martes, 11 de diciembre de 2012

Profe, ¿me puedes ayudar?

Es muy difícil erradicarlo.

Lo del acoso escolar, diversas causas posibles y negativos efectos duraderos comprobados en la persona, en su sociabilidad y en su rendimiento en el trabajo, está ya más que debatido y analizado  por los que entienden. Nos hemos referido a ello de forma algo tangencial en alguna colaboración anterior, creemos.

Lo que hemos venido haciendo, con la mejor de las intenciones y dentro de nuestras capacidades, ha sido tratar de que no se oculten los hechos, prevenir estas situaciones, fortalecer a los alumnos en su propia estima y respeto, indicar posibles pautas de actuación eficaces y alentar siempre la comunicación de los alumnos afectados con su familia y su maestro.

Cuando tú, maestro novel de un curso de primero de primaria de un colegio público, inicies y mantengas con tus alumnos desde el primer día cercanía, confianza, afecto y comunicación tendrás casi garantizado que cualquier alumno que pudiera sufrir algún tipo de acoso te lo comunicará.

Previamente, cuéntales casos conocidos o sufridos por ti de acoso escolar.

Utiliza el lenguaje adecuado a la corta edad de tus alumnos y sé prudente en la exposición. Saca consecuencias de los hechos mediante el correspondiente coloquio.

Y algo más: En la colaboración nº 42, “¡Pelea, pelea!”, insistimos en la conveniencia de realizar sencillas dramatizaciones en clase no exentas de cierto humor o ridículo que evidenciaran situaciones escolares de violencia verbal o física. Se extraerían conclusiones de todo tipo para prevenir y fortalecer a tus alumnos, y para encauzar positivamente dichas situaciones.

Estas breves dramatizaciones dentro del aula, preventivas y coloquiales, deberías ampliarlas para que tus alumnos conozcan sutiles formas de acoso (camarillas, risas malintencionadas, burlas, ironías, envidias, aislamiento, empujones o pataditas siempre al mismo, amenazas veladas, exigencias para que comparta o regale su material escolar y bocadillo, prohibición para que comunique al maestro algo que otros hayan hecho y que sea sancionable,…y hasta incipientes e infantiles muestras de  violencia de género) que se pueden dar en la escuela y fuera de ella: Porque un niño parecía tímido, débil o cobarde; porque, de alguna manera, destacaba en clase o en el patio; porque tenía algún
kilo de más; por la condición social de su familia; por su forma de hablar o jugar; porque les venía bien dudar de su identidad sexual; o, sencillamente, porque es la costumbre y muchos niños lo hacen…

Quede claro que los niños tienen que jugar y relacionarse de forma libre y espontánea. Esto conlleva siempre algún que otro empujón, golpe, broma, insulto de poca monta, enemistad pasajera, etc. Y conviene que sea así y no habría que darle mayor o menor importancia. Lo del acoso es otra cosa mucho más seria. No confundir.

No solo debemos poner el punto de mira en el alumno acosado. El alumno con perfiles de acosador e/o inquietantes conductas antisociales también necesita, y de qué manera, nuestra intervención humana y profesional para reconducir una tendencia que también lo hará sufrir y que le privará de una convivencia satisfactoria.

Los indicios que avisan de que un alumno puede ser un acosador o estar acosado los puedes encontrar fácilmente. No entramos en detallarlos.

Ya lo dijimos en anteriores colaboraciones: No pierdas de vista a tus alumnos.


Y eso implica conocer sus amigos más habituales, sus reacciones ante los contratiempos, su forma de relacionarse con los demás, su participación en actividades colectivas, si hay algún/os alumno/s que lo estén marginando o acosando,…y no ausentarte, sin necesidad, ni del aula, ni de la puerta de los servicios ni del patio de recreo. Y, recuerda, lo de estar en el patio de recreo todos los días no consiste en “estar”. Ya lo comentamos hace tiempo.

También es más que sabido: Intensifica la comunicación con la familia de tus alumnos, desde la primera reunión colectiva hasta las horas de tutoría (siempre con la presencia del alumno) durante todo el curso, para prevenir los distintos aspectos que puede revestir el acoso escolar tanto en el alumno acosado como en el acosador.

Ningún alumno acosado debería sentirse solo ante una situación que le puede sobrepasar y provocar un trauma y dolor poco soportables. Y de consecuencias, a veces, trágicas. Tienes que conseguir, al menos, que todos tus alumnos, acosados o no, sepan que siempre contarán contigo y con sus familias para poder compartir alegrías, tristezas, preocupaciones, ilusiones, etc.

Más de una vez algún alumno, ya de un curso superior, acudió a su maestro de primero de primaria ante el acoso que sufría por parte de otros niños. De eso se trata.

Hasta la próxima, si ha lugar.

Saludos.

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