martes, 11 de diciembre de 2012

Profe, los/as niños/as se fijan en mí.

Al principio de curso deberías sorprender a tus alumnos expresando ante ellos, de manera desenfadada, lo contento que estás contigo mismo y con tus “peculiaridades”. Alguna peculiaridad tendrás, como todos: barriga prominente, nariz aguileña, orejas de soplillo, calvicie, gafas,…

Conviene que, de vez en cuando, vayas sacando a un alumno según el orden de la lista y que, ante sus compañeros, y como si estuviera delante de un espejo o el cristal de una ventana, expresase con gracia y expresiones espontáneas, sinceridad y entusiasmo lo satisfecho y contento que se encuentra con su persona: su físico incluido posibles aspectos más o menos poco agraciados (nariz, orejas, gordura,…), sus capacidades incluidas las carencias o dificultades ( en matemáticas, música, lenguaje, expresión, fútbol,…), etc.

Creemos que con la debida prudencia y tacto, y sin caer en frivolidades ni fomentar inferioridades o superioridades, es positivo este tipo de actuaciones que deberá conducir a la propia aceptación y estima personal, y a la aceptación, estima y respeto de los demás.

Si algún alumno presentara una carencia física o de otro tipo que lo pudiera limitar severamente en el colegio, y en la vida, habrá que extremar la prudencia a la hora de llevar a cabo lo indicado anteriormente. Incluso habría que plantearse la conveniencia de realizar estas actuaciones en presencia de dicho alumno para evitar herir sentimientos.

También sería conveniente que, ya que tratamos de estos aspectos, planteáramos con objetividad no exenta de crítica la desmedida obsesión y preocupación de algunas personas por ofrecer una imagen y físico insuperables. Y de los riesgos que conlleva.

Convendría que suavizaras y tamizaras, sin faltar a la verdad, el tema de la anorexia, operaciones e implantes variados, depresión, etc.

Al mismo tiempo les indicarás que, dentro de unos límites razonables y prudentes, cuidar y mejorar nuestro cuerpo así como nuestra salud es algo necesario y que la mayoría realizamos por sentido común, y con gusto.

No olvides, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, que estamos hablando de niños de seis-siete años. Así pues, tienes que adaptarte a ellos en el lenguaje, no dramatizar demasiado, ser prudente, no traumatizarlos ni infantilizarlos…e incorporar cierta simpatía y humor, si procede, en lo que expongas para que los valores que deseas reciban sean aceptados y los ayuden en su progreso personal y convivencia.

Un día les dices a tus alumnos que tú siempre fuiste, para tus padres, el hijo más guapo del mundo entero. Y que para todos los padres sus hijos son los más guapos. Sin discusión.

Aunque no te lo digan, todos tus alumnos “saben” y aceptan que fulanito/a es el más guapo/a de la clase. Aprovecha esa realidad para abordar, siempre con simpatía y algo de humor, las circunstancias y valores que sí hacen a las personas realmente bellas y fiables. Y que los rasgos agraciados de la cara son eso, rasgos duraderos un tiempo. Y que quien los tenga debe estar contento…y que los disfrute.

Se oye el bullicio de este nuevo curso ya bastante iniciado. Suerte y, también, que lo disfrutes.

Hasta la próxima, si ha lugar.
Saludos.

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