pocos caraduras, se aprovecharon y abusaron de la permisividad del sistema, y corrupción de no pocos, para conseguir sus intereses particulares sin importarles lo más mínimo el daño que hacían a la sociedad en general y al sistema educativo en particular. Incluido el aspecto presupuestario.
Hay extrabajadores de la enseñanza, llamarlos maestros nos podría producir una urticaria, que podrían seguir disfrutando de una pensión, obtenida con malas artes, desde hace más de treinta años.
Aquí se han concedido permisos, bajas y jubilaciones con una alegría sorprendente: lumbago, afonía, cervicales, sordera, hernias y ciáticas diversas, depresión,…
Y muchas veces, muchas, los maestros que necesitaron un justificado permiso pudieron verse limitados en su legítimo derecho por el abuso de otros “compañeros”.
Unos consiguieron el permiso para pintar su casa, otros para acompañar a algún familiar a exámenes u oposiciones, aquellos para acompañar a su cónyuge a un viaje o congreso, …y quién sabe si para acudir a una romería. Y, mientras, sus alumnos atendidos así así: repartidos en otras aulas, atendidos por maestros sustitutos más o menos idóneos, eventuales y comprometidos y, en el mejor de los casos, con un maestro
interino que siga la programación con la misma profesionalidad que el titular.
Con lo indicado en esta colaboración, en las anteriores y con todo lo que tú, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, puedas añadir no es de extrañar la situación casi lamentable de parte de nuestro sistema educativo.
Honor y reconocimiento para la inmensa mayoría de los maestros de este país que cumplieron con generosidad y sacrificio sus responsabilidades docentes. Incluso acudiendo enfermos a sus aulas para no dejar desatendidos a sus alumnos. Olé.
A ver si a alguien se le ocurre una idea, o se inventa una masa crítica, que inicie una reacción en cadena que ilusione e impulse a muchos maestros a conseguir eso mismo. Ni pretendemos que nos traten manu militari ni queremos que lo mejorable siga sin mejorar.
Alia res:
Una vez, el primer día de clase un alumno de primero de primaria, digamos David, se incorporó a la fila en el patio dejando exhausta a su robusta madre que logró acercarlo tras ímprobos esfuerzos sin hacer caso de las sonoras negativas y llantos desgarradores de su criaturita.
Cuando su madre salía por la puerta del patio David abandonó la fila, sin permiso, y se dirigió hacia la valla. El maestro permaneció al frente de la fila sin decir nada.
David, al ver como su madre se alejaba, no cesó de llamarla poniendo el grito en el cielo y más allá. Lo último que emitió David fue un rugido-alarido impresionante imposible de transcribir aquí. Su madre no volvió la cabeza ni retrocedió.
El maestro indicó a un alumno de la fila que fuera hasta donde estaba David y que no le dijera nada. Solo que estuviera a su lado.
A los pocos segundos David, acompañado por el compañero, inició el regreso a la fila. Ni el maestro ni compañero alguno hicieron ningún comentario. Ni en el patio ni en el aula.
Transcurrieron los cursos de primero y segundo de primaria sin que a David hubiera que llamarle la atención. Fue un alumno agradecido por la cercanía y dedicación que el maestro siempre le prestó y que él percibía.
El tal David era un alumno con algunas deficiencias motóricas y problemas serios iniciales de aprendizaje y socialización. Pero tenía un potencial interior que su maestro, sin perder nunca la esperanza, con la ayuda de la maestra especialista y con la dedicación que pudo prestarle, logró que aflorase poco a poco:
Se fue ilusionando con el esfuerzo que tenía que hacer para progresar. Aprendió a coger el lápiz, a no salirse de los renglones, a tener una caligrafía similar a la mayoría…y en áreas como la expresión oral, la comprensión lectora, dictado, redacción, cálculo y otros aspectos matemáticos estaba entre los mejores, o casi, al finalizar segundo de primaria. El maestro siempre alabó sus progresos.
Respecto a la socialización mejoró sensiblemente, se integró con los compañeros y aprendió a controlar algunas reacciones impulsivas poco manejables.
Años después, en una orilla veraniega, el maestro se encontró con la madre, agradecida, de David. El muchacho se acordaba con frecuencia de su maestro, estaba encauzado hacia estudios profesionales y, sobre todo, era noble, cariñoso y estaba muy pendiente de sus hermanos menores. Misión cumplida.
Lo expuesto sobre David, y con más dificultades que superar, es algo que muchísimos maestros llevan a cabo diariamente en nuestros colegios públicos. No pierden la esperanza ante las dificultades a superar y, al final, se consiguen resultados muy gratificantes. La intervención de algún especialista, si procediera, está garantizada.
Pero…siempre hay un pero. Nos asusta y apena pensar en muchos pequeños alumnos que iniciaron su escolaridad con deficiencias en gran medida superables con alguna sencilla dedicación específica, y con paciencia y afecto, y que tuvieron la desgracia de dar con un maestro indigno de llamarse así. Los ha habido y los sigue habiendo. El daño y las consecuencias pudieran ser terribles.
Si hemos insistido en colaboraciones pasadas en eficaces aspectos metodológicos es precisamente para que los maestros noveles no se asusten ante el reto de iniciar su docencia con alumnos de seis o siete años. Es sencillo, eficaz y grato. Eso sí, con esfuerzo, constancia, dedicación, simpatía y alegría. Sin estridencias.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.
Profe: Yo no sirvo para estudiar.
Es posible. Pero también es
posible lo contrario.
Lo que indicamos en la
colaboración anterior sobre el menosprecio de los alumnos por parte de su
maestro es algo que, más o menos mantenido, puede aburrir y alejar, casi
definitivamente, a cualquier alumno del camino del aprendizaje y superación.
Habrá casos en que prevalecerá el impulso hacia la formación personal y académica
a pesar de los mazazos recibidos de algún funesto maestro.
Todo lo que hemos venido relatando
hasta hoy conduce, en nuestra experiencia, a algo así como a pretender alcanzar
cierta excelencia ética, personal y académica dentro de los límites de la
capacidad de aprendizaje y circunstancias personales de cada alumno. ¿Pecamos
de inmodestos? Pudiera ser…Tú puedes intentarlo a ver qué tal.
Y lo que promueve y mantiene ese
impulso, fundamentalmente en estas edades de seis y siete años, eres tú,
maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, con tu
actuar personal y profesional. Y con el cumplimiento diario, por tu parte y la
de tus alumnos, de normas y esfuerzos precisos compaginados con sinceridad,
comunicación, afecto y solidaridad. Sin olvidar influencias familiares, etc.
Lo que no puede conducir a esa
satisfactoria realidad es una clase donde el alboroto es norma casi diaria, los
gritos de alumnos y maestro rivalizan por alcanzar mayor volumen, la dedicación
personalizada (en lo posible) a las carencias de algunos alumnos es casi
inexistente, los aburridos e innecesarios copiados y otras tareas tediosas agostan
ilusiones infantiles, el aprendizaje no va acompañado de estímulo motivador adecuado,
el no acabar los temas previstos para el curso no tiene mayor importancia, la distancia
y falta de compromiso y afecto del maestro con respecto a sus alumnos es palpable,
la asunción y valoración desmesurada y obsesiva de las calificaciones escolares
cercenan la alegría de aprender con entusiasmo y libertad, la falta de la
imprescindible colaboración con la familia de los alumnos descoloca a éstos,
etc.
Así sí se explica lo de “Yo no
sirvo para estudiar”. Hay padres que lo tienen asumido y te lo comentan con
toda naturalidad. Si supieran… Una pena más.
Y así también se explica que Pisa
nos siga pisoteando.
Lo anterior no excluye determinadas
circunstancias de aprendizaje que sí justificarían en algunos alumnos una
dificultad objetiva a considerar y tratar, en lo posible, de mejorar.
Las malas artes educativas
descritas son minoritarias, o deberían serlo, en la
enseñanza pública.
Un maestro se reencontró
muuuuuchos años después con antiguos alumnos, ya tan viejos como el propio
maestro, que le refirieron con amargura que otro maestro que tuvieron después
los discriminó y marginó por la humilde condición social y económica de sus padres.
Y que no pudieron acceder a otro tipo de estudios y profesión para los que,
pensaban, podrían haber estado capacitados. Verídico.
Puede que merezca la pena
reflexionar sobre la permanencia de determinados homenajes y recuerdos de
algunos maestros tras su paso, antaño, por determinadas localidades.
Sí deben permanecer las otorgadas
con todas las garantías como testimonio y ejemplo de una sociedad agradecida a
su maestro.
Tu trabajo, maestro, te
gratificará día a día. Ni necesitas ni esperes más.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.
Sr. Profesor: ¡Es la hora!
¡Profe espabila!
Hay ocasiones en las que, por
ausencia del maestro especialista, el tutor debe seguir haciéndose cargo de sus
alumnos. Hasta aquí, normal.
Supongamos que el ausente es el
de educación física.
Hay algunos maestros, los menos,
que deciden bajar al patio de recreo para que sus alumnos retocen por allí
mientras pasa el tiempo asignado. Puede que faciliten a sus alumnos algún
escaso y elemental material deportivo: una pelota, unos aros,…pero sin
involucrarse en dirigir y organizar, al menos, unos sencillos juegos o
ejercicios deportivos. Se trata de que vaya pasando el tiempo mientras sus
alumnos se organizan a su manera.
Hay otros maestros, una minoría,
que ni siquiera se molestan en facilitarles algún material deportivo: que
retocen o se aburran por el patio mientras llega la hora de subir a clase. La
imagen es de lo más deprimente.
No es admisible el pretexto de
“Como no soy especialista nada me obliga a impartir la educación física…” Sería
aceptable en el caso de ausencia del especialista de inglés.
Si el ausente fuera el de música,
suponemos que todos los maestros tenemos alguna habilidad para sencillos
ejercicios de ritmo, canto…o, incluso, interpretación.
El colmo sería que, durante el
tiempo de la clase del especialista ausente, el maestro tutor indicase a sus
alumnos que se dedicasen a colorear cualquier dibujo o algo similar.
Tú, maestro novel de un curso de
primero de primaria de un colegio público, podrías prepararte algunas
actividades deportivas, musicales, teatrales, etc para cuando se produzca
alguna ausencia del maestro especialista. Te sentirás más contento contigo
mismo y darás ejemplo a tus alumnos y a otros compañeros.
Tus alumnos, además de pasárselo
“pipa y guay”, te admirarán un poco más y trasladarán este sentimiento a sus
familias y amigos. No hay mayor recompensa.
Alia res:
Insistirás en el respeto y
cuidado del medio ambiente. Y, también, en que al personal de limpieza debemos,
todos, evitarles más trabajo del debido.
El delegado de curso, entre otras
funciones, colaborará contigo para que el aula y el material escolar no
resulten dañados, no haya papeles u otro tipo de basura por el suelo, no apoyen
la suela del zapato sobre la pared del aula, etc. Frecuentes indicaciones e
inspecciones ayudarán a que tus alumnos lo interioricen y asuman. Sin miedos ni
traumas.
Antes de salir al recreo deberían
depositar en la papelera del aula los envoltorios de los bocadillos o zumos; en
algunos casos podrían hacerlo en las papeleras del patio.
A tus alumnos les encantará que
les enseñes alguna muletilla que les indique el necesario uso de la papelera.
Invéntate alguna graciosa, sonora y breve: la corearán contigo antes de salir
del aula. O cuando sea necesario.
Algunos alumnos, en el patio de
recreo, se acercarán a ti, que también estarás en el patio, para indicarte que
han arrojado a alguna papelera los envoltorios y sobrante del bocadillo y zumo.
Lo alabarás e, incluso, lo indicarás luego dentro del aula. El contagio y la
emulación están garantizados.
Hasta otra ocasión, si ha lugar.
Saludos.
jueves, 2 de agosto de 2012
Mamá: Me tienes que hablar de “usted”, como el profe.
Lo previsible es que tengas escasísimas situaciones de falta de atención, indisciplina, alboroto, desorden,… como no sean las que tú, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, permitas de alguna manera en determinadas circunstancias.
Con las herramientas metodológicas y pedagógicas que venimos comentando desde hace algún tiempo, más las que tú añadas, tienes garantizado un discurrir diario de tu clase muy satisfactorio.
Si además quisieras rizar el rizo podrías utilizar el “usted/es” para dirigirte a tus alumnos, individual y colectivamente. Siempre con el tono de voz, etc. etc. ya indicados repetidamente en anteriores colaboraciones.
Como no se lo esperan se suelen quedar atrapados y algo desconcertados por la novedad del tratamiento inusual. Se consideran tratados como personas mayores dignas del mayor respeto. Y no van descaminados ya que deben asumir que como personas “menores” son dignas de todo respeto; y que deben, a su vez, tratar con respeto a los demás. Este tratamiento no supone distanciamiento de tu alumnado. Sigues estando en tu sitio como su maestro. Funciona.
No te estamos recomendando que habitualmente utilices el “usted” con tus alumnos de seis – siete años, sería algo llamativo. Y divertido, dentro de la seriedad que hay que preservar. Pero no lo descartes en ocasiones porque te podría ayudar a enderezar alguna que otra situación.
La “necesaria oposición” a las normas y autoridad que conlleva el proceso madurativo de los alumnos algo mayores no implica aceptar situaciones conflictivas en clase. Lo natural es evidenciar que algunos comportamientos están invadiendo la libertad y los derechos de los demás (maestro, compañeros,…) y que si no cesan no habrá más remedio que aplicar lo previsto para esos casos por el bien de todos.
Previamente debería haberse hablado en privado, con la mejor pedagogía, cercanía y afecto posibles, con el alumno en cuestión y, en su caso, con la familia. Sin olvidar la posible intervención del jefe de estudios o director. Hay que tener mucho cuidado.
El cuidado al que nos referíamos en el párrafo anterior tiene que ver con decir delante de toda la clase, dirigiéndote en concreto a algún/os alumno/s, cierto tipo de interpretación psicológica que pudiera haber tras determinadas conductas conflictivas.
Aunque fuera verdad se podría hacer un daño poco reparable al alumno: necesidad de llamar la atención, ganas de hacer daño ya que a él se lo pueden estar haciendo en su ámbito familiar, forma de destacar ya que su rendimiento académico y conducta no son ejemplares, instinto de dominación y abuso por ciertas situaciones traumáticas pasadas, para compensar ciertos complejos, carencias afectivas varias, pedir a la clase que no se ría del provocador, etc. etc. Y, no digamos, si es como reacción a las malas artes pedagógicas de algún maestro, que de todo puede ocurrir.
Mejor, eludir ciertas psicologías. Además, los colegios cuentan con docentes especializados. Eso sí, el problema o problemilla hay que solucionarlo o paliarlo.
En primero y segundo de primaria hay que estar vigilantes, hasta en todos los recreos como ya te recomendamos hace mucho tiempo, porque pudiera haber algún alumno, a pesar de tu buen hacer, que apunte maneras. Tu buena influencia, que intenta fortalecerlos y protegerlos, no es la única que reciben. Están la familia, amigos, camarillas o pandillas, vecinos, medios de comunicación, otros maestros,…
El solazarse ahora por las orillas no impide reflexionar en estas cosillas.
Saludos.
Con las herramientas metodológicas y pedagógicas que venimos comentando desde hace algún tiempo, más las que tú añadas, tienes garantizado un discurrir diario de tu clase muy satisfactorio.
Si además quisieras rizar el rizo podrías utilizar el “usted/es” para dirigirte a tus alumnos, individual y colectivamente. Siempre con el tono de voz, etc. etc. ya indicados repetidamente en anteriores colaboraciones.
Como no se lo esperan se suelen quedar atrapados y algo desconcertados por la novedad del tratamiento inusual. Se consideran tratados como personas mayores dignas del mayor respeto. Y no van descaminados ya que deben asumir que como personas “menores” son dignas de todo respeto; y que deben, a su vez, tratar con respeto a los demás. Este tratamiento no supone distanciamiento de tu alumnado. Sigues estando en tu sitio como su maestro. Funciona.
No te estamos recomendando que habitualmente utilices el “usted” con tus alumnos de seis – siete años, sería algo llamativo. Y divertido, dentro de la seriedad que hay que preservar. Pero no lo descartes en ocasiones porque te podría ayudar a enderezar alguna que otra situación.
La “necesaria oposición” a las normas y autoridad que conlleva el proceso madurativo de los alumnos algo mayores no implica aceptar situaciones conflictivas en clase. Lo natural es evidenciar que algunos comportamientos están invadiendo la libertad y los derechos de los demás (maestro, compañeros,…) y que si no cesan no habrá más remedio que aplicar lo previsto para esos casos por el bien de todos.
Previamente debería haberse hablado en privado, con la mejor pedagogía, cercanía y afecto posibles, con el alumno en cuestión y, en su caso, con la familia. Sin olvidar la posible intervención del jefe de estudios o director. Hay que tener mucho cuidado.
El cuidado al que nos referíamos en el párrafo anterior tiene que ver con decir delante de toda la clase, dirigiéndote en concreto a algún/os alumno/s, cierto tipo de interpretación psicológica que pudiera haber tras determinadas conductas conflictivas.
Aunque fuera verdad se podría hacer un daño poco reparable al alumno: necesidad de llamar la atención, ganas de hacer daño ya que a él se lo pueden estar haciendo en su ámbito familiar, forma de destacar ya que su rendimiento académico y conducta no son ejemplares, instinto de dominación y abuso por ciertas situaciones traumáticas pasadas, para compensar ciertos complejos, carencias afectivas varias, pedir a la clase que no se ría del provocador, etc. etc. Y, no digamos, si es como reacción a las malas artes pedagógicas de algún maestro, que de todo puede ocurrir.
Mejor, eludir ciertas psicologías. Además, los colegios cuentan con docentes especializados. Eso sí, el problema o problemilla hay que solucionarlo o paliarlo.
En primero y segundo de primaria hay que estar vigilantes, hasta en todos los recreos como ya te recomendamos hace mucho tiempo, porque pudiera haber algún alumno, a pesar de tu buen hacer, que apunte maneras. Tu buena influencia, que intenta fortalecerlos y protegerlos, no es la única que reciben. Están la familia, amigos, camarillas o pandillas, vecinos, medios de comunicación, otros maestros,…
El solazarse ahora por las orillas no impide reflexionar en estas cosillas.
Saludos.
martes, 17 de julio de 2012
Profe: Me / Nos has hecho daño…
Es penoso, y algo más, comprobar que hay alumnos a los que no se les corrigen con frecuencia algunos sencillos, y fáciles de evitar, “vicios” escolares que arrastrarán para los restos si no aparece alguien y lo remedia: la prensión del lápiz al escribir, la adecuada posición de la libreta sobre la mesa, la distancia y posición del cuerpo al leer y escribir, la caligrafía de las letras y números, el debido estado de revista (sin obsesiones) de sus materiales escolares, ropa, calzado y cuerpo, etc.
Sin olvidarnos de mantener y consolidar lo ya indicado sobre la forma de entrada y salida del colegio, el comportamiento, el estímulo hacia el eficaz aprendizaje, trato respetuoso entre los alumnos y con el resto del personal escolar, el cuidado y respeto de lo que nos rodea, etc.
Algo de lo anterior podría derivar en algún problemilla muscular, óseo y ocular así como en un deterioro, paulatino y algo generalizado, del desarrollo del alumno como persona en formación.
Y, ¿por qué no entrar?, en sutiles, o no, manifestaciones explícitas y públicas de menosprecio, por parte de su maestro, hacia algún alumno estando éste presente (en el aula, en el patio de recreo…).
Muchos años después, al encontrarte con alguno de esos alumnos que sufrieron ese trato degradante, humillante, agresivo e injusto, todavía te cuentan con amargura el daño que les causó su maestro.
Cuando dichas descalificaciones, y menosprecios, se dirigen a toda la clase o a un grupo de alumnos, privada y públicamente, los daños son imprevisibles y, también, de largo recorrido. A veces se oyen por los pasillos, a través de los tabiques de las aulas, etc.
Una vez, hace muuuucho tiempo, se oyó con nitidez atronadora por las plantas, pasillos y aulas de un colegio público grande el grito que un maestro dedicó a uno de sus pequeños alumnos: “¡Burroooooooo!”. Aquello se expandió por todos los rincones y parecía no acabar nunca. Hoy día es impensable que pueda ocurrir.
Lo que sí puede ocurrir es que el maestro imponga dentro de su aula una especie de incomunicación con sus alumnos aderezada con un opresivo y temeroso silencio. Si esos alumnos estaban acostumbrados por otro profesor, que lo estaban, a lo que te venimos indicando desde hace ya tiempo, el panorama era algo peor que desolador. Los padres de los alumnos te lo comentaban como si fuera una pesadilla.
Puede haber algún maestro que no menosprecie a su-s alumno-s…y que tampoco los aprecie. Ya se sabe que el no hacer aprecio es el mayor desprecio.
Aunque algunos alumnos te lleguen de sus casas con serias deficiencias de sociabilidad, adaptación, respeto, etc hay que reconocer que muchos hemos cometido errores que han dañado, o podido dañar, a algún que otro alumno: Por excesiva exigencia, por poca flexibilidad pedagógica, por no controlar ciertos estados de ánimo, por no aplicar los recursos educativos adecuados, etc. A veces se ha podido intentar paliar la situación…pero siempre te queda un recuerdo poco grato.
Con todo lo indicado en los párrafos anteriores que no nos digan luego que ese curso está desmotivado, que es un desastre, que no sirven ni quieren estudiar, que van a pasar el tiempo, que son delincuentes (sic),…
Los que pudimos haber presenciado en ocasiones este tipo de actuaciones de algunos compañeros, y callamos por cobardía o algo así, somos cómplices. Arrepentirse después serviría de poco a menos que conllevase una determinación para, en el futuro, corregir con firmeza, comprensión, nobleza y ánimo constructivo a cualquier compañero que en nuestra presencia cometiese semejantes barbaridades educativas.
Puede que se te reduzcan las amistades en el claustro y en la sala de profesores…pero, también, puede que no. Eso sí, no te vayas a creer que tienes que ser un justiciero del que va a depender la corrección en tu colegio de lo que venimos tratando. Serías algo estúpido y el remedio podría ser peor que la enfermedad.
¿Exageraciones? No, hijo, no.
Es fácil no corregir, o corregir mal, las libretas…luego estarán salpicadas de errores y abundantes faltas de ortografía (incluidas las tildes) tanto en los enunciados de las preguntas (qué manía con lo de copiar lo innecesario) como en las respuestas que califican al alumno… y a su maestro. En colegios públicos y privados. No queremos pensar que se dieran todas estas circunstancias en algunos alumnos que generarán poco lustre al colegio y al maestro por determinados condicionantes. No, eso no se puede ni sospechar. ¿O sí?
¿Y por qué tienen que soportar y sufrir los próximos maestros de tus alumnos tu tolerada (corregible y sancionable) ineficacia personal y profesional? Te lo vamos a decir: Porque no es fácil demostrarlo y ya te encargarás tú de no llegar a extremos que te pondrían en evidencia. Incluso puede que ofrezcas una apariencia de simpático, dicharachero, chistoso…pero se te ve el pelaje de la patita bajo la puerta.
¿Y por qué recibes el mismo salario y tienes las mismas vacaciones (ahora las estás disfrutando) que otros compañeros dignos de admiración por su compromiso personal y profesionalidad?
No queremos que pierdas tu puesto de trabajo pero sí que te corrijas o te corrijan. Debe haber excelentes profesionales esperando acceder a una vacante de maestro. Así que ya sabes…
Este panorama no es generalizado, menos mal, en la educación pública. Aunque sea muy minoritario sería mejor que se fuera erradicando con la colaboración y compromiso de todos los que creemos en el progreso educativo. ¿Mejorable? Sin duda.
Pero tocaba tratar otras cosillas.
Una vez dominado el proceso lecto-esccritor debes, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, iniciar con tus alumnos sencillas técnicas de trabajo y estudio. Ahí van unas que tú, sin duda, ampliarás y mejorarás.
Algo que les entusiasma es identificar las palabras claves de un texto y subrayarlas con o sin regla.
Algunos serán muy estrictos en considerar claves algunos términos. Les ayudará a la hora de estudiar y resumir.
También les gusta reflejar en sus libretas los cuadros sinópticos de diferentes temas que elaborarán con tu ayuda y que, en principio, copiarán de la pizarra.
Si utilizan colores y algún dibujo “ad hoc”, sin abusar, mejor.
La memorización, que ya practicarán con las poesías de las que tratamos, debe extenderse paulatinamente a otros aspectos de las áreas. Sin abusar pero sin olvidarlo.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos
sábado, 7 de julio de 2012
Profe: Lo de la cigüeña…?
Toca continuar, y acabar, con la educación afectivo-sexual.
Como a estas edades, seis y siete años, los torrentes hormonales están más bien apaciguados, la información y formación que reciben no están sometidas a vaivenes emocionales poco previsibles. De hecho, en general y según nuestra experiencia, no suele darse en la clase alteración significativa a base de comentarios bajo cuerda, nerviosismo, miradas y risas cómplices y algo pícaras, acaloramientos faciales ni nada por el estilo. Y si se diera alguna de esas circunstancias sería mínima y de muy corto recorrido; no habría que criticarla. Incluso procedería indicarles que si a alguno le entran ganas de reirse que lo haga libre y tranquilamente. O de contar un chiste…el que se ría la clase no estaría garantizado.
Verás que es como esa lluvia fina que cala y fertiliza el terreno poco a poco. Se irán sintiendo seguros, serenos y agradecidos. Y simpáticos, libres y alegres, por supuesto.
Como ya dijimos todos tus alumnos deben estar presentes cuando abordes estos temas. Irás poco a poco, sin calendario ni horario prefijado, la duración de cada sesión no debería llegar a los treinta minutos.
Admitirás, en cualquier momento del curso, todo tipo de preguntas que te puedan formular y explicarás cualquier término cuyo significado ignoren. Como los textos que utilices traerán dibujos alusivos, con frecuencia muy oportunos y graciosos, procura levantarte de tu mesa (si estabas sentado) y pasarlos entre las mesas para que los vean. Lo mejor es que te sientes cerca de ellos o los sientes en círculo. Casi como en familia.
Les indicarás que, como comprobarán, hablar de estos temas de vez en cuando, y como un aspecto más del currículo (utiliza otro término) escolar, es necesario, lógico, sano, divertido y tranquilizador. Sin olvidar que son sus padres los primeros y principales responsables de su educación y formación.
Vas a irritarte, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, porque te volvemos a indicar, y van ciento, lo imprescindible que resulta la forma en que te dirigirás a ellos desde el inicio de curso. Es una de las claves. Tu calidad y compromiso personal y profesional, junto con la comunicación y colaboración familiar, las otras.
Es conveniente, y convincente, que les expongas con naturalidad la normalidad y simpatía con que en tu propia familia se comentan y viven estos aspectos afectivo-sexuales. Algún comentario anecdótico, sin entrar en más detalles innecesarios, les ayudará a aceptar que lo que les trasladas es algo que tú, maestro, y tu familia vivís con alegre naturalidad.
Es posible que alguno de tus alumnos quiera relatar, sobre este tema, alguna vivencia en su propia familia. No se lo impidas…pero tampoco permitas que, por ser espontáneos y sinceros, pudieran no preservar, inocentemente, la debida intimidad y privacidad de su propia familia.
Hay que aprovechar cualquier circunstancia para inculcarles prudencia y discreción.
Con estos mimbres tus alumnos irán asumiendo con sosiego y antelación los cambios evolutivos (físicos-afectivos-emocionales) que, al igual que a sus padres y a todos los demás nos llegaron, les irán llegando en su momento. Estarán advertidos y protegidos, en lo posible, de influencias que pudieran alterar negativamente su conocimiento y asunción de estos aspectos de su desarrollo personal.
Por cierto, estaría bien que a los padres, en la reunión colectiva de principios de curso, y al advertirles de tu intención de abordar la educación afectivo-sexual, les sugirieras la conveniencia de que los cambios físicos significativos que evidenciarán sus hijos más adelante tuvieran en el ámbito familiar una íntima acogida y celebración. Con algún regalo. Esto mismo, cuando llegues a las páginas del texto que utilices, se lo dirás a tus alumnos en el aula para que puedan referirlo en su casa.
Como la realidad es la que es sí les advertirás que, probablemente, conocerán a algunos niños que no han tenido la oportunidad, ni en su casa ni en el colegio, de que les hablen y formen en estos temas. Y que, es posible, que vivan sus cambios evolutivos con creencias y vivencias algo equivocadas que podrían no ayudarles en su desarrollo personal e, incluso, no tener una relación respetuosa con los demás. Ignorantes, pobrecitos, por culpa de otros: algunos padres y maestros.
Evita que tus alumnos se crean que ellos son superiores a otros niños por conocer estos aspectos. No suele ocurrir.
Todo esto de lo afectivo-sexual que, entre primero y segundo de primaria, abarcará desde el conocimiento del cuerpo hasta el hecho del nacimiento del bebé estará persistentemente arropado con indicaciones de la libre aceptación de la propia sexualidad y del conocimiento y respeto de la otra persona. Del afecto entre la pareja y de su proyecto común para formar una familia; de la alegría, ilusión, responsabilidad y sacrificio ante el nacimiento de los hijos, etc. Todo lo que se diga al respecto, es poco.
No se te escapa que el lenguaje que utilizarás, sin faltar a la verdad y a la exactitud de los términos, será el adecuado a la edad de tus alumnos.
Esta pedagogía, junto con lo expuesto en las treinta y dos colaboraciones anteriores y lo que tú, maestro, aportes por tu parte, facilitará a tus alumnos una calidad educativa y personal destacable y notoria.
A algún que otro maestro le ha llegado, más de una vez, el comentario elogioso de algunos compañeros que percibían en los alumnos algo así como una madurez, nobleza, alegría y comportamiento inhabituales dentro y fuera del aula. Con seis y siete años.
Pues eso, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público. Ánimo.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.
martes, 19 de junio de 2012
Profe: Tengo fatiguitas
Para hablar sobre
la educación afectivo-sexual en primero de primaria, alumnos de seis años,
vamos a exponer algunos aspectos de nuestra experiencia que nos han dado
resultados muy positivos mientras los alumnos estuvieron bajo nuestra tutoría.
Si, con posterioridad, se siguió una línea de actuación adecuada al desarrollo
evolutivo los resultados deberían haber seguido siendo muy positivos.
Lo primero es recordar lo que ya dijimos en
anterior colaboración (¡con ésta ya van treinta y dos!): A los padres, en la reunión
colectiva de principios de curso, se les debe informar que vamos a abordar, con alguna
antelación a lo que se presume que el desarrollo físico-psico-afectivo de sus
hijos iría demandando sobre estos temas y vivencias, la información y formación
afectivo-sexual como una faceta más en la formación de la personalidad.
A los padres se les mostrarán los contenidos de
los textos que utilizarás y les indicarás que a sus hijos les dirás que los
días que se aborden en clase estas cuestiones deben, al volver a su casa,
comentar lo que se haya tratado. Y que los padres, si sus hijos no comentaran
nada (cosa rara), deben preguntarles con naturalidad y simpatía pero sin
imposiciones.
Si tú, maestro novel de un curso de primaria de
un colegio público, tuvieras alguna limitación, reparo o dificultad para abordar
con tus pequeños alumnos estas cuestiones…pues, no sabemos qué cara poner. Te
podría sustituir otro compañero u otra persona aunque no sería lo adecuado ya
que, sobre todo en estas cuestiones, la comunicación interpersonal, sinceridad,
confianza y complicidad entre el tutor y sus alumnos es lo que canaliza y hace
eficaz la asunción de la información y valores que conlleva.
Por cierto, si no has visto lo ya comentado
desde hace tiempo relativo a la forma de comunicarte con tus alumnos (tono de
voz, relajación, empatía, etc) te resultará algo más complicado conseguir que
la transmisión de información y valores les llegue a tus alumnos de la forma
más adecuada. Lástima.
Como ya advertiste a los padres la educación
afectivo-sexual que desarrollarás estará al margen de cualquier
condicionamiento o influencia de creencias varias. Todas muy respetables.
Te recomendamos que estos temas, que espaciarás
durante los dos cursos (1º y 2º) que estarán bajo tu tutoría, los abordes
siempre que todos tus alumnos estén presentes en el aula.
Continuará.
Alia res:
Un alumno llegó a primero de primaria con no
muy buen color de cara, algo compungido y poco estimulado. Y algo flaco.
¿Problemas digestivos, demasiados mimos familiares,
aversión a las vivencias que tuviera en infantil,…?
El primer día, y durante muchísimas jornadas
más, se dirigió al maestro, nada más sentarse en su mesa, en estos términos y
con una expresión de cara que era todo un poema:
-Profe: Tengo fatiguitas.
El maestro, el primer día y sin darle demasiada importancia, se acercó a él y se interesó compasiva y sinceramente por su estado de salud. El alumno no manifestó necesidad de acudir a los servicios o de llamar a su madre.
Todos los días siguientes, lo mismo: las
dichosas fatiguitas que escuchaban todos los compañeros.
Eso sí, lo decía solo
una vez.
Al segundo día, cuando el maestro (que ya se lo
esperaba) escuchó lo de las
fatiguitas volvió a acercarse a su alumno, lo miró con afecto, quizás le puso
la mano sobre la cabeza o el hombro, dejó pasar unos segundos en silencio y le
respondió con tono de voz relajado y cara candorosa de cierta sorpresa:
-Pues yo,… no.
Todos los alumnos oyeron al maestro.
Este tira y afloja “Tengo fatiguitas-Pues yo,…
no” duró gran parte del curso de primero.
El alumno, al comprobar que nadie en el aula le
prestaba mayor atención (sin marginarlo ni desatenderlo), fue paulatinamente
disminuyendo su más o menos protagonismo encubierto, se fue integrando mejor en
el grupo, apreció el valor del aprendizaje y hasta llegaba a las nueve con
mejor color y ánimo. Siempre fue un poco flaco.
Nadie se contagió de lo de las fatiguitas.
Menos mal.
Tus comentarios, si lees estas colaboraciones,
deberían servir para que tantos y tantos excelentes maestros de la educación
pública (incluido tú), de diferentes niveles, aportéis vuestras iniciativas y
experiencias. Todos os lo agradeceremos.
Las vacaciones caniculares están ahí. A
disfrutarlas y recuperarse.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.
jueves, 14 de junio de 2012
Luz y taquígrafos
Cuando hayan pasado algunos días
desde el comienzo de curso y tus alumnos se conozcan entre ellos lo
suficiente (aunque la mayoría ya se conocerán de infantil), y te vayan conociendo a ti, irá siendo
hora de plantearte la elección de un delegado de curso y, si lo ves procedente, de un
subdelegado. Nosotros contemplamos solo un delegado.
Previamente al proceso electoral
explicarás a tus alumnos las funciones de las que será responsable el delegado:
colaborar contigo para que la fila entre y salga del colegio como es debido, para que
los alumnos mantengan limpios el aula y demás dependencias del colegio, no
dañen el mobiliario, intervenga para solucionar conflictos entre compañeros, recoja y
reparta libretas, libros, etc., controle el uso del material didáctico, te traslade las
sugerencias sobre la actividad escolar que se le ocurra o le lleguen de sus compañeros, borre
la pizarra, esté atento para que sus compañeros usen debidamente los distintos
espacios del colegio y eviten situaciones de riesgo, lea algunas noticias del periódico en
clase, etc., etc.
El delegado de curso no verá
mermado su tiempo de recreo ni suplantará las obligaciones del maestro.
Quedará meridianamente claro que,
bajo ninguna circunstancia, aceptarás que sea delator de sus
compañeros. Ni se arrogará ningún tipo de autoridad que no le corresponda; se comprometerá a
tratar a sus compañeros con respeto y a exigirlo para él.
No tendrá trato de favor respecto
de sus compañeros. Se trata de servir a los demás a través de la colaboración
con el profesor. Tendrá que desempeñar sus funciones con diligencia, ánimo,
simpatía y eficacia. Y ser, de alguna manera, ejemplo para los demás. Llegada la
ocasión recibirá tu reconocimiento ante su familia, y sus compañeros.
El delegado de curso podrá ser
removido de su cargo por causa justificada, previa advertencia. Y usando toda
la prudencia y delicadeza necesarias para no originar algún tipo de trauma.
Duración del cargo: el que
estimes oportuno. Hay quien lo va rotando cada siete o quince días…Nos inclinamos por
un período mucho más largo.
Si al acabar el mandato,
ejemplar, del delegado de curso lo crees merecedor de un sencillo regalo escolar
pues…lo planteas ante sus compañeros. Con toda seguridad lo aceptarán con entusiasmo, y
sin nada de envidia.
Advertirás a toda la clase que
cuando llegue el día de la votación cada uno podrá, libremente, votar o no
votar. Y que, el que deposite su voto, podrá indicar en la papeleta doblada el nombre de su
candidato, o no indicar ninguno. Eso sí, comentarás la conveniencia de participar
indicando tu candidato para que tu opinión sea tenida en cuenta.
También comentarás que no sería
recomendable, a la hora de elegir candidato, optar por el más amigo, el más
listo, el que mejor juega, el más simpático, el que impone su criterio a los demás,
etc. Se trata de acertar con el más responsable, integrado y aceptado en el grupo, y
comprometido con la tarea escolar.
Nosotros nos inclinamos porque
todos los alumnos sean candidatos pero no descartamos que se haga una
consulta en la clase sobre la conveniencia de que los candidatos a delegado de curso
sean los que voluntariamente presenten su candidatura.
La campaña electoral, ¡?, si la
hay, deberá hacerse fuera del aula: en el recreo, en la calle,…y, por supuesto, sin
aceptar coacciones o chantajes que serían comunicados al maestro. Todo esto, maestro novel
de primero de primaria de un colegio público, lo advertirás las veces que sea
necesario.
Llegado el día de la votación,
recordemos que son niños de unos seis años, escribirás en la pizarra el
nombre de los candidatos. A cada nombre le adjudicarás un número que escribirás al lado:
puede ser que alguno no sepa escribir bien el nombre elegido. Escribiendo el número
sería suficiente.
Repartirás un papel a cada uno
para que, con absoluta intimidad y secreto, los que vayan a votar indiquen a
lápiz su candidato (que pudiera ser él mismo). A continuación, y sin que nadie
pueda leer lo escrito, doblarán varias veces la papeleta y la dejarán sobre su mesa. Tú
indicarás entonces que, con orden, cada uno lleve su voto doblado y lo deposite sobre tu
mesa, a la vista de todos.
Llamarás a dos alumnos para que
lleven a cabo el recuento de los votos emitidos. Uno abrirá el voto, lo
enseñará despacio a toda la clase leyendo el nombre o número; y tú lo comprobarás. El
otro alumno escribirá en la pizarra, junto al nombre indicado en el voto, una marca o
señal. El voto leído se dejará, a la vista de todos, en otro lugar de tu mesa o en un
recipiente.
Acabado el recuento será
designado delegado de curso, o delegada, quien haya recibido más votos. Si todos
están conformes se romperán los votos emitidos en trocitos pequeños que irán a la papelera.
A continuación, el nuevo delegado podría borrar la pizarra.
Todo el proceso aquí relatado,
insistimos en que son niños de seis años, se hará con la seriedad que corresponda a
la edad de los votantes a la vez que no se coartará la curiosidad, entusiasmo, simpatía
y bullicio infantiles. Y, en lo posible, en un ambiente relajado y sin estridencias.
Les indicarás que, al igual que
con cualquier otra actividad escolar, deben contar a su familia la jornada electoral
y el resultado de la votación.
¿Ventajas de lo indicado?: De
todo tipo, y corto y largo alcance. No necesitas, y
tú lo sabes, que te lo demos todo
masticado. Ánimo.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.
viernes, 18 de mayo de 2012
Beethoven
Parece que no tiene
fácil remedio. Nos referimos al ruido.
Ya comentamos en
anteriores ocasiones que hay colegios con una acústica que perjudica el normal
desarrollo de la actividad escolar o que están ubicados en zonas que soportan
más decibelios de lo deseable.
Lo que sí debería
tener remedio es el ruido generado por los ocupantes del colegio:
Incluso el sonido
de la sirena, o campana, podría atenuarse y no llegar a ser molesto. Sin dejar
de ejercer su función.
Alumnos que entran
en tropel a voz en grito cuando llegan de sus casas, regresan del recreo,
esperan algún cambio de maestro, van por el pasillo por algún motivo, regresan
a sus casas…o, simplemente, dominan el ámbito del aula e ignoran los gritos
impotentes e inútiles de su tutor.
Lo anterior no es
lo generalizado, afortunadamente, en los colegios públicos. Hace tiempo que
venimos indicando pautas para evitar esas situaciones.
Sin llegar a casos
extremos sí hay maestros que utilizan una ineficaz intensidad de voz que en
absoluto favorece un ambiente de aprendizaje. Y que propicia, por contagio, el
que sus alumnos vayan imitando lo que escuchan a diario.
Si los alumnos
provienen de una familia acostumbrada al grito y al ruido (al expresarse, al
poner en funcionamiento aparatos de sonido, etc.) habría, con discreción y
delicadeza, hacer ver lo inadecuado y pernicioso de dicho hábito. Incluso a la
propia familia en el tiempo de la tutoría.
Siempre te queda el
recurso, sin dirigirte a nadie en concreto, de comentar con todos tus alumnos
que estas situaciones pueden ocurrir con los perjuicios que conlleva: pérdida
de audición, distintos tipos de trastorno, molestias a los demás, etc. Y que es
una pena que los protagonistas no pongan remedio para mejorar su calidad de
vida y evitar perjudicar la de otros, sobre todo la de los más pequeños.
No dudes, maestro
novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, que tú sí
podrás conseguir que tus alumnos, al menos el tiempo que estén contigo, sí se
comuniquen sin decibelios que los perjudiquen y dañen a otros. Recuerda lo que
indicamos en otras colaboraciones. Les encantará seguir esas pautas ya que
serán ellos los primeros en disfrutarlas.
¿Y la nefasta manía
de poner el volumen a toda pastilla?
Sí: en salidas
fuera del centro, en las celebraciones escolares que se desarrollan durante el
curso en el salón de actos (o lugar habilitado), patio, etc. Con, o sin,
presencia de las familias. No hay forma de evitar que se machaquen hasta
extremos insufribles los tímpanos y demás órganos de los oídos de los menores,
y mayores, asistentes. ¡Incluso de bebés!
Habría que
rebelarse e indignarse. Y obligar, a quienes corresponda, que atiendan al
sentido común y a la más elemental precaución para no dañar la salud. Así.
¿Y qué decir de
algunos comedores escolares ubicados en recintos nada adecuados, o casi? Menudo
follón, a diario. Un griterío que impide cualquier acción pedagógica sobre los
hábitos alimenticios. ¿Sentará bien la comida? Así, no hay forma.
Bien es verdad que
en las salas de cine así como en otros lugares terminarán de rematar la faena.
¿Un país de sordos algo tocados? Si al menos surgiera un genio…
Si a nuestros
alumnos los vamos haciendo objetivamente críticos con la-s realidad-es que nos
rodea-n es posible que la sociedad mejore algo.
Saludos.
lunes, 14 de mayo de 2012
Sala de espera
Hay un día y hora a
la semana previsto para las tutorías individuales. Ya indicamos la necesidad de
que acudan los padres, acompañados por sus hijos, a dichas tutorías cada mes y
medio, aproximadamente.
Algunos compañeros,
los menos, eluden ese encuentro tan imprescindible alegando que si el alumno no
presenta problemática o dificultad destacable es mejor no molestar a la familia
para que acuda a la tutoría, que habría poco que comentar... Ni ellos mismos se
lo creen aunque es posible que algunas personas, incluso padres, lo acepten
como lógico o normal. Así nos va.
Había algún
compañero que para llegar al colegio transitaba por unas calles poco
frecuentadas por los alumnos y padres. Así evitaba verse con ellos. ¿!
Pero, maestro novel
de primero de primaria de un colegio público, sigamos con lo que nos interesa.
Debes evitar llegar
tarde a la hora de iniciar el tiempo de tutoría; sería mal comienzo.
Igualmente, si acabado el tiempo previsto hubiera padres e hijos pendientes de
que tú los recibieras deberás atenderlos aunque sobrepases la hora establecida.
Sé generoso con tus alumnos y familia. Percibirán tu dedicación y entrega.
Es fácil que se
reúnan varias personas en el pasillo junto a la puerta de tu aula esperando ser
recibidas por ti. Hay que facilitar las cosas: Saca sillas al pasillo para que
la espera sea cómoda, Y cierra o entorna la puerta mientras atiendes al que
corresponda según orden de llegada.
Situarás dos o tres
sillas junto a tu mesa para que las ocupen tu alumno y la-s persona-s que lo
acompañe-n.
Agradeces la
presencia en el aula a esa hora y pones sobre tu mesa la ficha de seguimiento de
tu alumno y sus cuadernos de trabajo (que verán sus padres).
Explicas, y
pormenorizas, los logros y dificultades que vienes observando en el aprendizaje
de las distintas áreas. Como tus fichas de seguimiento de cada alumno estarán
con muchas observaciones y calificaciones no te resultará nada complicado
trasladar estos datos y tu valoración a los padres y alumnos. También debes
referir la actitud y comportamiento de tu alumno en el aula, con sus compañeros
(incluidos los más retrasados en el aprendizaje o con algún tipo de carencia),
en el patio, con otros profesores, con el equipamiento del colegio, etc. Y no
olvides valorar su actitud ante el aprendizaje y su convencimiento de que no se
va al colegio para obtener buenas calificaciones.
Valorarás positivamente
ante tu alumno y sus padres las habilidades o iniciativas en las que destaque:
liderazgo, deportes, artística, lenguaje, matemáticas, ecologismo, aceptación
por parte de sus compañeros, simpatía, originalidad y creatividad, capacidad de
intervenir para resolver conflictos entre otros compañeros, etc.
Te interesarás, con
discreción y si los padres lo aceptan, por el comportamiento de tu alumno en su
casa y con su familia: colaboración en las tareas domésticas, convivencia con
sus hermanos y demás familia así como con sus amigos y vecinos, aceptación de
las normas establecidas a la hora de comer, irse a dormir, tener su cuarto
presentable (cama, ropa, calzado, juguetes,…), etc.
Procurarás, si tuvieras
que indicar a los padres alguna circunstancia escolar mejorable de su hijo,
hacerlo con cercanía y afecto (incluso con simpatía), con el tono de voz ya
indicado muchas veces, sin insistir en la negatividad pero no faltando a la verdad.
Insistirás en el ánimo colaborador de tu alumno para mejorar lo mejorable y en
tu confianza en que con tu actuación y colaboración familiar superará y
mejorará lo que seposible y necesario.
Esta forma de
actuar influirá para que los padres no utilicen, gratuita e irresponsablemente,
ciertas expresiones poco adecuadas al referirte aspectos de la personalidad o
comportamiento de sus hijos. Llegado el caso no dudes en corregir delicada y
respetuosamente, y con afecto, a los progenitores. Ni a ti ni a ellos os asiste
el derecho a denigrar o humillar al alumno allí presente. Faltaría más. Son
niños de seis años. Y si fueran de más edad…igual.
Agradeces a los
padres la colaboración prestada en la casa a su hijo en alguna sencilla tarea o
deber escolar: aprender y recitar alguna poesía, usar el diccionario, reforzar
sencillas equivalencias y series numéricas, etc. Como si fuera casi como un
juego.
Si tuvieras
constancia de que tu alumno no recibe en casa ningún tipo de ayuda en sencillos
deberes escolares deberás recabar de los padres su colaboración ya que resulta
imprescindible para la labor educativa con su hijo. Te comprenderán. Y lo
agradecerán.
Debes recabar de
los padres cualquier tipo de circunstancia que debas conocer y tener en cuenta
sobre tu alumno referente a la salud, dificultad o problemática de cualquier
clase, etc.
Te interesarás
especialmente por conocer si tu alumno, a diario, cuando vuelve del colegio
comunica a sus padres lo que ha hecho en clase, lo que ha aprendido, lo que
ocurrió durante el recreo, etc. Y… si tiene más amigos, se lo ha pasado bien y
tiene ganas de volver al día siguiente.
Antes de iniciar
las tutorías individuales, siempre con la presencia de tu alumno, advertirás en
clase que, a veces, los padres o el profesor pueden necesitar intercambiar
información sin que el alumno deba estar presente. Lo aceptarán, respetarán y
asumirán como algo lógico y natural.
Llegada esta
circunstancia durante la tutoría, indicarás a tu alumno que se retire al
pasillo y espere que se le vuelva a llamar. Puede haber circunstancias
familiares que debas conocer en privado.
Si practicas, en
mayor o menor medida, las indicaciones metodológicas y pedagógicas que hemos
venido relatando desde hace ya mucho tiempo, y llevas las visitas de padres de
la forma que te hemos indicado, mejorándolas con tus propias aportaciones, te
garantizas una elevada calidad educativa, prestigio y el respeto de las
familias, alumnos…y de tus propios compañeros. Pero no te creas un “figura”:
eres uno más de los maestros de la escuela pública que intentan mejorar la
sociedad que nos ha tocado.
Saludos
miércoles, 9 de mayo de 2012
Tranquilo: No te van a comer
Sobre la anterior
colaboración y, en concreto, sobre los problemas matemáticos: Facilítales
varios caminos para llegar al resultado. Les abre la mente, los hace creativos,
relacionan mejor diversos conceptos…y les hace sentirse más seguros en sus
capacidades.
Ha habido alumnos
que nos han sorprendido, con seis o siete años, al llegar a la solución de
sencillos problemas a través de sorprendentes y eficaces procedimientos
matemáticos. Y no olvides lo dicho: Manipulación de objetos y ligera
representación teatral emocionada para plantear las cuestiones o problemas. Sin
prisas.
Y hablando de
creatividad: Deja cierto margen de libertad creativa para que tus alumnos,
dentro de un orden y sin olvidar la debida buena presencia de las actividades
realizadas en las libretas, puedan plasmar en dichas actividades de vez en
cuando su impronta a través de dibujos, recortes, pegatinas, colores,
distribución de los espacios, tipos de letras, utilización de otros materiales,
etc. Les entusiasma, divierte e impulsa en el aprendizaje.
Primera y muy
deseada reunión colectiva con los padres de tus alumnos:
Ya dijimos en su
momento que los padres, antes de la primera reunión, ya te conocerán sobradamente por los testimonios que tus
alumnos habrán manifestado ante sus familias; y por los contactos que puedas
haber tenido con los progenitores.
A esta reunión
colectiva no deben acudir los alumnos, solo los padres.
Concederás unos
cinco minutos de cortesía para los padres que pudieran retrasarse.
Al comenzar les
agradeces su presencia. Tu tono de voz, forma de mirar y dirigirte a ellos, la
seguridad e ilusión (no exenta de realismo) que desprenderás al hablar de la educación
de sus hijos, la necesidad de contar con su colaboración en todo el proceso
educativo, etc. te van a garantizar un apoyo imprescindible y duradero.
Por cierto, que si
tu forma de dirigirte a los padres se parece algo a lo que indicamos en relación
con la comunicación con tus alumnos, mejor. Sin que resulte artificial o poco
sincera. Naturalidad.
Los padres podrían
sentarse en las sillas, o alrededores, de donde se sientan sus hijos. Les hace
ilusión y visualizan de alguna manera a sus hijos allí situados. Tú podrás
estar sentado en tu silla inicialmente aunque lo normal es que te levantes para
utilizar la pizarra, te apoyes discretamente en tu mesa…Naturalidad y cercanía.
A los progenitores
que vayan acudiendo les preguntarás el nombre de su hijo y anotarás en la ficha
de seguimiento del alumno el día de la reunión y si acudieron el padre y la
madre, o solo uno de ellos.
Los padres podrán
preguntar lo que deseen durante la reunión. Advertirás que deberán ser
preguntas de interés colectivo ya que las de carácter particular se formularán
en las horas de tutoría. O al acabar la reunión.
Explicitarás el
contenido de las fichas de seguimiento donde irás reflejando a diario
calificaciones y observaciones que merecen tus alumnos: Explicarás a los padres
todo lo que hemos expuesto sobre los objetivos y forma de desarrollar la
lectura, expresión oral, vocabulario, poesía, comprensión oral y escrita,
dictado, redacciones, cálculo, nociones, problemas, etc. etc. No olvides los
aspectos artísticos y deportivos.
Indicarás la
necesidad de que duerman las horas necesarias, de que acudan desayunados y, en
lo posible, con sus necesidades fisiológicas hechas, de la puntualidad al
acudir al colegio, de llegar aseados, de que los bocadillos y bebidas, o
frutas, que consuman durante la mañana sean sanos y nutritivos, de que aporten
a diario los útiles y materiales
escolares precisos, etc. También
explicarás la forma y frecuencia, ya expuestas con anterioridad en otras colaboraciones, de
acudir a los servicios, de “castigar” a los infractores de las normas escolares
y morales, etc.
No se te olvide
indicarles a los padres que sus hijos (seis años) no van a tu clase a sacar
buenas notas: Puede que la sorpresa inicial sea mayúscula e inesperada. Te
toca, con el lenguaje y argumentos que ya conoces, convencerles de la
conveniencia de asumir tus postulados ya que han dado, y seguirán dando,
resultados más que eficaces y, por supuesto, por encima de los niveles
exigidos. Y evitando angustias limitantes e inútiles.
Les advertirás que,
dentro del proceso escolar, tienes la intención de iniciar, poco a poco, una
educación afectivo-sexual algo adelantada a lo que exija su desarrollo
psico-afectivo para garantizarles, con naturalidad, un conocimiento y asunción
de su sexualidad que conllevará el
respeto a su propio cuerpo y al de los demás. En los colegios hay textos con
ilustraciones, incluso algo antiguos, que abordan el tema con una naturalidad y
simpatía sorprendentes. Sin mojigaterías ni influencias de creencias varias.
Si algún progenitor
tuviera algún reparo en esta cuestión deberás tenerlo en cuenta. A nosotros
nunca nos ocurrió algo así. Sería raro.
Además, les
indicarás los resultados conseguidos en esta educación afectivo-sexual durante
muchos años de docencia por muchos maestros: Alumnos con una madurez,
conocimiento, naturalidad, simpatía y responsabilidad evidentes.
Que no se te olvide
indicarles que intercalas, en las tareas escolares, canciones o
interpretaciones musicales, juegos, adivinanzas, lectura del periódico…con
objeto de aliviar el posible cansancio, pasarlo bien y favorecer el
aprendizaje.
Les dirás que para
ti y tus alumnos es fundamental la comunicación personal. Y que igual que tú
les expones experiencias personales de las que extraer consecuencias, ellos
también lo hacen. Y que el ambiente en la clase es relajado, respetuoso,
alegre, estimulante, proclive al aprendizaje y, por si fuera poco, con un mutuo
y sincero afecto. Y que si el niño les traslada algo parecido a una queja o
dificultad del tipo que sea, además de escucharles con atención deben, los
padres, acudir a ti para conocer tu versión y opinión. Sin caer en una
sobreprotección excesiva, desequilibrada y nefasta.
Solicita de los
padres de tus alumnos, porque es absolutamente necesario y útil, su presencia, acompañados del alumno,
cada mes y medio, aproximadamente, para la visita de tutoría. Les indicarás que
tienes la costumbre de anotar en las fichas de seguimiento de cada alumno las
fechas en que se realizarán dichas tutorías. Y que, para una matrícula de poco
más de veinte alumnos, es muy fácil alcanzar unas noventa visitas de padres
durante el curso.
Y, lo último,
maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que tú y tus
alumnos estáis acostumbrados a dejar las tareas escolares cuando suena la
sirena para salir ya que ni estáis deseosos de abandonar el aula ni os sentís
agotados. Así pues que los padres se acostumbren a que sus hijos vayan siendo
los últimos en llegar a la puerta del colegio. Dicho con naturalidad, cercanía
y afecto.
Enriquece lo
expuesto con todo lo que se te ocurra para hacer más fructífera este tipo de
reuniones colectivas. Te juegas mucho.
Hasta la próxima,
si ha lugar.
Saludos.
Saludos.
martes, 10 de abril de 2012
Run-run
Breve comentario sobre la anterior colaboración: Dijimos que los alumnos no copiarían en sus cuadernos ni los enunciados ni las respuestas de la mayoría de los ejercicios de los textos para que no se cansaran y aburrieran. Habrá ocasiones y ejercicios que sí habrá que reflejar en los cuadernos…pero procurando que sean los imprescindibles. Mantenemos la apuesta por una metodología oral, participativa y colectiva.
Los colegios suelen disponer de materiales que facilitan el aprendizaje matemático, desde la humilde plastilina de colores y ábacos hasta el último grito que haya salido.
Los alumnos deberán tener a la vista durante todo el curso las equivalencias del sistema de numeración, hasta la centena en primero, para poder manipularlas en el aprendizaje. Esto de la manipulación es muy importante y deberías practicarlo a diario. A ellos les divertirá.
A la hora de corregir los ejercicios de cálculo, una vez aprendidos, podrías intercambiar las libretas entre tus alumnos. Se fijarán de la corrección hecha en la pizarra, por ti o por otros alumnos, y anotarán la calificación que corresponda (abreviaturas de bien-mal-regular) junto a cada operación. Exigirás la correcta escritura de las cifras y raya, la verticalidad adecuada, la presencia del signo igual y la limpieza y separación proporcionada de las operaciones.
Si las corrigieras tú, en algún momento del horario, te llevará un tiempo que, conforme venimos exponiendo, necesitarás para desarrollar con tus alumnos otras actividades más interesantes y, quizás, más necesarias. Oye, te queda la opción de corregirlas en casa.
A tus alumnos les recordarás que no pueden alterar por su cuenta (no podrán utilizar la goma) el resultado que su compañero haya puesto ya que no le haríamos ningún favor. Vigilarás durante algunos días…luego ellos habrán interiorizado la honestidad del proceso y no será necesario que estés demasiado pendiente.
A continuación, y siguiendo el orden de las fichas de seguimiento, preguntarás a cada niño qué tipo de calificaciones ha obtenido su compañero. Anotarás en cada ficha lo que corresponda.
Devueltas las libretas a sus dueños (no podrán utilizar la goma ni añadir nada a lápiz) mirarán con lupa si los han corregido bien. Si alguno estuviera disconforme acudirá a tu mesa para la comprobación y rectificación, si procede. No acusará al compañero que se haya equivocado ya que habrá sido sin querer.
Cuando vayan llegando los problemas utilizarás la manipulación de objetos al tiempo que utilizarás una breve y algo emocionada dramatización para que capten la situación planteada a resolver. En lo posible no copiarán el enunciado aunque sí podrían hacer referencia a la página del libro y número del problema. Que no hay que cansarlos…sin necesidad.
Llegado el momento contemplarás la conveniencia de que la corrección se haga de forma algo similar al cálculo. En lo posible.
Cuando se corrijan los problemas en la pizarra, por ti o por los alumnos, también acudirás a la manipulación de objetos y pequeña dramatización. Les entusiasma.
Si alguien conoce estos últimos escritos o colaboraciones, y no ha accedido a casi todos los anteriores, es posible que le llegue una forma de ejercer la docencia bastante parcial, incompleta y no del todo estimulante y eficaz. Todo lo que hemos expuesto, y lo que vendrá, está muy interrelacionado: forma algo así como un todo.
Alia res:
Parece que no hay más remedio que buscar la eficiencia, no solo educativa, en todo el sistema escolar que tenemos o sufrimos. Ya era hora. Roguemos para que con la mayoría de apoyos consensuados posibles, con un cuerpo de maestros deseosos de ser más entusiastas, honestos, comprometidos y eficaces, y con una sociedad consciente de lo que se juegan sus hijos y nos jugamos todos…vayamos olvidando y superando las penosas realidades que nos vienen acompañando desde hace décadas. Se puede. Y no es nada complicado, está al alcance de cualquiera…que se lo proponga.
Hay un run-run sobre la duración y aprovechamiento de los periodos vacacionales, sobre las ratios (en algunos casos llamativas por lo minúsculas), sobre las horas lectivas, sobre la forma de ejercer las clases de apoyo y su control, sobre la seguridad del maestro en su puesto de trabajo, etc. Si cualquier cambio favorece lo expresado repetidas veces, y más con la que está cayendo y viene de camino, habrá que considerar la conveniencia de algunas modificaciones. No se nos pongan airados algunos compañeros.
A veces, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, mientras menos obligaciones asumes menos ganas tienes de trabajar. Es así porque va con nuestra naturaleza, al menos en algunos casos. Habría que tener una moral como la del Alcoyano para no sucumbir a: como son pocos niños, como ya saben casi lo suficiente, como nadie controla mi labor, como hoy he tenido un mal día, como hay otros compañeros que hacen menos que yo…¿Seguimos?
Como siempre hemos reconocido la inmensa mayoría no se ve reflejada en lo que acabamos de exponer.
Va a ser verdad uno de los significados del título de estos comentarios: Es la hora de que todos, maestros y sociedad, estemos comprometidos con la mejora del sistema educativo.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.
Los colegios suelen disponer de materiales que facilitan el aprendizaje matemático, desde la humilde plastilina de colores y ábacos hasta el último grito que haya salido.
Los alumnos deberán tener a la vista durante todo el curso las equivalencias del sistema de numeración, hasta la centena en primero, para poder manipularlas en el aprendizaje. Esto de la manipulación es muy importante y deberías practicarlo a diario. A ellos les divertirá.
A la hora de corregir los ejercicios de cálculo, una vez aprendidos, podrías intercambiar las libretas entre tus alumnos. Se fijarán de la corrección hecha en la pizarra, por ti o por otros alumnos, y anotarán la calificación que corresponda (abreviaturas de bien-mal-regular) junto a cada operación. Exigirás la correcta escritura de las cifras y raya, la verticalidad adecuada, la presencia del signo igual y la limpieza y separación proporcionada de las operaciones.
Si las corrigieras tú, en algún momento del horario, te llevará un tiempo que, conforme venimos exponiendo, necesitarás para desarrollar con tus alumnos otras actividades más interesantes y, quizás, más necesarias. Oye, te queda la opción de corregirlas en casa.
A tus alumnos les recordarás que no pueden alterar por su cuenta (no podrán utilizar la goma) el resultado que su compañero haya puesto ya que no le haríamos ningún favor. Vigilarás durante algunos días…luego ellos habrán interiorizado la honestidad del proceso y no será necesario que estés demasiado pendiente.
A continuación, y siguiendo el orden de las fichas de seguimiento, preguntarás a cada niño qué tipo de calificaciones ha obtenido su compañero. Anotarás en cada ficha lo que corresponda.
Devueltas las libretas a sus dueños (no podrán utilizar la goma ni añadir nada a lápiz) mirarán con lupa si los han corregido bien. Si alguno estuviera disconforme acudirá a tu mesa para la comprobación y rectificación, si procede. No acusará al compañero que se haya equivocado ya que habrá sido sin querer.
Cuando vayan llegando los problemas utilizarás la manipulación de objetos al tiempo que utilizarás una breve y algo emocionada dramatización para que capten la situación planteada a resolver. En lo posible no copiarán el enunciado aunque sí podrían hacer referencia a la página del libro y número del problema. Que no hay que cansarlos…sin necesidad.
Llegado el momento contemplarás la conveniencia de que la corrección se haga de forma algo similar al cálculo. En lo posible.
Cuando se corrijan los problemas en la pizarra, por ti o por los alumnos, también acudirás a la manipulación de objetos y pequeña dramatización. Les entusiasma.
Si alguien conoce estos últimos escritos o colaboraciones, y no ha accedido a casi todos los anteriores, es posible que le llegue una forma de ejercer la docencia bastante parcial, incompleta y no del todo estimulante y eficaz. Todo lo que hemos expuesto, y lo que vendrá, está muy interrelacionado: forma algo así como un todo.
Alia res:
Parece que no hay más remedio que buscar la eficiencia, no solo educativa, en todo el sistema escolar que tenemos o sufrimos. Ya era hora. Roguemos para que con la mayoría de apoyos consensuados posibles, con un cuerpo de maestros deseosos de ser más entusiastas, honestos, comprometidos y eficaces, y con una sociedad consciente de lo que se juegan sus hijos y nos jugamos todos…vayamos olvidando y superando las penosas realidades que nos vienen acompañando desde hace décadas. Se puede. Y no es nada complicado, está al alcance de cualquiera…que se lo proponga.
Hay un run-run sobre la duración y aprovechamiento de los periodos vacacionales, sobre las ratios (en algunos casos llamativas por lo minúsculas), sobre las horas lectivas, sobre la forma de ejercer las clases de apoyo y su control, sobre la seguridad del maestro en su puesto de trabajo, etc. Si cualquier cambio favorece lo expresado repetidas veces, y más con la que está cayendo y viene de camino, habrá que considerar la conveniencia de algunas modificaciones. No se nos pongan airados algunos compañeros.
A veces, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, mientras menos obligaciones asumes menos ganas tienes de trabajar. Es así porque va con nuestra naturaleza, al menos en algunos casos. Habría que tener una moral como la del Alcoyano para no sucumbir a: como son pocos niños, como ya saben casi lo suficiente, como nadie controla mi labor, como hoy he tenido un mal día, como hay otros compañeros que hacen menos que yo…¿Seguimos?
Como siempre hemos reconocido la inmensa mayoría no se ve reflejada en lo que acabamos de exponer.
Va a ser verdad uno de los significados del título de estos comentarios: Es la hora de que todos, maestros y sociedad, estemos comprometidos con la mejora del sistema educativo.
Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.
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