lunes, 10 de octubre de 2011

Entramos al aula

Recuerda, maestro novel: Primero de primaria de un colegio público…A ver si esta simple y sencilla aportación, que tendrás que mejorar, completar y adaptar, pudiera serte útil.

Si al llegar los alumnos a su aula el primer día pudieras sorprenderlos, mejor. ¿Cómo?

Por ejemplo, que ya estuviera escrito en la pizarra tu nombre y apellidos así como que allí se va a jugar, tener amigos, respetar y ayudar a los demás…y a aprender.

Es posible que algunos lo sepan leer. Pero no perdamos de vista la fila.

Indícales, con un tono de voz natural, pausado y relajado, que entren en el aula y se acomoden; bien libremente bien donde tú les indiques. Ya habrá tiempo para asignar a cada alumno su asiento en función de diversas circunstancias.

Ya están sentados, junto a sus mochilas, mirando a la pizarra…y mirándote a ti, “profe” y tutor. Estaría bien que pasaras entre las mesas y rozaras con la mano, levemente, la cabeza de cada uno. Mirándolos a la cara y casi sin hablar.

Te toca leer, no olvides lo del tono de voz, lo previamente escrito en la pizarra. También estaría bien, quizás mejor, que invitaras a los que supieran leer para que lo hicieran ellos.

Tendrás que explicitar para lo que se va al colegio. Si ellos participan, tono tranquilo y relajado, con intervenciones, mucho mejor.

Desde este primer día, y hasta final de curso, deben tener claro y asumir, que las calificaciones no son el objetivo de ir al colegio; lo entienda su familia, o no. Ya habrá ocasión de aclararlo y comprobar el enorme beneficio que aporta al aprendizaje y a la casi ausencia de ansiedad, sobre todo cada trimestre.

Si, además, tuvieras un poquito de habilidad para algún sencillo juego malabar, de equilibrio, etc. te garantizamos una admiración inicial favorable de tus alumnos.

También te serviría un pequeño truco, juego, interpretación musical con algún sencillo instrumento, canción, etc.

Y, eso sí, casi sin hablar y de forma muy relajada.

En estos  minutos iniciales de la primera clase podrías invitarlos a que cada uno diga, de pie frente a sus compañeros, su nombre y apellidos. Si alguno se resistiera: respeto, sin reproches ni insistencia.

Algo de dramatización, casi sin que se note, en todo lo que hemos indicado, ayudaría a cautivar a tus alumnos (criaturas de unos seis años, no hay que olvidarlo).

Ahora toca salir del aula. ¿Tan pronto, para qué? Lo veremos, si ha lugar, en próxima ocasión.

Saludos.

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