sábado, 7 de julio de 2012

Profe: Lo de la cigüeña…?

Toca continuar, y acabar, con la educación afectivo-sexual.
 
Como a estas edades, seis y siete años, los torrentes hormonales están más bien apaciguados, la información y formación que reciben no están sometidas a vaivenes emocionales poco previsibles. De hecho, en general y según nuestra experiencia, no suele darse en la clase alteración significativa a base de comentarios bajo cuerda, nerviosismo, miradas y risas cómplices y algo pícaras, acaloramientos faciales ni nada por el estilo. Y si se diera alguna de esas circunstancias sería mínima y de muy corto recorrido; no habría que criticarla. Incluso procedería indicarles que si a alguno le entran ganas de reirse que lo haga libre y tranquilamente. O de contar un chiste…el que se ría la clase no estaría garantizado.

Verás que es como esa lluvia fina que cala y fertiliza el terreno poco a poco. Se irán sintiendo seguros, serenos y agradecidos. Y simpáticos, libres y alegres, por supuesto.

Como ya dijimos todos tus alumnos deben estar presentes cuando abordes estos temas. Irás poco a poco, sin calendario ni horario prefijado, la duración de cada sesión no debería llegar a los treinta minutos. 

Admitirás, en cualquier momento del curso, todo tipo de preguntas que te puedan formular y explicarás cualquier término cuyo significado ignoren. Como los textos que utilices traerán dibujos alusivos, con frecuencia muy oportunos y graciosos, procura levantarte de tu mesa (si estabas sentado) y pasarlos entre las mesas para que los vean. Lo mejor es que te sientes cerca de ellos o los sientes en círculo. Casi como en familia.

Les indicarás que, como comprobarán, hablar de estos temas de vez en cuando, y como un aspecto más del currículo (utiliza otro término) escolar, es necesario, lógico, sano, divertido y tranquilizador. Sin olvidar que son sus padres los primeros y principales responsables de su educación y formación.
Vas a irritarte, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, porque te volvemos a indicar, y van ciento, lo imprescindible que resulta la forma en que te dirigirás a ellos desde el inicio de curso. Es una de las claves. Tu calidad y compromiso personal y profesional, junto con la comunicación y colaboración familiar, las otras.

Es conveniente, y convincente, que les expongas con naturalidad la normalidad y simpatía con que en tu propia familia se comentan y viven estos aspectos afectivo-sexuales. Algún comentario anecdótico, sin entrar en más detalles innecesarios, les ayudará a aceptar que lo que les trasladas es algo que tú, maestro, y tu familia vivís con alegre naturalidad.

Es posible que alguno de tus alumnos quiera relatar, sobre este tema, alguna vivencia en su propia familia. No se lo impidas…pero tampoco permitas que, por ser espontáneos y sinceros, pudieran no preservar, inocentemente, la debida intimidad y privacidad de su propia familia.
Hay que aprovechar cualquier circunstancia para inculcarles prudencia y discreción.
Con estos mimbres tus alumnos irán asumiendo con sosiego y antelación los cambios evolutivos (físicos-afectivos-emocionales) que, al igual que a sus padres y a todos los demás nos llegaron, les irán llegando en su momento. Estarán advertidos y protegidos, en lo posible, de influencias que pudieran alterar negativamente su conocimiento y asunción de estos aspectos de su desarrollo personal.

Por cierto, estaría bien que a los padres, en la reunión colectiva de principios de curso, y al advertirles de tu intención de abordar la educación afectivo-sexual, les sugirieras la conveniencia de que los cambios físicos significativos que evidenciarán sus hijos más adelante tuvieran en el ámbito familiar una íntima acogida y celebración. Con algún regalo. Esto mismo, cuando llegues a las páginas del texto que utilices, se lo dirás a tus alumnos en el aula para que puedan referirlo en su casa.
Como la realidad es la que es sí les advertirás que, probablemente, conocerán a algunos niños que no han tenido la oportunidad, ni en su casa ni en el colegio, de que les hablen y formen en estos temas. Y que, es posible, que vivan sus cambios evolutivos con creencias y vivencias algo equivocadas que podrían no ayudarles en su desarrollo personal e, incluso, no tener una relación respetuosa con los demás. Ignorantes, pobrecitos, por culpa de otros: algunos padres y maestros.

Evita que tus alumnos se crean que ellos son superiores a otros niños por conocer estos aspectos. No suele ocurrir.

Todo esto de lo afectivo-sexual que, entre primero y segundo de primaria, abarcará desde el conocimiento del cuerpo hasta el hecho del nacimiento del bebé estará persistentemente arropado con indicaciones de la libre aceptación de la propia sexualidad y del conocimiento y respeto de la otra persona. Del afecto entre la pareja y de su proyecto común para formar una familia; de la alegría, ilusión, responsabilidad y sacrificio ante el nacimiento de los hijos, etc. Todo lo que se diga al respecto, es poco.

No se te escapa que el lenguaje que utilizarás, sin faltar a la verdad y a la exactitud de los términos, será el adecuado a la edad de tus alumnos.

Esta pedagogía, junto con lo expuesto en las treinta y dos colaboraciones anteriores y lo que tú, maestro, aportes por tu parte, facilitará a tus alumnos una calidad educativa y personal destacable y notoria.

A algún que otro maestro le ha llegado, más de una vez, el comentario elogioso de algunos compañeros que percibían en los alumnos algo así como una madurez, nobleza, alegría y comportamiento inhabituales dentro y fuera del aula. Con seis y siete años.

Pues eso, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público. Ánimo.
 
Hasta la próxima, si ha lugar.
 
Saludos.

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