miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Arrimamos el hombro?

Algunas de las preguntas de la comprensión, oral o escrita, deben estimular la creatividad, originalidad, capacidad de improvisación y reflexión, etc. de los alumnos. Todas las preguntas no deben tener siempre un nivel de exigencia elemental.

Y algo más sobre la lectura: Siempre, en la lectura colectiva o individual, harás observaciones para que se fijen en la ortografía de algunas palabras y signos de puntuación, en la concordancia, en el uso de mayúsculas, en el estilo directo e indirecto a la hora de expresar los diálogos, en la adecuación de algunos adjetivos, etc. Y no olvides, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, que estamos en un nivel de primero de primaria.

Sobre la expresión escrita:

Una vez dominado el proceso lecto-escritor de este nivel se deben iniciar, sobre el segundo trimestre, ejercicios de expresión escrita que, gradualmente, irán ganando en extensión y complejidad. En los textos te vendrán indicados diversos enfoques para esta actividad.

Con independencia de los textos te sugerimos esto que puedes modificar, mejorar o no tener en cuenta: Todas las semanas, al igual que con el dictado, saldrá a la pizarra un alumno que, subido en una silla, escribirá una composición o redacción; siempre la acompañará un dibujo alusivo al texto escrito. Si divides la pizarra en dos mitades con una tiza podrán salir dos alumnos al mismo tiempo; les indicarás la conveniencia de que no se fijen en lo que el otro escriba.

¿Sobre qué escribirán? Sobre lo que hayas sugerido y acordado con tus alumnos: inventarse una historia sobre una o dos palabras dadas, cambiar el final de un cuento conocido, sobre un dibujo inventarse un cuento, narrar una historia sobre alguna experiencia o noticia conocida por todos,…las posibilidades son casi infinitas. Siempre incluirán un dibujo alusivo, coloreado o no; y lo situarán donde su imaginación y creatividad les indique.

Muy, muy importante: No te olvides de la motivación antes y durante la actividad. Podrán crear sus propias historias con los personajes que quieran, viajarán con la fantasía a lugares sorprendentes, ocurrirán aventuras increíbles, podrán inventarse palabras nuevas, irán sintiéndose orgullosos de sí mismos al comprobar como, poco a poco, dominarán la expresión escrita, etc.

Habrá motivación estimulante en todas las actividades escolares que desarrolles con tus alumnos. En todas. Aunque tengas que dramatizar algo de forma simpática.

Mientras los dos alumnos de la pizarra, con el respaldo de la silla hacia la pared, escriben sus redacciones, el resto de la clase la escribirá en sus cuadernos de renglones de dos rayas. Tu tono de voz y forma de dirigirte a ellos los convencerá de la inconveniencia e inutilidad de intentar copiarse de la pizarra. Es más positivo equivocarse, aceptarlo, corregirlo y aprender. Todo muy relajado, franco y estimulante.

Les indicarás un tiempo suficiente para el desarrollo de la actividad. Podrán utilizar el diccionario (sabido el orden alfabético y el uso) para evitar faltas de ortografía.

Deben inventarse un título para la redacción, lo deberán escribir con el tipo de mayúsculas que prefieran (pueden consultar textos) y lo podrán colorear o no.

Les recordarás varias veces durante el ejercicio las reglas ortográficas que ya deben ir teniendo en cuenta. Poco a poco irán utilizando el estilo directo e indirecto en sus composiciones para reflejar lo expresado por los personajes de su narración. En los últimos meses de primero de primaria ya deberían ser capaces de plasmar en sus cuadernos, todas las semanas, composiciones de cierta extensión y complejidad.

Si algún alumno te reclamara, durante el ejercicio, para consultarte alguna duda, se la resuelves con el mejor ánimo.

Una vez terminado el ejercicio, los alumnos dejarán sobre tu mesa sus cuadernos. Y los de la pizarra volverán a su sitio. Corregiremos en otra ocasión.

Alia res:

Para lo que hemos comentado en las veintitrés colaboraciones expuestas, incluida ésta, entendemos que no son precisos ni mayores ni menores recursos humanos y materiales. Si el maestro cumple con su obligación y sigue las pautas indicadas para dentro y fuera del aula, u otras pautas eficaces que él practique y prefiera, tendrá garantizada una muy buena calidad educativa en sus alumnos; que se prolongará durante los cursos posteriores a menos que se sea un cafre, o algo así, el maestro que los vaya recibiendo. Que los hay; pocos, pero los hay.

Para los cursos de primaria, sin perder de vista la adecuación a la evolución de los intereses de los alumnos, hacen falta un maestro-tutor en condiciones y los especialistas, y material, necesarios. Todos, comprometidos con la docencia.

Se oye con demasiada frecuencia y muchas veces con demasiado ruido y alboroto que, ahora que el país está en tan lamentable estado económico con el drama del paro y el déficit, bajo ningún concepto se pudiera meter la tijera a la educación pública porque se perdería calidad educativa, porque nos jugamos el futuro…y no sabemos cuantas cosas más. Da lo mismo la creencia o ideología que subyazca.

Si la calidad educativa, en estos niveles de primaria, es lo que hemos venido exponiendo hasta ahora, y que se puede comprobar fehacientemente, no entendemos bien ciertas advertencias y reivindicaciones. Puede que haya otros intereses…

Creemos que, temporalmente y para los tiempos que corren, sí se podrían considerar la continuidad de algunas situaciones establecidas en la educación primaria:

La reducción de horas lectivas de los maestros mayores de cincuenta y cinco años. Con esa edad, y con bastante más, se suele estar en plenas condiciones para ejercer la docencia durante todas las horas lectivas y obtener un  rendimiento notable. Sobre todo si el clima habitual dentro y fuera de clase transcurre dentro de los cauces deseables de trabajo, respeto, orden, entusiasmo, alegría, etc.

Lo de la jubilación a determinada edad…

Siguen existiendo aulas con pocos o muy pocos alumnos y, como es lógico, atendidas por un maestro-tutor y los especialistas. Suena algo a despilfarro. No nos referimos a algunas localidades que dependerían de transporte escolar. Con veinticinco alumnos por aula (o casi), en estos niveles primarios, el trabajo es muy asumible y controlable. Siempre que se consiga lo del clima aludido en el párrafo anterior, se utilice metodología eficaz y se procure no agobiar a los maestros con exceso de burocracia. Hablaremos algo de ello en otra ocasión.

Seguro que se puede optimizar el rendimiento de todos los que intervienen en el proceso escolar desde el personal de limpieza, subalterno, no docente, docente,…  hasta el director, si el pobre lo aguanta. Si, además, todo lo expuesto repercute, a corto o largo plazo, en reducción de algunos costos (no se mermaría la calidad educativa, por supuesto) estaríamos contribuyendo desde nuestro ámbito a la mejoría de este país. Merece la pena considerarlo aunque a algunos puedan darles ganas de perseguirnos con un lazo. No es nuestra intención menoscabar los derechos adquiridos…de nadie.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

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