lunes, 5 de diciembre de 2011

¡Profe, qué guay! ¡Me he puesto como una sopa!

Continuamos con algunas situaciones que pueden darse durante el tiempo del recreo y que creemos que sería mejor evitarlas.

Distraerse con otros compañeros o salir al patio con retraso, una vez haya sonado la sirena para entrar del recreo, mientras sus alumnos (y otros que pudiera haber por allí) diversifican sus actividades: unos entran solos al interior del colegio, otros medio forman la fila, algunos revolotean por allí empujando y persiguiéndose, otros siguen jugando por el patio con una pelota y a pecho descubierto…

Y tiempo hubo en el que, si nadie lo impedía, se prolongaba el tiempo de recreo más de la cuenta o, incluso, se tenían dos tiempos de recreo cuando lo preceptivo era uno. Esto ya no suele ocurrir.

Mientras ocurren algunas de las situaciones que hemos expuesto en el patio de recreo es posible que algunos alumnos, sin vigilancia alguna, trepen a las ventanas o a la valla, entren solos al interior del colegio,  se pongan cabeza abajo aferrándose a los mástiles de las banderas, suban (o lo intenten) hasta las canastas de baloncesto o travesaño de las porterías, etc. Si ocurriese algún percance… ¿qué cara ponemos?, ¿decimos que estábamos en el patio?

Estamos de acuerdo en que el patio de recreo y el colegio no forman parte de una cárcel ni los alumnos son peligrosísimos delincuentes. Pero, dadas las circunstancias de la infancia, nos parece que toda precaución es poca. Han ocurrido desgracias…

Cuando suena la sirena para entrar del recreo se puede dar esta peligrosa circunstancia: Muchos alumnos acuden, al galope tendido, a sus lugares asignados del patio para formar la fila (o no). En esa desenfrenada carrera  pueden ser arrollados alumnos pequeños por otros de cierta envergadura y peso. Puede que lo dicho no tenga fácil solución. 

Empieza a chispear.

A muchos alumnos les encanta seguir en el patio mientras se van empapando, algunos hasta se ufanan de estarlo más que otros. Son así.

A veces, no es frecuente, algún maestro no reacciona con prontitud y, sin considerarlo mucho, permite, mientras cae un diluvio o escampa, que los alumnos que quieran sigan por el patio jugando bajo la lluvia. Hay dos alternativas: recogerlos en el aula el tiempo que falte de recreo o dejarlos varios minutos más remojándose…Luego es posible que en los días posteriores pudiera tener en la clase algún que otro alumno de menos debido a los enfriamientos.

No pretendemos, maestro novel de primero de primaria de un colegio público, ir de modelo en esta apasionante y sorprendente profesión. Lo que aportamos es con la intención de evitar, en lo posible y si lo consideras, el posible  fracaso docente. De nada.

Saludos.

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