jueves, 2 de agosto de 2012

Mamá: Me tienes que hablar de “usted”, como el profe.

Lo previsible es que tengas escasísimas situaciones de falta de atención, indisciplina, alboroto, desorden,… como no sean las que tú, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, permitas de alguna manera en determinadas circunstancias.

Con las herramientas metodológicas y pedagógicas que venimos comentando desde hace algún tiempo, más las que tú añadas, tienes garantizado un discurrir diario de tu clase muy satisfactorio.

Si además quisieras rizar el rizo podrías utilizar el “usted/es” para dirigirte a tus alumnos, individual y colectivamente. Siempre con el tono de voz, etc. etc. ya indicados repetidamente en anteriores colaboraciones.

Como no se lo esperan se suelen quedar atrapados y algo desconcertados por la novedad del tratamiento inusual. Se consideran tratados como personas mayores dignas del mayor respeto. Y no van descaminados ya que deben asumir que como personas “menores” son dignas de todo respeto; y que deben, a su vez, tratar con respeto a los demás. Este tratamiento no supone distanciamiento de tu alumnado. Sigues estando en tu sitio como su maestro. Funciona.

No te estamos recomendando que habitualmente utilices el “usted” con tus alumnos de seis – siete años, sería algo llamativo. Y divertido, dentro de la seriedad que hay que preservar. Pero no lo descartes en ocasiones porque te podría ayudar a enderezar alguna que otra situación.

La “necesaria oposición” a las normas y autoridad que conlleva el proceso madurativo de los alumnos algo mayores no implica aceptar situaciones conflictivas en clase. Lo natural es evidenciar que algunos comportamientos están invadiendo la libertad y los derechos de los demás (maestro, compañeros,…) y que si no cesan no habrá más remedio que aplicar lo previsto para esos casos por el bien de todos.

Previamente debería haberse hablado en privado, con la mejor pedagogía, cercanía y afecto posibles, con el alumno en cuestión y, en su caso, con la familia. Sin olvidar la posible intervención del jefe de estudios o director. Hay que tener mucho cuidado.

El cuidado al que nos referíamos en el párrafo anterior tiene que ver con decir delante de toda la clase, dirigiéndote en concreto a algún/os alumno/s, cierto tipo de interpretación psicológica que pudiera haber tras determinadas conductas conflictivas.

Aunque fuera verdad se podría hacer un daño poco reparable al alumno: necesidad de llamar la atención, ganas de hacer daño ya que a él se lo pueden estar haciendo en su ámbito familiar, forma de destacar ya que su rendimiento académico y conducta no son ejemplares, instinto de dominación y abuso por ciertas situaciones traumáticas pasadas, para compensar ciertos complejos, carencias afectivas varias, pedir a la clase que no se ría del provocador, etc. etc. Y, no digamos, si es como reacción a las malas artes pedagógicas de algún maestro, que de todo puede ocurrir.

Mejor, eludir ciertas psicologías. Además, los colegios cuentan con docentes especializados. Eso sí, el problema o problemilla hay que solucionarlo o paliarlo.

En primero y segundo de primaria hay que estar vigilantes, hasta en todos los recreos como ya te recomendamos hace mucho tiempo, porque pudiera haber algún alumno, a pesar de tu buen hacer, que apunte maneras. Tu buena influencia, que intenta fortalecerlos y protegerlos, no es la única que reciben. Están la familia, amigos, camarillas o pandillas, vecinos, medios de comunicación, otros maestros,…

El solazarse ahora por las orillas no impide reflexionar en estas cosillas.

Saludos.

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